Rififi es uno de los mayores clásicos del cine francés en su vertiente noir. Dirigida por Jules Dassain (La ciudad desnuda, Fuerza bruta), es su primera obra tras abandonar EE.UU a causa de la Caza de Brujas. Está basada en la novela de Auguste Le Breton del mismo nombre. Obtuvo mayoritariamente unas críticas óptimas desde su estreno en 1955, ganando el premio en Cannes al mejor director, en el festival de ese mismo año. Rififi, en argot francés, viene a significar “pelea”, “enfrentamiento”, sobre todo aplicado a bandas rivales. Hoy día incluso existe un tipo de robo llamado así en función del sistema que se muestra en la película.



Rififi

Crítica de ‘Rififi’

Ficha Técnica

Título: Rififi
Título original: Du rififi chez les hommes

Reparto:
Jean Servais (Tony le Stéphanois)
Carl Möhner (Jo le Suedois)
Robert Manuel (Mario Ferrati)
Janine Darcey (Louise)
Pierre Grasset (Louis Grutter aka Louis le Tatoué)
Robert Hossein (Remi Grutter)

Año: 1955
Duración: 117 min.
País: Francia
Director: Jules Dassin
Guion: Jules Dassin, René Wheeler, Auguste Le Breton
Fotografía: Philippe Agostini
Música: Georges Auric
Género: Cine negro. Crimen. Thriller.
Distribuidor: Pathé Consortium Cinéma

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IMDb

Tráiler de Rififi

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  • Jean Servais, Carl Möhner, Robert Manuel (Actors)
  • Jules Dassin (Director) - Rene Bezard (Producer)

Sinopsis

Tras cumplir cinco años de condena, Tony Le Stephanois sale de prisión con la intención de cambiar de vida, pero se encuentra con que su antigua amante está con un conocido gángster. Así las cosas, y careciendo de recursos económicos, no le queda más remedio que volver a su vida pasada y reunirse con sus viejos compinches. Durante semanas prepara minuciosamente con ellos un golpe perfecto: el atraco a una inaccesible joyería de París.

Basada en la novela de Auguste Le Breton, se convirtió en todo un éxito internacional de la época y en una película estandarte del cine negro. Supone uno de los títulos más emblemáticos del realizador franco-americano Jules Dassin. “Rififi” es una palabra del argot parisiense que significa “lío” o “barullo”; un enredo perfectamente resuelto por las propias pautas de esta película tan excepcional como perdurable. (A contracorriente films)

Premios

  • Cannes: Mejor director (ex-aequo con Vasilyev por “Los héroes de Chipka”). 1955
  • National Board of Review: Top mejores películas extranjeras. 1956

Donde se puede ver la película



Nunca fuimos héroes

Rififi presenta los cimientos sobre los que se asienta desde el mismo inicio. Vemos una humeante timba de póquer, de trazas poco amistosas, entre lo que parecen ser jugadores mal encarados o hampones de segunda. Entre ellos está Tony “El Stephanois” (Jean Servais), un experto ladrón que acaba de pasar cinco años en presidio. Sin embargo, el latrocinio parece estar en su naturaleza y, tras darse de bruces con un apetecible plan, decide volver a las andadas. Jean Servais da un aire taciturno, hosco y fatalista, como un Bogart francés. Al menos el Bogart que “hacía de malo”, antes de El último refugio (1941).

Tanto Tony como sus compinches, no tienen ningún componente simpático o encantador. Pueden llegar a ser crueles. Recordemos que en algunas películas vinculadas con atracos como Forajidos (1946) o Atraco perfecto (1956) hay personajes con ciertas dobleces bondadosas que actúan mal por debilidad o necesidad. En Rififi como mucho hay ciertos códigos entre ladrones, casi cuestiones de honor que pueden llevar a hacer un sacrificio. Eso es todo.

El plan en cuestión es robar una suntuosa joyería parisina. Tony al principio remiso, acaba aceptando al saber que su antiguo amor, Mado (Marie Sabouret), tiene relaciones con Pierre Grutter (Marcel Lupovici), dueño del garito L’Age D’or y también constatado criminal. La rivalidad con este gánster será relevante en la trama. Para darnos cuenta de la catadura cruel de estos ladrones, véase el reencuentro de Tony con Mado. En ese sentido Rififi es una película significativamente amoral.

Rififi
Foto de IMDB

La aritmética del robo

El resto de la banda son Jo (Carl Möhner), un buen amigo de Tony; Mario (Robert Manuel), un ladrón italiano que ha tenido la ocurrencia del atraco; y Cesar (el propio director Jules Dassin), un experto en cajas fuertes. Una de las fascinantes partes de la película es la fase de planificación, donde con rigor matemático la banda estudia cuidadosamente todo lo relacionado con la joyería: horarios, costumbres de las tiendas circundantes, rondas de gendarmes, tiempo disponible, etc.

La filmación de Jules Dassin

Paralelamente Jules Dassin dirige Rififi con el mismo rigor de planificación que aplican los ladrones al atraco. Y lo hace en varios aspectos. Dassin anteriormente había destacado por dar al cine negro un aire casi documental. En La ciudad desnuda (1948) una de las grandes protagonistas era la propia ciudad de Nueva York; sus ritmos, gentes y costumbres. Además, el proceder de la policía era notoriamente metódico. Asimismo en Rififi, Dassin capta el espíritu parisino, sobre todo en lo tocante a los bajos fondos. Ello añade un peculiar vitalismo y una verosimilitud nada desdeñable.

El rigor de Dassin en Rififi también se ve en su forma de filmar. Su manera de rodar es un engranaje preciso y calculado. La planificación de las escenas es muy acusada, particularmente en la parte del atraco. Probablemente estemos ante uno de los robos mejor filmados de la historia del cine, en una escena larga, tensa, pensada, al milímetro. Es curioso pensar que los años cincuenta fueran una especie de edad de oro de las heist movies (película de atracos): ahí tenemos a La jungla de asfalto (1950), la propia Rififi, y Atraco perfecto (1956). Y yendo más allá, la italiana Rufufu (1958) es una excelente relectura de Rififi en tono de comedia, que a su vez inspiró la española Atraco a las tres (1962). 

Jean Servais
Foto de IMDB

Tensión implacable

Rififi tiene una curiosa mezcla de tonos. Por un lado hay cierta frialdad en la filmación que casi nos anticipa los policíacos polares franceses. De hecho en un primer momento estaba proyectado que Jean-Pierre Melville fuese el director, hasta que el proyecto recayó finalmente en Dassin. Contradictoriamente, o quizá no tanto, Rififi alcanza unas cotas de tensión realmente altas, a ratos superlativas. Tiene mucho mérito conseguir tal nivel de emoción partiendo de unas premisas tan sobrias, y se consigue gracias a una estupenda labor de montaje para delinear las historias, y al aludido tono naturalista.

El trabajo de los actores es aparentemente subrepticio, pero está debidamente ajustado a las necesidades de la película. Jean Servais destila amargura, ganas de resarcimiento, una íntima violencia interna. Tony, su personaje, parece tender hacia el crimen porque todos los referentes positivos que puede tener en otros entornos se han ido debilitando. Hay algo de animal herido en su actitud, de puro fatalismo. Su actuación es buena en general.

El antagonista, interpretado por Marcel Ludovici, cumple el arquetipo de villano (o más villano que los demás) fiero pero sin teatralidades. Trágico es el papel de Marie Sabouret en su encarnación de Mado. En su relación triangular con Tony y Pierre en lugar de ser, como quizá mandan los cánones, el objeto de deseo de ambos, acaba casi convirtiéndose en un peón en los toma y daca. Sufrirá demasiado desprecio. Destacar también a Carl Möhner haciendo de Jo, que es el criminal con el que más podemos empatizar dadas las vicisitudes que vive.

Jean Servais y Carl Möhner
Foto de IMDB

Conclusiones de ‘Rififi’

Rififi es pura arquitectura cinematográfica al servicio del cine noir. Jules Dassin rueda y planifica de manera precisa las andanzas de un grupo de ladrones preñados de fatalismo y amargura. Para la historia del cine queda la célebre escena del robo y un puñado de momentos tan tensos como excelsos. Truffaut la calificó como una de las mejores películas de cine negro de la historia, y es difícil estar en desacuerdo con él.

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