Miriam Vázquez ha sido la encargada de adaptar y traducir la obra «Stop Kiss», de Diana Son, bajo el título de No más besos. En 1998 se estrenó la obra original en el The Public Theatre de Nueva York. La pieza ganó varios galardones, entre los que destacan el GLAAD MEDIA AWARD a la mejor producción en Nueva York. Protagonizada por la propia Vázquez, junto a Patricia Garó, las cuáles se ponen a las órdenes de Óscar Olmeda. Actualmente se puede disfrutar de esta obra hasta el próximo 27 de marzo de 2020 en la sala Lola Membrives en el Teatro Lara.



No más besos

Crítica de ‘No más besos’

Ficha Técnica

Título: No más besos
Título original: Stop Kiss

Reparto:
Patricia Garó (Callie)
Miriam Vázquez (Sarah)
Óscar Olmeda / José Vicente (Detective Cole)
Jorge San José (George)
Rubén Riera (Peter)
Ángela Porras (Señora Winsley/Enfermera)

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Óscar Olmeda
Adaptación: Miriam Vázquez
Escenografía: NUT [arte+escenografía]
Diseño de iluminación: Adrián Ortega
Fotografía y Diseño gráfico: Javier Santos, Mari Solis y Lucía Rueda
Maquillaje y Peluquería: Sara Kaiser
Género: Ciencia ficción
Producción: Esfera Ocho Producciones

Tráiler de ‘No más besos’

Sinopsis de ‘No más besos’

No más besos llega al Teatro Lara el 10 de septiembre para hablar de muchos temas más allá de la tolerancia y la identidad sexual.

No más besos es un auténtico viaje emocional; una historia dulce y llena de aprendizaje que trata muchos temas como el amor, la tolerancia o el deseo por alcanzar nuevas metas.

La obra cuenta la historia de Callie (Patricia Garó) y Sara (Miriam Vázquez) quienes se conocen y se enamoran inesperadamente en la ciudad de Nueva York. Todo comienza como un cuadro de soledad, de aquella soledad que viven los seres humanos en las grandes ciudades pese a estar rodeados constantemente.

Poco a poco, ambas se sienten de manera inesperada, fuertemente atraídas la una por la otra, y comienzan a vivir un amor diferente, tal vez empujadas por sus respectivas situaciones. La atracción va ocurriendo entre ellas con la incertidumbre y la inocencia de un primer amor… Pero su primer beso provocará un suceso trágico que cambiará sus vidas para siempre. (ESFERA OCHO PRODUCCIONES).



No más besos
Foto de Esfera Ocho Producciones

La sutileza del sentimiento

Diana Son es la autora original del texto de No más besos, que responde al nombre de “Stop Kiss” en el texto primigenio. La versión española, de Miriam Vázquez, rescata la historia de Callie y Sarah de 1998, aunque parece que, tristemente, no han pasado los años por ella. El libreto explora la relación entre estas dos mujeres desde una vertiente muy humana y sentimental. Se aleja de los clichés en la personalidad de las dos protagonistas y expone un retrato cercano, sin caer en el dramatismo puro y duro y tampoco yéndose hacia la comedia irreverente. Por lo cual, sigue una línea narrativa ligera, pero que a lo largo del desarrollo de la trama, se van dando matices, que terminan por explorar y exponer ciertas cuestiones que son de vital importancia en la sociedad actual.

No es una historia de amor al uso, ni siquiera podría tildarse como un recorrido sobre un noviazgo. Es una obra teatral que va más allá de cierta reivindicación del colectivo LGBTQ, dado que da visibilidad y normalización realizando un esquema en el que no influyen ni el género ni la orientación sexual. Es una pieza que habla del amor sin necesidad de verse influenciado por la condición de las personas que lo sienten. A través de una estructura heterogénea, el guion analiza la repercusión de un suceso traumático en el que todos los implicados tienen algo que decir. Se realiza desde un análisis introspectivo, que hace que el espectador sea capaz de conectar con lo que está ocurriendo sobre el escenario. Tiene una calidez y espontaneidad, que crea una identificación inmediata en los asistentes, con la conclusión de que podría ocurrirle a cualquier conocido, incluyéndose a sí mismos.

Foto de Esfera Ocho Producciones

La intimidad del silencio

Patricia Garó y Miriam Vázquez son las actrices principales de No más besos. Las intérpretes se meten en la piel de Callie y Sarah, respectivamente. Garó tiene un carácter risueño que transmite en todo momento sobre el escenario, a la par que sabe utilizar el lenguaje no verbal para mostrar la inseguridad que recorre la mente de Callie. La fragilidad se combina con la confusión, lo que hace que se vea la gran calidad de su trabajo interpretativo en los pequeños detalles. Maneja a la perfección el espacio y los tiempos, además de tener una proyección de voz con personalidad. Realiza una evolución escénica importante, por lo que sabe mantener la intensidad durante los momentos que lo requieren, pudiendo controlar el sentimiento de forma casi automática si así lo necesita la escena. Una versatilidad excelsa.

Por su lado, Vázquez tiene esa luz que consigue que el espectador simpatice desde el principio con su personaje. Además, equilibra la confusión del personaje de Garó, dando una interpretación con paso firme, pero siempre con un hilo de sutileza. Al igual que su compañera, Vázquez utiliza a su favor la expresividad sin el uso del diálogo, lo que enseña esa inocencia, sin dejar apartada la valentía o la claridad. Ambas forma un combo ideal, en el que se puede ver la química entre ellas, lo que todavía ensalza más el resultado de la obra de teatro.

Luego, mención especial para Jorge San José, que tiene una naturalidad y un ‘swing’ escénico muy disfrutable. Por su parte, Ángela Porras tiene vehemencia y da ese toque de formalidad sin severidad. Lo único que se podría mejorar son las interpretaciones de José Vicente y Rubén Riera, que no terminan por encontrarse.

Foto de Esfera Ocho Producciones

Welcome to New York

Ambientar una obra de teatro en una ciudad como Nueva York, estando en España, no es un reto tan fácil, dado que debe dar la verosimilitud que le exige el espacio. Por suerte, en No más besos sí se puede sentir ese “aroma neoyorkino” en el montaje realizado. El escenario cuenta con una puesta en escena aparentemente sencilla, pero que según se va descubriendo, se puede ver un desarrollo inteligente y efectivo. El eje central es el piso de Callie, en concreto, su salón. La selección de los componentes que configuran la personalidad del ambiente tiene una justificación creativa implícita. Al igual que los colores elegidos, que evocan a series como la mítica “Friends”. Lo mismo ocurre con la elección del vestuario de todos los personajes, que también sirve para dar información más íntima de cada uno de ellos.

El esquema utilizado, por la manera en la que está escrito el guion, en ciertas ocasiones puede llegar a ser algo reiterativo. Durante la primera parte del montaje no consigue el dinamismo que durante su nudo y desenlace sí logra. Tal vez por la manera en la que se ha estructurado, hay esa falta de arranque orgánico. Sin embargo, no es impedimento para sorprender al espectador según va transcurriendo la acción y emocionar durante el resto de la obra. Se puede decir perfectamente que, exceptuando el principio, se manejan muy bien las transiciones entre unas escenas y otras, dando una coreografía en constante movimiento y sin ralentizar lo que está ocurriendo. Por último, hay que subrayar el hábil empleo del equilibrio entre la tragedia con un uso moderado del humor sin quitarle importancia a lo que se está diciendo. Nunca pierde su personalidad.

No más besos
Foto de Esfera Ocho Producciones

Conclusión

No más besos es un retrato actual, cercano y que se desnuda en sentimiento. Se aleja de ser influenciado por los criterios de género u orientación sexual, para hacer una oda al amor desde una perspectiva natural y humana. Por lo cual, es un ejemplo de reivindicación necesaria, desde la visibilidad orgánica y normalización. Aborda temas que, tristemente, siguen siendo de actualidad y pone sobre la mesa la necesidad de mostrar que todavía hay mucho por lo que luchar.

Unas interpretaciones excelentes de Patricia Garó y Miriam Vázquez, las cuáles sostienen con brillantez el peso dramático y dan unas actuaciones soberbias. La puesta en escena está llena de matices y transporta al espectador a esa Nueva York de Diana Son. Transmite y hace un uso creativo de los componentes en escena. Un baile interrumpido por la falta de avance social en el que los gritos ahogados de las víctimas son escuchados.

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