La tercera temporada de The Crown se estrenó mundialmente en Netflix el pasado 17 de noviembre. No son pocos los retos a los que se enfrenta esta nueva tanda de capítulos de una de las ficciones más celebradas, desde el punto de vista crítico y popular, de la plataforma. Sin duda uno de ellos es el cambio en el reparto de los principales papeles. En este sentido Olivia Colman, Tobias Menzies y Helena Bonham Carter son las novedades más destacables. La serie también ha tenido que intentar adaptar las tramas a un contexto histórico distinto que, en buena medida, determina  el argumento.



Tercera temporada de The Crown

Crítica de Tercera temporada de ‘The Crown’

Ficha Técnica

Título: The Crown
Título original: The Crown

Reparto:
Olivia Colman (Reina Isabel II)
Tobias Menzies (Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo)
Helena Bonham Carter (Princesa Margarita)
Ben Daniels (Lord Snowdon)
Marion Bailey (Reina Elizabeth, la Reina Madre)

Año: 2019
Duración: 48 min. por episodio apróx.
País: Reino Unido
Creador: Peter Morgan
Guion: Peter Morgan & Tom Edge
Fotografía: Adriano Goldman & Ole Bratt Birkeland
Música: Rupert Gregson-Williams
Género: Histórica
Distribuidora: Netflix

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Tráiler de Tercera temporada de ‘The Crown’

Sinopsis de Tercera temporada de ‘The Crown’

La tercera temporada de The Crown muestra como mientras la reina Isabel II (Olivia Colman) se enfrenta a un país en plena transformación, su familia busca conciliar las exigencias de la monarquía y sus deseos personales. (NETFLIX).



Tercera temporada de The Crown
Foto de Netflix

Todo cambia y todo permanece

Lo primero que tiene lugar en esta tercera temporada de The Crown es la elección de un nuevo primer ministro y con ello un posible mapa político nuevo. Se trata del laborista Harold Wilson (James Watkins), en torno al cual se ciernen rumores sobre su desafección hacia la monarquía o incluso sobre su papel como presunto topo de la URSS. Ello provocará una sensación de apremio, de desconfianza en muchos miembros de la familia real británica. Y es ésta una de las sensaciones clave de los nuevos episodios; Isabel II (Olivia Colman) y sus adláteres se preguntarán a menudo qué papel juegan en los tiempos que les ha tocado vivir, que para su país son de crisis económica y social.

Hay una primera buena noticia, el nivel de las actuaciones no ha decrecido a pesar de lo carismáticos que resultaban Claire Foy, Matt Smith o Vanessa Kirby. El testigo ha sido más que dignamente recogido (entre otros) por Olivia Colman, Tobias Menzies (Príncipe de Edimburgo) y Helena Bonham Carter (Princesa Margarita). Cada personaje en The crown tiene una cuota de episodios donde su protagonismo es mayor que el de los demás, mostrándonos dilemas y debilidades propios y personales. Como personaje aglutinante está el de Isabel II, epicentro al que van a parar todas las turbaciones de su familia y que mostrará una extraordinaria resiliencia. Por lo tanto, afortunadamente, la destacada faceta actoral sigue brillando a un nivel muy alto.

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De lo general a lo particular

«Todo es política». Esto lo que dice el nuevo primer ministro Harold Wilson en su primer encuentro con la reina. Y en efecto, la política en un sentido amplio es uno de los elementos importantes de esta tercera temporada de The Crown. Para empezar tenemos los propios despachos semanales entre Wilson e Isabel II. No llegan al nivel de los habidos con Churchil (John Lithgow) en temporadas anteriores, pero siguen siendo interesantes. Nos muestran a dos personajes distintos que en circunstancias difíciles van conociéndose y convergiendo mutuamente.

The Crown trata la política ligándola con las tribulaciones personales de los protagonistas. Yendo de lo general a lo particular. De ello hay múltiples ejemplos. Así pues, un desencuentro diplomático con EE.UU saca las ansias de la Princesa Margarita por ser más relevante para la corona y ganar visibilidad (tema que ya aparecía en anteriores temporadas). Una catástrofe minera en el pueblo galés de Aberfan sirve para mostrar hasta dónde llega la monarquía para estar cerca de sus súbditos, y la propia y lacerante incapacidad de Isabel II para mostrar sus emociones.

Felipe, el Duque de Edimburgo, acarrea unas cuantas frustraciones propias. Se siente inútil, secundario, inane. Su particular crisis se presenta en el episodio en que sigue obsesivamente la evolución de la misión del Apolo XI para llegar a La Luna, y las noticias de Armstrong, Aldrin y Collins .  Admira su heroísmo, su talante de hombres de acción en contraposición a su vida predecible y monótona. Su encuentro con los astronautas, en una recepción, nos dirá mucho del personaje y su evolución.

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Familiares y problemas

Otros familiares de Isabel II traerán consigo sus problemas. Relativamente desconocida es la gestación de un golpe de estado en 1968 cuya cabeza visible iba a ser Lord Mountbatten (Charles Dance), es decir «el tío Dicky». Nuevamente el desencadenante es la sensación de frustración, en este caso la de Mountbatten, último virrey de la India y protagonista de la II Guerra Mundial en el Extremo Oriente, que al ser cesado se siente viejo y medita unirse a una asonada en contra del gobierno legítimo. Este episodio es interesante, además, porque durante la gestación del golpe tiene lugar mientras la reina anda ocupada ojeando caballos en Francia y en EE.UU, mostrándose distraída y negligente.

Uno de los personajes que irrumpen con fuerza en la tercera temporada de The Crown es el Príncipe Carlos (Josh O’Connor), cada vez más protagonista en los últimos episodios de la temporada. Se nos presenta como un joven sensible y algo apocado que sin embargo tendrá una tensa relación con su madre debido a su escasa libertad  para dirigir su propia vida. ¿Qué detona esta «rebeldía? Pues nada menos que Camila Shand (Emerald Fennell), que con los años será la célebre Camila Parker Bowles. Poco a poco se nos va filtrando cómo surge la atracción entre ambos y la drástica oposición de la familia real.

La primera aparición del Príncipe Carlos será  su viaje a Gales para aprender la lengua autóctona y poder prestar juramento como Príncipe Gales. Allí su profesor será un republicano nacionalista galés que mantendrá con él una compleja relación. En este capítulo su vuelve a ir de lo general (el sentimiento nacionalista galés) a lo particular (la insatisfacción dentro de la familia real). Sin embargo, es un personaje más fuerte que la pasada temporada. Recordemos su paso por el internado de Gordonstoun (Escocia), mostrándose timorato y sobrepasado.

Tercera temporada de The Crown
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El tono de la tercera temporada

Para entender el tono de la tercera temporada de The Crown primeramente hay que fijarse en la evolución de su personaje principal, la reina Isabel II. Ahora es una monarca asentada, acomodada dentro de su papel, sin la ingenuidad que a veces se mostraba en las anteriores temporadas. Olivia Colman hace un papel magnífico, reflejando a la perfección el correspondiente gesto adusto y algo severo de la reina; su rectitud no es hierática o inexpresiva, siempre vemos su pulso interior. No es fácil, puede que no siquiera justo, comparar a Olivia Colman con Claire Foy; aunque se encarnan en el mismo personaje, las situaciones vitales son distintas. Ambas dan a su papel le toque preciso.

Tobias Menzies aporta algo de cinismo al personaje del Príncipe de Edimburgo. Se sigue sintiendo ninguneado, pero afronta la tesitura con una especie de flema inglesa medio irónica, medio amarga. Tiene un capítulo en concreto donde deja de ser flemático y se muestra más inquieto, más empequeñecido. La actuación raya a un nivel muy alto. Por su parte Helena Bonham Carter hace muy suya la excentricidad de la Princesa Margarita y se mete hasta el fondo dentro de la turbada hermana de Isabel II. La actriz inglesa interpreta con oficio un papel un tanto bipolar, el de una persona extravertida y animosa que es capaz de cernirse en una auténtica espiral autodestructiva.

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Fondo y forma

El tono general de la tercera temporada de The Crown aúna los acontecimientos contemporáneos del periodo que va de 1964 a 1977 con las inevitables cuestiones personales. A la familia real se la ve como un ente imperfecto, inseguro y algo desorientado, aunque no exento de humanidad. Es una visión que no se interna en la idealización, y no duda en mostrarnos las costuras «monárquicas», pero también hay un enfoque cercano y a veces emotivo. En el guion de Peter Morgan hay sitio para la ligera desaprobación, la sorna o incluso la comprensión. Cuando pisa el acelerador emocional lo hace sin trucos telenovelescos o amarillistas.

La factura de la serie es, nuevamente, imbatible. Todo en esta serie tiene el aspecto de haber sido diseñado por un orfebre particularmente preciso. La puesta en escena, abusando de un tópico de estos tiempos, poco tiene que envidiar a la cinematográfica. Además de grandes medios, es visible que detrás hay también un mimo y una querencia al detalle realmente loable. No solo en los escenarios propios de la pompa y el boato, también en las localizaciones más plebeyas y prosaicas.

Tercera temporada de The Crown
Foto de Netflix

Conclusión

Esta tercera temporada de The Crown sigue brillando a un alto nivel. Los nuevos intérpretes se ajustan como un guante a lo que requieren sus personajes, y la factura técnica es nuevamente sobresaliente. No es exactamente una serie hagiográfica, pero cuando hinca el colmillo lo hace serenamente, sin hacer sangre. Salvo un par de episodios de menor fuelle, el resto tienen un poder de seducción cimentado en la inteligencia y en una bien dosificada dosis de intensidad emocional. Dentro del catálogo de Netflix esta serie sigue estando en un privilegiado y lujoso lugar.

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