Silencio (2016) es una de las últimas películas de Martin Scorsese. La obra, que adapta una novela de Shusaku Endo, es una de las películas más cerradas e inaccesibles del director, y no recomendable para los que solo valoran del cineasta sus thrillers sobre la mafia. En la película nos encontramos con una autodisección religiosa que hace Scorsese de su fe.



Silencio

Crítica de ‘Silencio’

Ficha Técnica

Título: Silencio
Título original: Silence

Reparto:
Andrew Garfield (Rodrigues)
Adam Driver (Garupe)
Liam Neeson (Ferreira)
Ciarán Hinds (Padre Valignano)
Issei Ogata (Old Samurai / Inoue)
Tadanobu Asano (Interprete)
Shinya Tsukamoto (Mokichi)
Ryo Kase (João)
SABU (Samurai)
Nana Komatsu (Mónica)
Yôsuke Kubozuka (Kichijiro)
Yoshi Oida (Ichizo)
Ten Miyazawa (Carpintero)

Año: 2016
Duración: 159 min.
País: Estados Unidos
Director: Martin Scorsese
Guion: Jay Cocks, Martin Scorsese (Novela: Shusaku Endo)
Fotografía: Rodrigo Prieto
Música: Kim Allen Kluge, Kathryn Kluge
Género: Drama. Religión
Distribuidor: DeAPlaneta

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  • Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson (Actors)
  • Martin Scorsese (Director)

Sinopsis de ‘El silencio’

Segunda mitad del siglo XVII. Dos jóvenes jesuitas viajan a Japón en busca de un misionero que, tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a su fe. Ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos. (DeAPlaneta)

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Una epopeya en dos actos

Silencio está dividida claramente en dos actos. En el primero de ellos vemos como los misioneros jesuitas se adentran en Japón y predican el evangelio cristiano a los fieles japoneses. En estos primeros compases de la película, lo que hace Scorsese es deleitarse en escenas que recrean el cristianismo primitivo, que se entronca directamente con el de los primeros cristianos que tuvieron que predicar en Roma con mucho cuidado por estar perseguidos. Una religiosidad pura, que sin duda fascina al director. Las imágenes del paraíso natural de Japón son realmente preciosas y el cineasta tiene un cuidado especial por la imagen.

En la segunda parte de Silencio somos testigos de los debates intrínsecos de la religión  y del sacrificio.

Silencio
© DeAPlaneta

Scorsese se pone Nietzscheano

A Sócrates, los gobernantes de la ciudad griega de Atenas, le dieron un ultimátum antes de morir. Podía renunciar a sus ideas públicamente y optar por la vida. El sabio griego no lo hizo y optó por morir por sus ideales. Para Nietzsche, la decisión de Sócrates fue un antes y un después en la condena moral de occidente. Al preferir la muerte por encima de la vida, el griego estaba optando por un camino que, según Nietzsche, despreciaba lo más preciado de este mundo, la vida terrenal. La crítica del alemán, se extendía al cristianismo, una religión que optaba por el sufrimiento terrenal en pos de una vida posterior a la terrenal. Sin embargo, para Nietzsche, la vida debía ser gozada aquí y ahora, no buscando una vida después de la vida.

Pues bien, en Silencio de Scorsese, nos encontramos con una diatriba similar. Cuando el personaje de Andrew Garfield renuncia a su fe para salvar a los demás japoneses, está en la misma línea que hemos comentado. Cuando se emplea para los japoneses, cribando todo arte cristiano, está haciendo lo mismo. Sin embargo, esto es una proyección que está basada en los ideales del propio director, que sin duda hace trampas al solitario, poniendo en voz del misionero portugués lo que él mismo cree. La realidad es mucho más compleja de la que pretende contarnos Scorsese. A pesar de que sí incluye el tema de la política (que está presentado por el inquisidor japonés).

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Una vida simple y bella

Porque como ya nos mostraba en La última tentación de Cristo, Scorsese, que es católico reconocido, tiene una fe muy particular, que es la que expresa en estas dos películas. Una fe simple, familiar, que seguramente está enlazada con la manera en la que vivió el joven Scorsese en los barrios italianos de su ciudad. Con una familia de origen italiano, por tanto católica, que optaba por una espiritualidad sencilla, de un Cristo de rostro amable, que predica un amor desinteresado. Contrario de una fe hipócrita, alejada de los lujos y la fastuosidad. La religiosidad que interesa a Scorsese está relacionada con los cristianos de los primeros tiempos, que predicaban en catacumbas.

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Los dos Judas

En Silencio hay dos traiciones ortodoxas a Cristo. Una es la que comete nuestro protagonista cuando apostata y la otra es la que hace el personaje japonés que vende al misionero por dinero. Sin embargo, para Scorsese las traiciones que cometen a Dios los dos personajes son de raíz totalmente diferente. El misionero traiciona a Dios por salvar a los demás, en un acto que es de un amor incomparable. Su sacrificio es un claro símil al que hizo Cristo en la cruz por salvar la humanidad. En cambio, el japonés traiciona su fe solo por un interés personal, puramente egoísta.

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Conclusión de ‘Silencio’

Silencio es una película profunda, que se relaciona con la fe del director y sus contradicciones personales. A pesar de no ser cristiano, la película puede disfrutarse desde una perspectiva que busque la parte intelectual de los debates morales que se acometen en el filme. Pero desde luego, no es una película apta para todos los públicos.

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