París, Texas es una película lanzada en 1984, considerada una de las grandes obras de esa década y la cúspide de la carrera del talentoso director alemán Wim Wenders. La película ganadora de La Palma de Oro y el FIPRESCI en el Festival de Cannes de ese mismo año, nos cuenta la historia de un hombre que tras deambular sin rumbo por 4 años, se reencuentra con parte de su familia y siente la necesidad de resolver dudas de su pasado.



Paris, Texas poster

Crítica de París, Texas

Ficha Técnica

Título: Paris, Texas
Título original: París, Texas

Reparto:
Harry Dean Stanton (Travis Henderson)
Nastassja Kinski (Jane Henderson)
Dean Stockwell (Walt Henderson)
Aurore Clément (Anne Henderson)
Hunter Carson (Hunter Henderson)
Bernhard Wicki (Doctor Ulmer)

Año: 1984
Duración: 147 min.
País: Alemania del Oeste (RFA)
Director: Wim Wenders
Guion: Sam Shepard, L.M. Kit Carson y Walter Donohue
Fotografía: Robby Müller
Música: Ry Cooder
Género: Drama
Distribuidor: Musidora Films

Filmaffinity

IMDb

Tráiler en versión original con subtítulos en español

Donde comprar la película

Sinopsis

Un hombre camina por el desierto, a la deriva. Al llegar a la urbe cae exhausto. No sabemos nada de él excepto que ha iniciado una travesía hacia ninguna parte en busca de su hijo y su mujer. (Sensacine)

Premios

  • Cannes: Palma de Oro, Premio del Jurado Ecuménico, FIPRESCI. 1984
  • Nominada al Globo de Oro: Mejor película extranjera. 1984
  • BAFTA: Mejor director. Nominada a Película, Guión adaptado y Música. 1984
  • Premios César: Nominada a Mejor película extranjera. 1984
  • David di Donatello: Premio René Clair (consenso del público). 1984
  • Premios del cine Alemán: 2ª mejor película. 1984
  • Asociación de Críticos de Los Angeles: Nominada a Mejor fotografía. 1984


Construir en silencio

“Soy un tipo duro” o “No hablo mucho” son frases que suelen acompañar a personajes estereotipados en cintas que carecen de profundización en el guion, la falta de ideas para presentar a los protagonistas a través de situaciones que involucren lenguaje en su forma no verbal, desata una disposición de la cinta a la obviedad absurda. Sería lindo que todo director/guionista decida intervenir en obras como la que hoy nos compete, un referente en la construcción de una persona y cómo describirla desde el lenguaje cinematográfico.

París, Texas cuenta una historia por demás curiosa, donde la conexión que establece público y protagonista es fundamental para aspirar a que el siguiente fotograma sea cuestión de interés. El vínculo se logra haciendo al público adoptar una posición de oyente silencioso ante un protagonista que no habla, la paradoja está ahí, pero el cine y su magia generan el anhelado efecto de atención. Wenders sabía exactamente lo que hacía cuando dejaba entrever un poco más de Travis en la pantalla, siempre lo suficiente para que siguiéramos prestando atención a sus movimientos y actos.

Paris, Texas

Paris, Texas y el camino

La reconciliación y el perdón se han escapado a Travis, huyendo –literalmente- de la confrontación con su sombra y situándose en la comodidad de esperar respuestas del camino, mientras se niega a prestar su voz, por miedo a influir negativamente en este proceso de aceptación y posterior redención, que él supone debe alcanzarse a través de la penitencia y deambular hacia un horizonte que no muestra señal alguna.

Conforme avanza la trama, el espectador irá desvelando una serie de sucesos que parten en una ambigüedad severa la mirada hacia Travis e incluso hacia la misma Paris, Texas. Hablamos de una suerte de caso de Dr. Jekyll y Mr. Hide, pero en un tiempo pretérito que, sin embargo, sigue sistematizando y ordenando los comportamientos de los personajes a través del trauma y la cicatriz emocional.

Esta revelación no puntual (es algo que se va cociendo, no que llega hecho) toma también al protagonista de la película para obligarlo a un cambio; tenemos un nuevo motor para continuar con París, Texas y el protagonista ha cambiado sus botas para apuntar en dirección a la búsqueda de un medio a través del camino. Travis ya no es más una piedra llevada por la corriente de un turbulento río de una claridad inexistente, ha evolucionado y busca algo en el horizonte: su pasado y un reencuentro.

Paris, Texas

No es una escena, es la escena

Si hay algo que cambiaría, sería jamás haber visto la más famosa de todas las escenas de Paris, Texas, así el impacto de un momento tan dramático, estilizado y excelentemente ejecutado habría podido ser muchísimo mayor. Sin embargo, me acerqué a la cinta de Wenders con una imagen preconcebida, la escena ya estaba en mi mente, mis ojos la deseaban y logró conmover, romper y reubicar muchos conceptos que había creado con respecto a la cinta.

Una escena organizada para que cada plano cuente la nueva relación planteada, con cada color examinando a sus protagonistas y cada reflejo bloqueando una  comunicación anhelada, pero desprovista de presente, angustiosamente fundamentada en un pasado nada brillante que termina por apagar las luces de una habitación que es testigo de la confesión más terrible.

Conclusión

Paris, Texas es una película absolutamente obligatoria en el camino cinéfilo de toda persona, e incluso en el camino general de vida de todas las personas, ya que es un relato que sin complejizarse demasiado, cuenta una historia cifrada a través de la quietud y el silencio de su protagonista. La escena por el final de la película marcó su nombre en la historia del séptimo arte y poco más se puede decir de una de las grandes obras de Wim Wenders.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí