Con Rashomon, Akira Kurosawa nos ofrece una lúcida reflexión sobre la condición humana, a través de su relación con la verdad y la honradez. Para ello se sirve de un trasfondo criminal donde cada parte implicada en un asesinato y en una violación ofrece una perspectiva sumamente distinta. Supuso, además, el primer éxito internacional de Kurosawa y una pieza clave del estallido del cine japonés, en el que también participaron, entre otros, Ozu o Mizoguchi. Consiguió el Oscar honorífico a la mejor película extranjera y el León de Oro en Venecia. Se inspira en dos relatos: En el bosque y Rashomon, ambos escritos por Ryunosuke Akutagawa.



Crítica de ‘Rashomon’

Rashomon

Ficha Técnica

Título original: Rashomon

Reparto:
Toshirô Mifune (Tajômaru
Machiko Kyô (Masako Kanazawa)
Masayuki Mori (Takehiro Kanazawa)
Minoru Chiaki (El sacerdote)
Takashi Shimura (el leñador)
Kichijirô Ueda (el plebeyo)
Noriko Honma (Medium)

Daisuke Katô (el policía)

Año: 1950
Duración: 88 min
País: Japón
Director: Akira Kurosawa
Guion: Akira Kurosawa, Shinobu Hashimoto
Género: Intriga.Drama
Productora: Daiei Motion Picture Company

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IMBD

Tráiler de ‘Rashomon’

Sinopsis 

La película, ambientada en el Japón de la Edad Media, narra el crimen de un samurai a través de cuatro testimonios: el del asesino del samurai, de la esposa del samurai, del samurai mismo (el cual habla a través de una médium) y de un leñador que fue testigo del hecho.

Premios

  • Nominada al Oscar: Mejor dirección artística (Blanco & Negro). 1952
  • Premios BAFTA: Nominada a mejor película. 1952
  • Sindicato de Directores (DGA): Nominada a Mejor director. 1952
  • Oscar honorífico a la mejor película extranjera
  • Festival de Venecia: León de Oro. 1951
  • Círculo de críticos de Nueva York: Nominada a Mejor película extranjera. 1951
  • National Board of Review: Mejor director y película de habla no inglesa. 1951


Tres lugares de acción

En el Japón medieval, y más concretamente en el siglo XII, un señor feudal (Masakuyi Mori) es asesinado, y su esposa (Machi Kyo), violada por un bandido (Toshiro Mifume). Está acción criminal va ofrecer diversas aristas que se irán desarrollando en tres lugares distintos. De un lado tenemos el juicio en el que se examinan los hechos, y donde declaran el bandido, la esposa del señor feudal y el propio señor feudal; este último lo hace a pesar del notable inconveniente de estar muerto, pero podrá testificar gracias a la ayuda de una vidente.

Otra localización es la puerta de Rashomon, una especie de templete donde se guarecen de la lluvia un leñador, un sacerdote y una persona de la que nada en particular se nos dice. Estas tres personas comentan el juicio y filosofan con pesimismo sobre la mezquina condición humana y cómo la mentira es moneda de cambio habitual incluso en los más graves trances. Su principal reflexión tiene que ver con que cada uno de los implicados en el crimen ha dado una versión completamente distinta, en función probablemente de sus intereses. ¿Es alguna de las historias cierta? ¿Cómo podemos llegar a conocer la verdad? ¿Es la falsedad algo consustancial al hombre? De momento veremos, puestas en escena, todas las versiones que se dan del asesinato y la violación. Y éste es el tercer lugar; el bosque donde todo sucedió.

Toshirô Mifune,

El cristal con el que se mira

Lo único que tenemos claro en Rashomon es que ha habido una muerte y una violación. Sin embargo el bandido, el señor feudal, y su mujer, lo cuentan todo de forma distinta. El bandido tratará de poner en valía su honor para atemperar sus actos; algo parecido hará señor el feudal, que además añadirá elementos de honra ultrajada (a través todo, como decíamos, de una vidente) y dará otra perspectiva a su propia muerte; la historia de la mujer hace más hincapié en frialdad del marido en particular y en la crueldad masculina en general.

A priori no percibimos ningún indicio de que cualquiera de las versiones sea más veraz que cualquiera de las otras; como mucho nos apercibimos de que cada una es favorable a los intereses de su relator. Y partiendo de esto Kurosawa ya empieza a plantearse interrogantes. Uno de ellos de carácter más filosófico, y que nos hablaría de la dificultad de conocer o de transmitir la verdad; otro de carácter cercano a la ética: la verdad como algo subjetivo que sirve egoístamente a nuestros propios intereses. Esto será materia de reflexión para las personas reunidas en la puerta de Rashomon. Sin embargo el leñador tendrá algo esencial que aportar…

Toshirô Mifune,

El ascenso de Kurosawa

Rashomon supuso el primer gran éxito internacional de Kurosawa. Basta con mirar el palmarés de la película y los jugosos premios obtenidos en los Oscar y en el Festival de Venecia. Ello no significa que no llevase ya a cuestas películas de contrastada calidad; filmes como El ángel borracho (1948) o El perro rabioso (1949) hablaban ya muy a las claras del talento de Kurosawa. A partir de aquí el director japonés inicia una imparable colección de clásicos, entre cuyos nombres más conspicuos se encuentran: Vivir (1952), Los siete samuráis (1954), Trono de sangre (1957), La fortaleza escondida (1958), Ran (1985) y otras muchas merecedoras de mención.

Para Rashomon Kurosawa no contaba con un presupuesto particularmente rumboso, yéndose gran parte del mismo en la recreación de la puerta de Rashomon. Sin embargo se aprovechó hasta el último yen con tino y eficacia artística. Las localizaciones del bosque, sin grandes alardes, están primorosamente aprovechadas; de hecho la frondosidad de la naturaleza da a la película un aspecto de leyenda, de cuento transmitido de generación en generación. La puerta de Rashomon, junto con la omnipresente lluvia (la naturaleza está muy presente), son otro ejemplo de dirección artística sencilla y vistosa. Más tarde Kurosawa demostrará, entre otras virtudes, un sentido de la épica asociado a presupuestos mucho mayores.

Rashomon

Un elemento chocante

Si vemos Rashomon en versión original detectaremos la peculiar y a veces enfática forma de recitar de los actores. También nos puede parecer chocante alguna que otra gesticulación o que las actuaciones tengan otro tempo al que estamos acostumbrados. No es extraño en el cine japonés de esta época, donde se notan ecos de la tradición del Teatro Noh y del Teatro Kabuki. En cualquier caso las actuaciones rebosan energía; particularmente carismática es la de Toshiro Mifune, cuyo nombre va indefectiblemente asociado al de Kurosawa y que pasó por ser su actor fetiche.

El bandido de Mifune es el personaje más llamativo; su talante varía dependiendo de la versión de la historia que estemos viendo, pero en todas es bravucón, desvergonzado y teatral. En comparación, todas las demás actuaciones son ciertamente contenidas.

Rashomon

Conclusión

Rashomon no tiene reparos en filosofar y disertar sobre asuntos morales, pero lo hace sin parlamentos obtusos y sin moralina hueca. Kurosawa, siempre atento a la condición humana, nos habla de nuestras miserias éticas mostrándose pesimista, pero dejando una rendija abierta para la esperanza; como si se negara a renunciar a su proverbial humanismo. La ambientación envuelve todo en una halo de misterio y de leyenda, dejándonos Kurosawa una de sus obras maestras más fascinantes.

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