Perdidos en París es la cuarta película dirigida por el matrimonio de Dominique Abel y Fiona Gordon. La pareja ha realizado también el guion y protagonizan el film junto a la actriz Emmanuelle Riva. Abel es conocido por haber participado en títulos como ‘El nuevo nuevo testamento’ y ‘Rumba’, en la cual también participó Gordon. Los dos trabajaron tanto en dirección, guion como protagónico al igual que en esta cinta. Con un estilo marcado, se alejan de lo conocido popularmente como «comedia francesa». En cines el 21 de diciembre en España.



‘Perdidos en París’

Perdidos en París

Ficha Técnica

Título: Perdidos en París
Título original: Paris pieds nus

Reparto:
Fiona Gordon (Fiona)
Dominique Abel (Dom)
Emmanuelle Riva (Martha)
Pierre Richard (Norman)
Philippe Martz (M. Martin)

Año: 2016
Duración: 83 min
País: Francia
Director: Fiona Gordon y Dominique Abel
Guion: Dominique Abel y Fiona Gordon
Fotografía: Claire Childeric y Jean-Christophe Leforestier
Género: Comedia
Distribuidora: Good Films

Filmaffinity

IMDb

Tráiler

Sinopsis

Fiona, una bibliotecaria de Canadá, llega a París para ayudar a su tía Martha, amenazada con ser internada en una residencia de ancianos. Fiona pierde su equipaje y además descubre que Martha ha desaparecido. Es el comienzo de una cadena de alocados enredos, que le harán cruzarse en el camino con Dom, un vagabundo egoísta y presumido, con quien surge un extraño encanto en la Ciudad de la Luz. (GOOD FILMS).



El homenaje a la comedia clásica

En un primer momento se puede pensar que Perdidos en París es una comedia francesa absurda, al estilo de ‘Alibi.com’, pero su envoltorio consigue sorprender según se ve el desarrollo del film. La construcción dentro del género del humor va más allá, con influencias muy claras de la comedia de los años 30. Se convierte en un homenaje soberbio a figuras tan importantes como Charles Chaplin y los hermanos Marx. Un cine influenciado que recuerda a cómo de una idea sencilla, se es capaz de llegar a la conexión con el público a través de las carcajadas y la risa.

Un regreso a la comedia clásica en la que los gags y lo inverosímil hacía de ella un acierto. El drama ironizado que se atribuye al cine francés no se encuentra en este film. La representación de París en este film es su esencia en sí: una ciudad de ensueño, que captura también por lo caótico y lo improvisado de su propio universo cosmopolita.

Perdidos en París

El toque dadaísta y los múltiples detalles artísticos hacen ver que las situaciones disparatadas van a encadenarse entre sí, junto con unos protagonistas caricaturescos que provocan simpatía en el público. La torpeza, la ingenuidad y la picaresca son algunos de los elementos que engrandecen el resultado, aderezados con un ritmo frenético y alocado que es un disfrute en su totalidad.

La dificultad de este tipo de humor hace que sea importante remarcar el buen hacer en el guion y una dirección coherente y bien trabajada. Han sabido marcar diferencia en un momento en que el séptimo arte ha dado síntomas de desgaste en varias ocasiones. Una muestra de cómo la renovación y la reinvención de lo ya existente puede ser original. Una coreografía de lo absurdo que seduce al público en su primer compás.

Lo maravilloso del sinsentido

Desde hace un tiempo se ha dado el lugar que merece a la comedia. Un género que ha sido denostado en la historia del cine. En Perdidos en París se encuentra la dificultad de dar sentido a lo irracional, crear un marco narrativo consistente para que no sea una absurdez sin base. La estructura temporal de la película es un homenaje al sinsentido pero no da un resultado irregular, sino al contrario, dibuja la seguridad de poder inducir al espectador a dejarse llevar en este universo pero con unas claves firmes y bien configuradas.

No se espera absolutamente nada de los acontecimientos que se pueden ver. Todo puede pasar. Es lo increíble del efecto sorpresa, de la incertidumbre fuera del suspense, hay una energía positiva que termina conquistando con un ambiente burlesco.

Perdidos en París

La creación de los personajes, que coincide con la división de la cinta en tres episodios, parten de darles una personalidad dibujada pero eficaz. Se otorga a tres personajes muy marcados: una canadiense torpe, un indigente oportunista y una jubilada molesta. Una fuerza descabellada que hace que sea fácil empatizar con sus imperfecciones. Lo que a primera vista podría parecer una “panda de desgraciados”, se transforman en la imagen perfecta del “amour fou”, un amor ilógico. Un mensaje que tiene una profundidad importante: nunca perder las ganas de comenzar una aventura por muchos obstáculos que haya en ella.

Por último, recalcar que la dirección artística y de fotografía se ensamblan con la puesta en escena. Los colores más parecidos a los de una tira de cómics, hacen que se acentúe esta intención de lo caricaturesco. La creación de espacios de una manera rimbombante son de destacar por el increíble trabajo que se ve detrás. Una especie de obra teatro extendida que es perfecta para esta película.

Un trío brillante

Emmanuelle Riva es la pieza fundamental de Perdidos en París. La actriz francesa demuestra porque es una de las damas de la industria europea y por qué cada interpretación suya hace que se valore más su trabajo artístico. La construcción de Martha no solamente hace que sea el personaje más histriónico y capaz de despertar las carcajadas en cada una de sus secuencias, sino que da una ternura que es el punto de emotividad necesario para un resultado más que notable.

La locura no tiene edad y en ello se refleja en el personaje de Riva. Ese pilla pilla en círculos acaba siendo liderado por Martha. Una muestra de calidad que vuelve a reafirmar que apostar por Riva, es hacerlo por caballo ganador. Por último, destacar la gran conexión que tiene con sus dos compañeros protagónicos: Dominique Abel y Fiona Gordon.

Perdidos en París

Abel y Gordon consiguen hacer traspasar el buen feeling entre ellos fuera de la pantalla a dentro de ella. El matrimonio artístico, y real, están hechos para la comedia. Su gestualidad, la utilización de su cuerpo, la poca vergüenza y una personalidad muy clara hacen que sean el dúo cómico perfecto para este film. No hay ningún momento en el que se les note forzados, sino que se manejan con naturalidad en lo disparatado.

Crean a través de sus interpretaciones la verosimilitud de sus personajes, consiguen convencer al público y sobre todo, empatizar con ellos. Se deshacen de su propia persona, para entrar de lleno en este universo creado por ellos mismos. Es cierto, que podría ser un aliciente que sean ellos mismos las cabezas principales de este proyecto, pero también es de aplaudir que se hayan dejado la piel, literalmente, en ella. Un trío interpretativo en alza que juntos, demuestran ser un gran plantel de la comedia.

Conclusión

Perdidos en París es un homenaje en toda regla del cine cómico de los años 30, con claras influencias de grandes figuras del género como Charles Chaplin y los hermanos Marx. Un equipo actoral in crescendo que termina con una finura excelsa. Mención especial de Emmanuelle Riva, se lleva la película de calle. Un guion lleno de gags con una buena dirección y una realización muy cuidada. La dirección artística y fotográfica acompaña a la acción con su esencia caricaturesca. Una oda al humor de antaño que hace que se recuerde el amor por la comedia de entonces.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí