La primera sensación con la que uno se ha quedado tras ver Ana y el apocalipsis es de grata sorpresa, ya que aporta una refrescante mirada sobre un subgénero como el zombie, muy manido pero con una envidiable capacidad de transmutadora. Sorprende aún más cuando se constata que su director, el escocés John McPhail, solo contaba con otro largometraje anterior en su filmografía, “Where Do We Go From Here?”, y varios cortos, aunque todos ellos cosecharon nominaciones y premios por diversos festivales; un bagaje aún escueto, pero del que ha salido un coctel tan atrevido y sólido como Ana y el apocalipsis.

Así pues, desde el 14 de diciembre,  se podrá contemplar en salas a su adolescente protagonista, Ana, interpretada por una enérgica Ella Hunt, sorteando a hordas de zombies a ritmo de pegadizas canciones e imaginativas coreografías para intentar sobrevivir al instituto y a  un apocalipsis muy navideño.



Ana y el apocalipsis

Crítica de Ana y el Apocalipsis

Ficha Técnica

Título: Ana y el apocalipsis
Título original: Anna and the Apocalypse

Reparto:
Ella Hunt (Anna)
Malcolm Cumming (John)
Sarah Swire (Steph)
Christopher Leveaux (Chris)
Ben Wiggins (Nick)
Marli Siu (Lisa)
Mark Benton (Tony)
Paul Kaye (Savage)
Ella Jarvis (Katie)
Calum Cormack (Santa)

Año: 2017
Duración: 92 min.
País: Reino Unido
Director: John McPhail
Guion: Alan McDonald, Ryan McHenry
Fotografía: Sara Deane
Música: Roddy Hart, Tommy Reilly
Género: Comedia. Terror
Distribuidor: Segarra Films

Tráiler

Sinopsis

Es la víspera de Navidad en la apacible localidad de Little Haven cuando se desata el apocalipsis zombi. Ana y sus amigos se verán obligados a luchar, aniquilar y cantar para seguir con vida y reunirse con sus seres queridos en el instituto local. Sin embargo, los que consiguen llegar descubren que los humanos pueden llegar a ser más terroríficos que los zombis… Con la civilización desmoronándose a su alrededor, solo podrán confiar los unos en los otros. (Segarra Films)



Primer ingrediente: un reparto entregado

Cualquier musical, sea cual sea su contexto temático, depende, en primer lugar, de una cosa: un reparto acertado. Se puede actuar bien, pero no saber cantar y bailar, se puede saber cantar y bailar, pero no actuar bien, pero saber hacerlo todo bien no está al alcance de todos, y en este caso el reparto de Ana y el apocalipsis no solo cumple, sino que lo hace con un entusiasmo contagioso.

Ana y el apocalipsis

Ella Hunt transmite la dosis justa de ilusión, tristeza y fiereza, construyendo un personaje al que se le coge cariño.  Lo mismo se podría decir del resto del reparto que interpretan al círculo de Ana del instituto, Malcolm Cumming, Sarah SwireChristopher LeveauxBen Wiggins, Marli Siu,  y unos más que correctos, Mark Benton, como padre, y Paul Kaye, como odioso e histriónico director. Todos los personajes gozan de su momento y se nota el cariño con el que han sido abordados.

Segundo ingrediente: letras pegadizas y coreografías imaginativas

Por bueno que sea un trabajo de casting, naufraga en cualquier musical si luego no convence precisamente el apartado… musical. Afortunadamente, no es el caso de Ana y el apocalipsis. De hecho, no es difícil que se salga del cine tarareando alguna canción y reprimiéndose para no echar a bailar. Las canciones y el montaje están bien escogidas y encajan perfectamente con la acción y el tono de la película. Las coreografías no se quedan atrás, integrando elementos propios del imaginario de instituto, la Navidad y del subgénero zombie.

Tercer ingrediente: un instituto y una pequeña comunidad

No es baladí el entorno estudiantil por excelencia en el imaginario cinéfilo. Podríamos establecer incluso un símil con la propia historia del cine y su evolución ante el resto de artes clásicas. En el instituto cristalizan como en ningún sitio las alegrías y las penas, las ilusiones y las angustias, los amores y los desamores de los adolescentes, atrapados aún en ese estadio intermedio entre la niñez y el mundo adulto, donde van forjando y definiendo su personalidad ante un mundo adulto que a menudo se les presenta hostil e intransigente. Asimismo, al enmarcarlo en una pequeña comunidad, esa sensación de anquilosamiento entre lo conocido y lo desconocido, se acentúa.

Ana y el apocalipsis

En ese particular entorno espacial se mueven pues los personajes de Ana y el apocalipsis. Los jóvenes ansían escapar de ese entorno opresivo, ver mundo, salirse del camino que les han trazado los adultos. Hasta aquí nada nuevo ¿verdad? Pero aquí se introduce la autoconsciencia de que en este mundo, apocalíptico o no, las cosas frecuentemente no salen como querríamos. El paralelismo con la entrada al mundo adulto, el cual acaba con buena parte del mundo de ilusiones juvenil cual pequeño y lento apocalipsis diario se antoja evidente. Este tono realista, amargo incluso, que no obstante convive perfectamente con la comedia, supone una ráfaga de aire fresco a una película que, desde la distancia, se podría tomar como un mero subproducto derivado de “High School Musical”.

Cuarto ingrediente: la Navidad

Si el entorno espacial es ya muy reconocible, no lo es menos el temporal: la Navidad. Unos de los periodos del año más rememorados en el imaginario colectivo; y que el cine ha abordado de diversas maneras: drama, comedia, romance, acción, terror… Toda la parafernalia navideña remueve en nosotros infinidad de recuerdos y referencias cinéfilas. En Ana y el apocalipsis sirve para acentuar aún más su espíritu transgresor en cuanto a adoptar un tono “antiDisney”. Créanme, no van a ser unas blancas navidades, sino más bien rojas.

Tampoco es que sea una novedad en sí misma, todo hay que decirlo; películas recientes como “Better Watch Out” del 2016 ya jugaban a subvertir el tema navideño,  por no hablar de clásicos como “Gremlins”, “La Jungla de Cristal”, “Pesadilla antes de Navidad” o “Noche de paz, noche de muerte”, entre otros. Pero creo que si lo es su añadidura a un cóctel que incluye musical y zombies.

Quinto ingrediente: zombies

El subgénero zombie contiene una fascinante contradicción: aparentemente su premisa no parece tener un largo recorrido (los zombies en cuanto a criaturas sobrenaturales, jamás han destacado por una personalidad compleja y arrolladora, un aspecto seductor o unos poderes vistosos), pero a lo largo de las décadas ha demostrado una capacidad de adaptación y permeabilidad a la mezcla con otros géneros digna de estudio.

Ana y el apocalipsis

Desde los zombies clásicos (y no carnívoros) de Jacques Torneur a los zombies contemporáneos de Romero, un servidor ya creía haber visto de todo: zombies lentos, zombies rápidos (a veces con el eufemismo de “infectados”), dramas y comedias zombies, películas narradas desde el punto de vista de un zombie, películas de época con zombies, romances adolescentes con zombie al estilo “Crepúsculo”, roadmovies, found footage, westerns, de animación, rednecks zombies, zombies nazis, zombies strippers, zombies en un avión, en un tren, en Mallorca, zombies con formato Gran Hermano, zombies con formato Cops… e, incluso, ¡castores zombies!! Pero he de admitir que su mezcla con un musical adolescente y la Navidad creo que es algo completamente inédito.

El tratamiento de los zombies aquí seria puramente el que estableció George A. Romero, es decir, lentos y carnívoros, pero dando preeminencia al tono humorístico y teniendo no pocos momentos de gore jocoso y gamberro que arrancarán más de una risa al respetable y que recordaran al que estableció Edward Wright en la también británica “Zombies party”.

Se agita bien la mezcla en la coctelera y obtenemos

Una película tan sorprendente como Ana y el apocalipsis. El hecho indiscutible de identificar fácilmente sus referentes más inmediatos, no debería simplificarlo en que se trata de una mezcla afortunada de “High School Musical“, Navidad y “Zombies party“. No, el resultado sin duda va más allá del popurrí genérico y referencial. Lo refrescante es que adopta un tono y personalidad propia, yendo sin miedo más allá de los clichés. No se dejen engañar por su brillante y chispeante envoltorio; esta no es una película de las que consigues todo lo que quieres y con un final de Hollywood.

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