Quiz, el escándalo de “¿Quien quiere ser millonario?” es una miniserie británica dirigida por el afamado Stephen Frears (Las amistades peligrosas, Alta fidelidad). Su argumento gira alrededor de un escándalo real relacionado con el conocido concurso televisivo. En el elenco destacan Matthew Macfayden (Succession, La guerra de las corrientes), Sian Clifford (Fleabag, Vanity fair) y Michael Sheen (Good omens, Passengers). La serie consta de 3 episodios de entre 45 y 55 minutos, y se puede ver en Movistar Series.



Quiz

Crítica de Quiz

Ficha Técnica

Título: Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario?
Título original: Quiz

Reparto:
Matthew Macfadyen (Charles Ingram)
Sian Clifford (Diana Ingram)
Mark Bonnar (Paul Smith)
Aisling Bea (Claudia Rosencrantz)
Elliot Levey (David Briggs)
Risteard Cooper (David Liddiment)
Trystan Gravelle (Adrian Pollock)
Michael Jibson (Tecwen Whittock)
Helen McCrory (Sonia Woodley QC)
Michael Sheen (Chris Tarrant)

Año: 2020
Duración: 147 min
País: Reino Unido
Director: Stephen Frears
Guion: James Graham, James Plaskett, Bob Woffinden
Fotografía: Hubert Taczanowski
Música: Murray Gold
Género: Drama
Distribuidor: Movistar

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Tráiler de Quiz

Sinopsis

Cuando el productor televisivo Paul Smith lo apuesta todo a poner en marcha un ambicioso concurso, una familia aficionada a los juegos de preguntas ve la oportunidad de aprovechar su particular obsesión para ganar un dinero extra. Después de varios intentos por parte de su cuñado y de su mujer, Charles, antiguo comandante del ejército británico y el más ajeno al popular formato, se convierte en la última esperanza de los Ingram.

Su primera noche es un desastre, pero, en su segundo intento, Charles se revela como un gran concursante y su renovada estrategia resulta ser tan sorprendente como exitosa. La audiencia permanece en vilo pegada al televisor mientras Charles escala hacia el premio definitivo, pero los productores de la cadena perciben una serie de detalles que les hacen sospechar de un posible fraude. (Movistar)

Donde se puede ver la miniserie



Beber y tener razón

Allá por 1997 la cadena británica ITV estrenó un nuevo programa televisivo que significaba una vuelta de tuerca a los clásicos concursos de preguntas: ¿Quién quiere ser millonario? La gracias del concurso no solamente era la posibilidad de ganar hasta un millón de libras, sino que utilizaba una eficaz y meditada puesta en escena de ambiente oscuro y solemne que enfatizaba la tensión creciente según el concursante se acercase al premio máximo. Además, los creadores del concurso ponen la base del mismo en los quiz, unos tradicionales juegos de preguntas y respuestas que tienen lugar en algunos pubs. Estos quiz, aseveran, se basan en dos de las cosas que más gustan a los ingleses: beber y tener razón.

Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario?”, no solamente muestra el extraordinario éxito del programa en su Reino Unido natal, y fuera de sus fronteras (recuerden la versión española con Carlos Sobera al frente). También traza un dibujo de la sociedad británica a través del colosal fenómeno de masas en que se convirtió el programa. No solo hablamos de la fiel audiencia que disciplinadamente escrutaba a diario ¿Quién quiere ser millonario?

La obsesión por el programa resultó ser tan aguda, que poco a poco se fueron formando redes de aficionados que empezaron a encontrar debilidades en el sistema de selección de concursantes, y otros ardides para concursar y ganar. Los protagonistas de Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario?”, son la familia Ingram. Su destino irá unido estrechamente a la historia del programa y a un sonadísimo escándalo.

Quiz
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Una familia enganchada

Los Ingram son una familia media británica, donde Charles (Matthew Macfayden) es un bonachón padre de familia que trabaja en el ejército. A diferencia de su mujer Diana (Sian Clifford) y de su cuñado Adrian (Trystan Gabelle), no tiene particular interés por los quiz o por ¿Quién quiere ser millonario? Estos dos últimos llevan a tal grado su obsesión por el concurso que llegan a bordear los límites de lo legal, y a entrar en contacto con El Sindicato, una red de fans del programa con un sistema para ser admitido en el mismo y concursar sin demasiado esfuerzo.

El primer episodio de Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario”? es una doble presentación. En primer lugar se nos presenta el concurso en sí, desde su estado germinal hasta su aspecto definitivo. De ese modo conoceremos a Paul Smith (Mark Bonnar), el que podríamos llamar el padre de la criatura, el creador. Resulta interesante como se plantea que la puesta en escena es esencial para el triunfo del concurso. Ambiente oscuro, largos silencios, primeros planos del concursante. En realidad el concurso funciona como un thriller.

También se nos presenta a la familia Ingram. Los adictos, ya decíamos, son Diana y Adrian. La serie nos deja una imagen de ellos medio seria, medio burlona. Convierten un concurso en el eje de sus vidas, aplican toda su inteligencia para desentrañar los secretos de ¿Quién quiere ser millonario?, pero ello muestra un patetismo que no solo viene dado por la mera adicción. Tanto Adrian como Diana parecen centrar toda su inteligencia en el concurso y se muestras un poco torpes, a veces algo patéticos, en los demás aspectos de la vida.

Quién quiere ser millonario
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Vamos a jugar

El segundo episodio de Quiz, el escándalo de “¿Quien quiere ser millonario?” ocurre prácticamente en el concurso en sí. Charles, que no tenía el más mínimo interés en el programa se ve enredado por su cuñado y su mujer (que ya habían asistido al programa consiguiendo un buen pellizco). En este episodio lo más interesante es ver la interacción concursante-presentador de la mano del toma y daca entre Charles y Chris Tarrant (Michael Sheen). El primero, casi mueve a risa, se muestra indeciso y despistado ante cada pregunta. El segundo es el clásico británico zumbón, que con su característico humor se chotea elegantemente del bueno de Charles.

La impresión general es que Charles no es alguien con muchas luces, pero para sorpresa de propios y extraños acaba obteniendo el millón de libras. En este episodio es ejemplar el montaje, donde se mezcla ágilmente las reacciones de concursante, presentador y del incrédulo equipo de realización. Esto, junto con las dos extraordinarias actuaciones de Macfayden y Sheen y el magnífico ritmo que imprime Frears completan un segundo episodio excelente.

También es aquí donde se desarrolla el meollo de Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario”? El creador y los realizadores del programa se resisten a creer que Charles Ingram haya sido capaz de ganar el millón de libras limpiamente. De tal modo que se agarran a cualquier clavo ardiendo para deslizar la idea de que el concursante hizo trampas. Y encuentran un motivo que creen fundado. Detectan un patrón que se repite en algunas repuestas de Charles, unas toses de fondo.

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La vida a través de un concurso

Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario”? tiene también su parcela jurídica, donde los Ingram habrán de defender su inocencia y conseguir mantener el millón de libras obtenido. De este modo la miniserie aglutina, a pesar de su brevedad, varios géneros distintos, que agilizan bastante el visionado. Aunque en total dure solo algo más de tres horas. Tenemos costumbrismo británico a caballo entre el drama y la comedia de toques ligeros, la intriga y la tensión de un concurso, drama judicial, drama familiar y una curiosa observación sociológica.

Todo lo que se mueve alrededor de ¿Quién quiere ser millonario? es desmedido. Tenemos a gente que llama unas 300 veces (con el correspondiente coste) al programa para poder participar. Una agrupación de fans que gasta tiempo, dinero y recursos en conocer los resortes del programa. Familias adictas a la ración diaria de concurso. ¿Qué se puede decir de una sociedad que alberga estos comportamientos? ¿Es avaricia, una vida vacía sin otros alicientes, la aspiración de hacerse millonario de la noche a la mañana? ¿La tele es un resorte de alienación?.

Además, ¿por qué se da por hecho que Charles Ingram no puede ser capaz de ganar el gran premio? Se camina por la senda de los prejuicios, quizá también de la envidia. El pobre concursante llega a ingresar en Mensa para demostrar que no es un zote. También podríamos agregar a la fórmula el ferviente sentimiento de “paternidad” de Paul Smith, uno de los creadores del programa, respecto al concurso. Como si su criatura hubiera sido mancillada.

Quién quiere ser millonario
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Los implicados

Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario?” tiene virtudes más que interesantes. La labor actoral es estupenda. Matthew Macfayden está perfecto en su papel de Charles Ingram, ofreciendo una imagen de hombre normal y corriente, algo simple pero nunca un necio. Independientemente de si es inocente o culpable tendemos a identificarnos con él casi por instinto. Sian Clifford aporta un tono más incisivo, obsesivo y visceral, realizando un buen aporte interpretativo. Es inevitable mencionar la labor de Michael Sheen como presentador del programa. Clava su papel de maestro de ceremonias burlón, carismático y algo ególatra. Todo un depósito de ironía británica.

El guion adopta inteligentemente una posición ambigua donde hay evidencias aparentes tanto para condenar, como para absolver a los Ingram. Cada prueba acaba teniendo un eximente, justo antes de que aparezca otra supuesta evidencia. Evidentemente esto hará elucubrar al espectador, que no tendrá todo hecho. También nos puede llevar a reflexionar sobre el concepto de verdad, y cómo tratamos de adaptarlo a nuestra visión.

El viejo zorro de Stephen Frears aplica su amplia sabiduría narrativa para que los tres episodios tengan un ritmo ligero y rápido, pero nunca banal. Maneja una visión desmitificadora de la vida británica sin recurrir a grandes densidades o circunloquios. Además, es capaz de armonizar varios registros sin que el conjunto parezca una amalgama sin correlación de géneros.

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Conclusiones de Quiz

Quiz, el escándalo de “¿Quién quiere ser millonario?” acaba siendo una miniserie que puede presumir de importante virtudes. Es ligera sin ser intrascendente, tiene un estupendo pulso narrativo, y en su adn está esa observación irónica tan genuinamente británica. Sus tres episodios se ven de un tirón, usando un guion ameno pero interesante, que acaba interpelando a la inteligencia del espectador. No es una serie con grandes ambiciones, ni hay elementos que deslumbren. Sin embargo tampoco adolece de grandes defectos, y se sigue con interés.

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