Anna Allen ha vuelto y lo hace por la puerta grande. La actriz catalana llevaba ausente de la vida pública desde que saltase el famoso escándalo que ha marcado su vida. Sorprendentemente, los Javis han conseguido que la de Gerona haya aceptado interpretarse a sí misma en la tercera temporada de «Paquita Salas«. Los medios de comunicación utilizaron esta controversia para denostar la carrera artística de la actriz. No fueron pocos los artículos repasando las varias mentiras que había confirmado la artista en diversos programas de televisión. Debo admitir que incluso quién está escribiendo este artículo, hace un tiempo publicó un repaso de su vida en tono cómico, pero que tras su regreso, Allen se merece unas disculpas por utilizar su imagen como divertimento y “carnaza” para los lectores. El episodio de la serie de Netflix es la redención de Allen. Maravillosa.



*AVISO: Este artículo puede contener SPOILERS de la tercera temporada de «Paquita Salas» sobre la aparición de Anna Allen



¿Qué fue de Anna Allen?

Este artículo se titula: ¿Por qué es importante el regreso de Anna Allen? Y la razón es la reflexión que se hace a través de la serie, abriendo el debate sobre el foco público. Para poner en contexto, se descubrieron en 2015 una serie de montajes fotográficos que destaparon falsas informaciones vertidas por la actriz. La misma confirmó que había participado en series como “The Big Bang Theory” o “Versailles”. La prensa llenó ríos de tintas sobre cualquier detalle que hubiera sobre este episodio: que si Vicky Martín Berrocal diseñó el vestido, el origen de la foto real… De la noche a la mañana, se había convertido en la víctima perfecta del asedio público. Como no podía ser de otra forma, hubo gente que aprovechó el tirón y empezó a dar detalles de la vida íntima de la actriz, ya fueran o no verdad. Anna Allen decidió desaparecer.

Anna Allen
Foto de Netflix

La realidad supera a la ficción

Durante cuatro años, Anna Allen ha preferido mantenerse alejada de las cámaras y no se sabía absolutamente nada de su paradero. Fueron varias televisiones las que intentaron tener las primeras declaraciones sobre el controvertido caso, pero poco a poco fueron dándose por vencidos. Tristemente, Allen es el reflejo de una sociedad en la que a partir de conseguir cierto éxito, la persona llega al disparadero público de golpe. No vale con ser perfecto, hay que parecerlo. En el mundo invadido por las redes sociales, una opinión mal dicha o una equivocación se pueden convertir en todo un infierno. La propia serie «Paquita Salas» hace un homenaje a este tipo de situaciones, que se acerca más a la realidad de lo que se puede imaginar cualquiera. Ser famoso o conocido por el público parece ser sinónimo de no poder ser humano.

Nadie sabe las razones que llevaron a Allen mantener dichas mentiras, pero la verdadera pregunta es: ¿Era necesario hacer tanta sangre? La sociedad empieza a acostumbrarse a reírse de las miserias del de al lado, de consumir televisión que busca el griterío y la polémica, con la solo intención de entretenerse. No se critica el consumo de este tipo de contenido, sino la finalidad que hay detrás. Si no hay respeto, el juego siempre termina haciendo perdedor al protagonista de informaciones. No es de extrañar que multitud de estrellas del cine y de la televisión acaben entrando y saliendo de centros de rehabilitación, ¿nadie es capaz de ver la presión que supone no poder equivocarse? No se puede endiosar o justificar el comportamiento de Allen, pero lo que pudo quedarse en una simple anécdota, acabó convirtiéndose en todo un fenómeno.

Anna Allen
Anna Allen en «Cuéntame cómo pasó». Foto de TVE

En los zapatos de Anna Allen

Otro de los temas a deliberar es la falta de empatía a la hora de dar opiniones sobre los personajes públicos y las acciones que realizan. Está claro que hay que comentar lo que ocurre día a día, pero no se puede especular con la vida de las personas sin ton ni son. Mientras que la actriz era cuestionada por todo el mundo, incluso si realmente se llamaba «Anna Allen«, seguramente nadie se paró a pensar cómo se estaría sintiendo la de Gerona. Es difícil empatizar con personajes que se presentan como “locos” o “irrisorios”, pero tal vez la problemática venga cuando se les tilda de “personajes” y no “personas”. Es fácil criticar de forma destructiva y no con un objetivo de mejora. No es extraño que todavía en los tiempos que corren se pueda tachar de “guarra” o “suelta” a una mujer por filtrarse sus fotos desnuda.

No es solo Anna Allen. La lista es interminable como Jennifer Lawrence u Olvido Hormigos… Es importante poner en el mismo lugar a la oscarizada Lawrence con la ex-política Hormigos. Mujeres con vidas muy diferentes, pero atacadas en su intimidad. La gente viralizó las polémicas en torno a ellas. Eran por razones muy distintas, pero las dos tuvieron que pagar en soledad las consecuencias de ello. Al igual que Allen. ¿Mintió? Sí, pero como dicen: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Es importante comenzar a poder humanizar a los personajes públicos y que puedan permitirse, sin ser un lujo, ser ellos mismo sin temer las repercusiones de la prensa y del propio público. Está claro que la mentira no es el mejor camino, pero las reacciones hacia ella dicen más del que las hace que el que las recibe.

Anna Allen
Foto de Mediaset

Buena actriz, mejor persona

Todo el mundo conoce el caso Anna Allen. Muchas personas han comentado que rellenan el curriculum al estilo Allen, pero nadie la conoce. Tampoco es necesario. La fina línea entre ser un personaje conocido por su trabajo y famoso empieza a ser difusa en los tiempos actuales. Ya no se puede ser actriz con una vida personal alejada de los focos. A nadie le importa solamente su forma de actuar, los papeles que realiza y la calidad de sus películas, también quieren saber con quién tienen una relación, donde viven o cuánto dinero ganan. Si rehúsan a hablar de su vida, son poco humildes y nada cercanos y si lo hacen, se venden por dos duros. No hay una elección válida, porque tal vez sea el público el que deba tomar consideración de la palabra intimidad. Si alguien es celosa de su propia vida, debería respetarse.

Tal vez Anna Allen no se haya convertido en Penélope Cruz, pero a partir de su redención, debería ser criticada por su calidad artística. Uno de los mensajes, que se queda clavado en la imagen del espectador, es en el que menciona que la gente se ha olvidado que es buena actriz. Una reflexión, que es una verdad. Y sin duda, la que sentencia su discurso es aquella en la que invita al público a escuchar su verdad. Todo el mundo ha hablado sobre ella, menos ella misma. Tal vez no cuente las razones, tal vez solo quiera pasar página, pero es importante dar oportunidades a aquellos que lo desean. Un error significativo no debe ser sinónimo de tirar todo por tierra y encerrarse en ese bucle. Hay oportunidad para mejorar y para luchar por hacer las cosas de otra manera. Y ahora, es el momento de Anna Allen.

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