Netflix sigue apostando fuerte por el true crime y ya es raro el mes en el que no nos ofrecen nuevas producciones. El pasado 30 de junio estrenó Sophie: un asesinato en Cork. Este documental de tres episodios nos narra un caso que dejó en jaque a la comunidad de Cork, en Irlanda. Sophie Toscan du Plantier aparecía brutalmente asesinada a escasos metros de su casa. Las autoridades y los vecinos se enfrentaron a un suceso sin precedentes en la zona, provocando una trama peculiar, por momentos rocambolesca, pero con altas dosis de intriga.



Sophie: un asesinato en Cork

Crítica de ‘Sophie: un asesinato en Cork’

Ficha Técnica

Título: Sophie: Un asesinato en Cork
Título original: Sophie: A Murder in West Cork

Reparto:
Ian Bailey (Periodista local)
Barry Roche (Periodista del Irish Times)
Eugene Gilligan (Detective forense de la Garda)
Bertrand Bouniol (Hermano de Sophie)
Marie Madeleine Opalka (La tía de Sophie)
Peter Bielecki (Escultor y residente de Schull)
Pierre-Louis Baudey-Vignaud (Hijo de Sophie)
Frédéric Gazeau (Prima de Sophie)

Año: 2021
Duración:
País: Reino Unido
Director: John Dower
Guion: John Dower
Fotografía: Will Pugh
Música: Nainita Desai
Género: Documental
Distribuidor: Netflix

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Tráiler de ‘Sophie: Un asesinato en Cork’

Sinopsis

En 1996, una mujer francesa aparece brutalmente asesinada cerca de su casa, en una zona rural de Irlanda, antes de Navidad. El suceso conmociona a la comunidad local.

Dónde se puede ver la serie



La objetividad de John Dower

Sophie: un asesinato en Cork está dirigida por John Dower, conocido por otros documentales como El misterioso caso de DB Cooper, My Scientology Movie o Las últimas 48 horas de Kurt Cobain. Dower aporta el estilo clásico del documental true crime, esquematizado y con un equilibrio forzado en cuanto a protagonismo se refiere: investigación, entorno cercano de la víctima, sospechosos y escenario.

La objetividad aplastante puede incluso llegar a ser molesta ante algunos hechos evidentes. Pese a todo, Dower maneja la historia con eficacia e inteligencia para esquivar estas cuestiones. Pero, sí, a veces entorpece el visionado para el espectador. La objetividad provoca un incesante goteo de hechos, de pruebas circunstanciales y testimonios que se cruzan sin presentar una solución subjetiva a las contradicciones. El libre albedrío es absoluto y, de algún modo, esto resta humanidad a la historia.

Sophie Un asesinato en Cork
Copyright Netflix

La trama

Dower divide la historia de Sophie en tres episodios. El primero está guionizado de un modo deslumbrante, con un final sobrecogedor que será el punto de inflexión. Disfrutaremos del momento en el que, tras algunas dudas, nos acomodamos en el sillón dispuestos a disfrutar del resto del producto. Como cabe esperar, se suceden las presentaciones. A un lado el lugar, salvaje, frío pero acogedor y hermoso y las gentes que lo habitan, de características similares. Al otro lado la bella mujer francesa de 39 años asesinada y la impotencia de la familia desde su país natal. Entre ambos, el nerviosismo desenfrenado que el caso provoca (aunque de modos muy distintos) tanto en la prensa como en las autoridades encargadas de la investigación.

Y, de repente, una magistral elipsis final nos la juega, delante de nuestras narices. Acentuamos nuestra atención y nos disponemos a ver los dos capítulos restantes. En ellos, especialmente en el último, el orden se desencaja un poco. No se puede mantener eternamente esa igualdad ideal, por eso se llama protagonismo. Quizás si hubieran restado un poco de aquí y allá, podríamos haber escuchado más de la Garda, el cuerpo encargado de la investigación y quienes nos plantean más dudas. Lo irónico es que en la evolución natural del equilibrio de protagonismo, parece perderse en la trama de un modo paulatino la propia Sophie, la víctima al fin y al cabo.

Y así es como desembocamos en un desenlace espontáneo, casi un corte grotesco sencillamente porque toda la información ha sido expuesta ya, a gusto del consumidor. No hay más, pues la historia queda inacabada. Será el propio espectador el que, si gusta, deberá mantenerse atento a los siguientes sucesos, aún en marcha.

Sophie: Un asesinato en Cork
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Claros protagonistas

En la narración de Sophie: asesinato en Cork hay tres núcleos evidentes. Testimonios, escenario y sospechoso. Un sospechoso con demasiado metraje, pues no tardamos demasiado en dibujar su perfil pese a lo complejo e interesante de la persona en sí. Puede que por la antipatía que nos produce se nos antoje repetitivo. Mientras tanto, se difumina en el metraje Sophie Toscan du Plantier, una interesante mujer francesa de 39 años documentalista y esposa de Daniel Toscan du Plantier, productor de cine y dueño de uno de los estudios más importantes de Francia. Lo poco que se comenta al respecto, es originario de la prensa amarilla, lo cual desluce enormemente el rol de víctima de Sophie.

A la vez paseamos por Schull, en West Cork, Irlanda, lugar donde Sophie tenía la residencia en la que aparece asesinada. Pronto comprendemos el carácter local, importante para contextualizar algunos pasos del caso. Pero lo destacable es el lugar en sí y como John Dower le da vida en esta historia. Un paraje inhóspito, digno de cualquier adaptación de la novela Cumbres borrascosas.

En todo momento se mima, dándole la importancia que en este caso tiene: el aislamiento, la tranquilidad solitaria, el carácter de sus habitantes y muchos de los rasgos de la propia Sophie y del sospechoso. Schull se presenta como un lugar en el que uno no acaba residiendo por casualidad, no es cualquier lugar, es el destino de muchos de sus habitantes. Sin conocer Schull es imposible entender lo rocambolesco de la investigación, del comportamiento de los testigos o de los propios agentes. Y John Dower lo sabe.

True Crime
Copyright Netflix

Conclusión de ‘Sophie: asesinato en Cork’

Sophie: asesinato en Cork es una serie documental true crime construida desde la inteligencia, pero en la que echamos de menos un tono más humanizado. Con aires de aquellos episodios de Crímenes imperfectos con los que el género llegó a nuestras pantallas, la objetividad y la cascada de hechos y datos son presentados con un guion que tiene cuidado por mantener el suspense y la atención del espectador… pero manteniendo la distancia. Ya hemos evolucionado mucho en este género y disfrutamos de grandes productos que hacen que, en este en concreto, echemos de menos la manga ancha que se nos suele ofrecer para jugar a ser investigadores.

Los intentos, a través del entorno más cercano de la víctima, de subsanar la carencia de subjetividad son entorpecidos por el constante chorreo de información sin filtro. Conoceremos el caso en profundidad y todo lo que le rodea y aun así eso no nos impedirá buscar una conclusión más contundente. El esquema perfectamente delineado en el primer episodio se difumina a partir del desenlace del segundo, tras lo que tropezamos una y otra vez, pese a no dejar de prestar atención. Un producto tan interesante como lo es el caso, que aporta materia prima de calidad, pero desarrollado sin tener en cuenta a quien consumirá el producto.

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