La Sala Verde de los Teatros del Canal de Madrid acogió el pasado 30 de abril el estreno en España de la versión de Medea de Eurípides, con dirección de Declan Donnellan. La producción, a cargo de Cheek by Jowl y el Ivan Vazov National Theatre de Bulgaria, se presentó en búlgaro con sobretítulos en español y contó con un reparto encabezado por Radina Kardzhilova y Velislav Pavlov.
La tragedia de Eurípides sitúa en el foco a Medea, mujer, extranjera y poderosa por sus conocimientos mágicos. Traicionada por Jasón, que decide unir su futuro al de la hija del rey Creonte, Medea, humillada y sola, decide ser dueña de su destino, aunque eso suponga el mayor de los sacrificios. La tragedia despliega así un conflicto marcado por el desarraigo y el deseo de venganza, el poder y la exclusión, la razón y la pasión. Medea pudo disfrutarse en la Sala Verde de los Teatros del Canal del 30 de abril al 3 de mayo de 2026.
Crítica de 'Medea'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Medea
Título original: Medea
Reparto:
Radina Kardzhilova
Velislav Pavlov
Valentin Ganev
Asen Dankov
Yavor Valkanov
Stelian Radev
Vyara Tabakova
Radena Valkanova
Joreta Nikolova
Stafania Koleva
Elena Ivanova
Nadya Keranova
Ana Papadopolu
Nikola Sarzhev y Petar Sardzhev (niños)
Año: 2026
Duración: 60 min.
País: Bulgaria
Director: Declan Donnellan
Diseñador: Nick Ormerod
Traducción de griego a inglés: Lucinda Dawkins
Traducción de griego a búlgaro: Dorothea Tabakova
Consultora de dramaturgia: Mira Todorova
Director de movimientos: Rosen Mihailov
Compositor: Julián Stoichkov
Diseñador de iluminación: Ilya Pashnin
Asistente del director: Rafael Bizev
Segundos asistentes del director: Elena Kostova, Meglena Dimitrova
Cheek by Jowl producer: Anya Kolesnikova
Sinopsis
El nombre de Medea puede evocar la imagen de un monstruo asesino y aullante de la antigüedad. Pero Eurípides nos acerca incómodamente a la experiencia de Medea. Su Medea es una mujer muy real que se enfrenta a lo que para ella parece un predicamento intolerable. Teme enfrentarse a una humillación total, que para ella equivale a la aniquilación. Su solución es extrema, pero no inaudita en el mundo actual. Pensamos que lo que hace es excesivamente emocional e irracional, pero en realidad el atroz acto es el resultado de la aplicación de una lógica estricta. Quizás esta sea una advertencia oportuna para nuestro mundo, cada vez más obsesionado, como está, con algoritmos de eficiencia e inteligencia artificial, solo para aferrarnos a nuestra sensatez y decencia ordinaria a toda costa. La lógica es buena sirvienta, pero mala señora.
¿Qué puede llevar a un ser humano a cometer la mayor de las atrocidades?
Muchísimo antes de Hannibal Lecter o Dexter, Eurípides ya exploró en la Atenas del siglo V a.C. la psique del monstruo. Entonces, cuando la mayor perfección era ser hombre, griego y libre, un personaje como Medea, mujer, extranjera y marginada, era una aberración capaz de lo peor, una voz desafiante, extrema y peligrosa. Frente al modelo heroico, Eurípides elige un personaje atravesado por la contradicción. El pensamiento sofista comenzaba a cuestionar los valores tradicionales y es ahí donde nos lleva Eurípides. Su Medea no está loca. Piensa con una mente clarísima y sus razonamientos la conducen a cometer el más horrendo de los crímenes: el asesinato de sus propios hijos. La comprendemos y, por eso, nos horrorizamos.
Releer a los clásicos
Para Declan Donnellan, cuya trayectoria está marcada por la relectura de los grandes textos clásicos, como Edipo, Hamlet o La vida es sueño, la Medea de Eurípides le ofrece un material especialmente fértil para su método de dirección, centrado en la acción y en la psicología de los personajes. El conflicto surge de impulsos humanos, como el dolor por el abandono, la humillación y la venganza. Para ello, depura el texto de Eurípides de todo cuanto lo aleje de la acción presente y de la experiencia emocional inmediata.
Del mismo modo, depura también la puesta en escena con un montaje que refuerza la dimensión íntima del conflicto. Tan solo una plataforma de madera de apenas dos por dos en medio de la Sala Verde desnuda. Sobre ella Medea, baila, sola, con Jasón, con sus hijos. Ella marca el ritmo de su historia. Los espectadores somos libres de estar de pie, de movernos en torno al escenario, de sentarnos en el suelo. Los personajes se mezclan con nosotros, nos interpelan. Somos parte de la acción. Decidimos dónde mirar y a quién escuchar. No existe distancia de seguridad desde donde contemplar sin riesgo. Porque es Medea quien dirige la orquesta y nos enreda con su retórica. De ahí no se puede salir ileso.
La Medea de Radina Kardzhilova
El trabajo actoral del elenco es muy físico y preciso. Radina Kardzhilova destaca por una presencia escénica de una intensidad abrumadora. Frágil y amenazante, no necesitamos entender sus palabras para comprender lo que está en juego para ella en cada instante, hasta la apoteósica y desgarradora escena final. Kardzhilova compensa así la posible limitación derivada de la cortísima duración del montaje, de apenas sesenta minutos, y de la lectura más intelectualizada que visceral del material original.
Conclusión de 'Medea'
La Medea de Declan Donnellan se nos presenta depurada hasta su núcleo, con una protagonista interpretada por Radina Kardzhilova que sostiene el conflicto con una intensidad física abrumadora. La cercanía física y la desnudez escénica colocan la tragedia en un presente atemporal, que exige una implicación activa del espectador y hacen de esta Medea una experiencia incómoda y emocionalmente sin escapatoria.
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