El afamado es periodista francés François Mauriac, ganador del Nobel de Literatura en 1952, dijo: “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente”. Tres años después de ‘Allanamiento de morada’, Mario Tejedor regresa con una propuesta completamente diferente. Tras mostrar su habilidad para la comedia de salón y de enredo, ahora prueba suerte con la ciencia ficción con Memento Amare, que puede disfrutarse en el Teatro Soho Madrid, así como en el teatro La Escalera de Jacob hasta el 20 de junio.



Memento Amare

Crítica de 'Memento Amare'

Ficha Técnica

Título: Memento Amare
Título original: Memento Amare

Reparto:
Zuri Basualdo
Jaime Macanás
Nagore Almaraz

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Mario Tejedor
Dramaturgia: Mario Tejedor
Producción: El elefante y la serpiente

Sinopsis de 'Memento Amare'

Memento Amare nos lleva al año 2300, la humanidad ha vencido al envejecimiento: los seres humanos ya no mueren de forma natural. Solo existen dos maneras de morir: sufrir un accidente extremadamente grave o ingerir dos pastillas que provocan la muerte en diez minutos. En este mundo viven Mara y Rodrigo, una pareja que se quiere profundamente y que lleva 74 años casada y más de un siglo juntos. El día que Rodrigo cumple 230 años, ambos comienzan una conversación sobre la inmortalidad y cómo ha cambiado la sociedad. Pero sus puntos de vista son muy distintos y el diálogo va subiendo de tono, hasta que Rodrigo confiesa lo que lleva tiempo pensando: Quiere morir. (LA ESCALERA DE JACOB). 



Memento Amare
Foto de "Memento Amare"

La elección de vivir

Ambientada en el año 2300, la pieza muestra un futuro en el que el ser humano ha logrado, a la praxis, la inmortalidad. Las personas viven siglos, con la apariencia de treintañeros. La trama se centra en una pareja de ancianos de más de 200 años, cuando él, Rodrigó, acaba de cumplir 230 años de edad.

En apariencia idílico, con la humanidad realizando viajes a planetas como Júpiter o Saturno para pasar las vacaciones o instalándose a vivir en la Luna. Sin embargo, la obra plantea una incómoda pregunta: ¿qué sucede cuando se le despoja al humano de su natural ciclo de vida y la muerte se convierte en algo opcional?

Un interrogante que planea a lo largo de toda la obra, en la que Tejedor, autor y director de la pieza, utiliza el género de la ciencia ficción para realizar una reflexión sobre las consecuencias de buscar la juventud eterna y la inmortalidad, dos de las ansias del ser humano casi desde su concepción.

Tejedor es inteligente a la hora de plasmar un escenario aséptico, el domicilio del matrimonio, en el que la IA realiza prácticamente todas las tareas del hogar, como el mantenimiento de la limpieza o la organización de un evento como un cumpleaños. Todo parece ideal entre Rodrigo, encarnado por Jaime Macanás, y Mara, interpretada por Zuri Basualdo. Pero bajo esa felicidad, se esconde el hastío por vivir eternamente. Es ahí donde surge la sombra del deseo de lanzar el último suspiro.

El elefante y la serpiente
Foto de "Memento Amare"

El conflicto del deseo

La obra consigue transmitir una orgánica sensación de normalidad costumbrista, con una primera parte en la que el matrimonio conversa sobre temas cotidianos, que saben situar al público en ese siglo XXIV. En esa línea, Tejedor plasma cómo la muerte ha pasado a ser una opción en la vida, en una elección burocrática similar a la de sacar el empadronamiento.

No obstante, sí que se muestra que, a pesar de que el deceso natural y el envejecimiento han sido erradicados, el ser humano sigue siendo frágil a la exposición de la propia naturaleza en forma de accidentes y desastres naturales. De la misma manera, Tejedor retrata cómo en el siglo XXIV la desigualdad persiste en esa búsqueda de la inmortalidad, dado que no todo el mundo tiene acceso a ella. Por otro lado, se señala que el no morir de manera natural ha provocado una esterilización masiva de aquellos que no quieren dejar la vida.

Tejedor crea un universo que atrae, aunque sólo sea nombrado a través de esas conversaciones de hogar. Sentir que se está en una pequeña parcela de ese futuro inmortal es uno de los grandes logros de la obra. Bajo esas conversaciones, se siente cómo es realmente vivir en un mundo donde el ciclo de la vida se ha roto, donde se es eternamente joven.

Lejos de verlo como una bendición, Tejedor plantea cómo el peso del paso del tiempo sigue siendo inherente en el humano. De cómo vivir siglos y siglos no se ve reflejado en el cuerpo, sino en el alma. Es ahí donde centra su conflicto, cuando Rodrigo expresa el deseo de morir, de ver qué hay tras ese limbo en el que se ha convertido vivir.

El elefante y la serpiente
Foto de "Memento Amare"

Limbo atemporal

Tejedor sabe explorar ese planteamiento lejos de los clásicos tropos sobre el suicidio, gracias a que el contexto de ciencia ficción le permite ahondar en incómodas cuestiones que pueden tocar al presente: como el debate ético sobre la propiedad de la vida de uno mismo o el egoísmo implícito que existe cuando se busca retener a alguien en contra de su voluntad.

Preguntas que Tejedor plantea y que sabe no darle respuesta, dejando esa labor para el público. El dramaturgo sabe crear un espacio de intimidad conyugal dentro de la premisa. Un logro que se consigue gracias a la química entre Zuri Basualdo y Jaime Macanás. Ambos logran transmitir la difícil sensación de ser una pareja que lleva siglos junta, a pesar de aparentar ser unos treintañeros.

Macanás se mete en la piel de un hombre que se siente consumido y cansado de la continua repetición de acciones. Durante más de un siglo, ha tenido las mismas rutinas, una reiteración vital que ha terminado lastrándole. Mientras que el intérprete murciano refleja la cara amarga de vivir eternamente, la actriz bilbaína ofrece la réplica ideal en este drama conyugal. Ella vive cómodamente en ese limbo atemporal.

El quiebre que provoca el deseo de morir de Rodrigo provoca que la pareja transite en una discusión pasar de la perplejidad a la ira, frente al respeto que otorga la decisión ajena. En medio de este dilema matrimonial, digno de un discusión bergmaniana, entra en escen Nagore Almaraz, como el personaje de Ruth, ofreciendo un contrapunto que sirve para destensar parte del drama que se vive en esa casa.

El minimalismo de la puesta en escena no sólo centra el foco en los diálogos, sino también en ese futuro aparentemente idílico (y con tintes de ‘Un mundo feliz’ de Aldous Huxley) que termina resultando una jaula de oro existencial. Con ese planteamiento, Tejedor da un paso más solemne en su carrera, mostrando una versatilidad admirable a la hora de abarcar distintos géneros en su carrera.

Mario Tejedor
Foto de "Memento Amare"

Conclusión

Memento Amare es una pieza que bien podría ser la respuesta a la fascinante ‘Vendrán los alienígenas y tendrás tus ojos’ de María Velasco. Porque recordar que hay que amar, significa también que hay que recordar vivir, pero también morir.

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