Creación Guiones

En la segunda entrega de la saga antológica Small Axe, el cineasta británico nos ofrece una íntima pieza audiovisual rebosante de calidez y sensualidad. Si con Mangrove McQueen apostaba a la denuncia crítica consciente a través de un registro puntilloso de las formas de vida en el suburbio londinense de los 70, con Lovers Rock se agudiza esa mirada representativa de la cultura afrojamaiquina. Pero la diferencia es clara y marcada: el acento está en las funciones descriptivas y no en los componentes narrativos. Desde el 14 de enero en Movistar.



Lovers Rock

Crítica de 'Small Axe: Lovers Rock'

Ficha Técnica

Título: Small Axe: Lovers Rock
Título original: Small Axe: Lovers Rock

Reparto:
Amarah-Jae St. Aubyn (Martha)
Micheal Ward (Franklyn)
Shaniqua Okwok (Patty)
Kedar Williams-Stirling (Clifton)
Ellis George (Cynthia)
Francis Lovehall (Reggie)
Alexander James-Blake (Parker B)
Daniel Francis-Swaby (Bammy)
Kadeem Ramsay (Samson)

Año: 2020
Duración: 68 min.
País: Reino Unido
Director: Steve McQueen
Guion: Steve McQueen, Courttia Newland
Fotografía: Shabier Kirchner
Música: Mica Levi
Género: Drama romántico
Distribuidor: Movistar

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Tráiler de 'Small Axe: Lovers Rock'

Sinopsis

Cuenta la historia ficticia de amor entre dos jóvenes en una fiesta de ‘blues’ en 1980. Una oda al género del ‘reggae’ romántico, el llamado “lovers rock”, que sólo sonaba en las casas donde la juventud negra organizaba sus fiestas cuando no eran bienvenidos en las discotecas y clubes nocturnos segregados. (Movistar)

En palabras de Steve McQueen

Según el director de películas como Hunger y Shame, y ganador de un Oscar por 12 años de esclavitud: “Hemos perdido muchas cosas en los últimos seis meses de nuestras vidas. Llega un momento en el que debemos pararnos y pensar. Ojalá George Floyd estuviera aquí hoy. Preferiría que él estuviera aquí hoy. Pero lo único que puedo decir es que no murió en vano y que estas películas, 'Small Axe', son parte de la narrativa de ser una persona negra en este mundo”.

Premios

  • Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor fotografía. 2020
  • Asociación de Críticos de Los Angeles: Nominada a mejor banda sonora. 2020
  • Asociación de Críticos de Boston: Nominada a mejor fotografía. 2020
  • Asociación de Críticos de Chicago: 4 nominaciones, incluyendo mejor película. 2020
  • National Society of Film Critics: Nominada a mejor fotografía. 2020


Deseo, música y seducción

Es que en la apasionante Lovers Rock prácticamente no hay trama. Lo que se apodera del interés del afanoso Steve McQueen es la necesidad por dilatar y prolongar una secuencia ambientada en una fiesta. Sabemos que allí podría haber mil historias potenciales en simultáneo: cada mirada, gesto y paso de baile representan una mínima motivación o intención por parte de los personajes que dotan de vida al entorno. Y esta parece ser la simple pero efectiva premisa que toman McQueen y Courttia Newland (coguionista), al detenerse en las miradas y gestos implícitos de Martha, Grace y compañía.

El director sabe muy bien que cada uno de ellos resguarda una verdadera intencionalidad, posiblemente instintiva, pulsional e inclusive inmoral. No son personajes perfectos, y ahí está el principal atractivo: en sus imperfecciones, sus impulsos y deseos fugaces pero cargados de intensidad, que sobrevuelan el ambiente sofocado por el humo de los cigarrillos de marihuana en esa atmósfera festiva. 

Lovers Rock
© Movistar

El equilibrio descriptivo

No existe prohibición ni represión en ese ambiente jovial, y por lo tanto las tensiones no tardan en evidenciarse: el galán intrépido que avanza sobre las mujeres de manera abusiva, el familiar borracho que pierde el control embebido en alcohol y hace infames declaraciones, los inevitables enfrentamientos regidos por celos absurdos y alterados por los excesos. E incluso la tensión por la discriminación racista que siempre está a la vuelta de la esquina. 

Pero Steve McQueen sabe muy bien cómo mantener todos estos aspectos dentro de los límites de su propia apuesta estética: logra mantener un equilibrio estupendamente concordante de todos y cada uno de estos rasgos (los más narrativos y los más descriptivos), generando un clima de suspensión dramática constante en donde la estética visual y sonora pasan a ser lo prioritario. 

Amarah-Jae St. Aubyn, Micheal Ward

El amor, un silly game

En este tipo de obras, conviene no spoilear ni siquiera los tratamientos recursivos que se emplean desde la puesta en escena, pero podemos adelantar uno de ellos: todos bailan, botellas en mano, mientras entonan efusivamente los versos de Silly games de Janet Kay. La banda sonora musical se empieza a desvanecer y las voces, vivificantes y a capela, se apoderan del protagonismo. La fiesta entera canta y baila imponentemente. Un juego de recursividad que sólo la magia del cine puede consolidar. 

Steve McQueen construye la progresión previa a este momento de quiebre, que se hace esperar como si se tratara de una revelación argumental crucial en términos dramáticos, pero no lo es: es tan sólo una escena de canto y de baile. Y es acaso la mejor escena de canto y de baile que se ha visto en los últimos años.

Lovers Rock

Conclusión de 'Lovers Rock'

Lovers Rock es música y descontrol, es sensualidad desbordante y juegos de seducción.  Es un registro traslúcido de un contexto espacio-temporal bien definido en una época determinada (capturada a la perfección por la estética visual y la banda sonora). Pero también, y ante todo, Lovers Rock es una historia de amor; porque las mejores historias de amor son las que no precisan de una trama minuciosamente explicada para movilizar al espectador. Con la emoción basta, y Steve McQueen es consciente de eso.

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