Un secuestro familiar es la ópera prima del realizador húngaro Gábor Holtai, una de las voces más prometedoras del cine húngaro contemporáneo. Dicho reconocimiento no surge de la nada, pues no solo su cortometraje Segunda Ronda resultó refrescante e intrigante, si no que su primera película obtuvo un notable paso por festivales de talla internacional como Sitges. Ahora, con motivo de su participación en la sección oficial de Atlàntida Mallorca Film Fest, vengo a contaros qué me ha parecido esta escalofriante metáfora de tintes políticos. Puedes leer aquí otra crítica realizada por Cinemagavia de esta película.
Crítica de 'Un secuestro familiar'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Un secuestro familiar
Título original: Itt érzem magam otthon / Feels Like Home
Reparto:
Rozi Lovas (Rita)
Áron Molnár (Marci)
Dorka Gryllus (Juli)
Tibor Szervét (Papa)
Bettina Józsa (Anna)
István Znamenák (Rudi)
Soma Simon (Istvánka)
Kornél Simon (Miklós)
Kati Zsurzs (Vecino)
Máté Szalay-Dimitrov (Tamás)
Bálint Kovács (Fotógrafo)
Gáspár Leó Kozma (Tendero)
Alina Járosi (Madre joven)
Año: 2025
Duración: 124 min.
País: Hungría
Director: Gábor Holtai
Guion: Attila Veres
Fotografía: Dániel Szöke
Música: Gábor Holtai
Género: Thriller
Distribuidor:
Tráiler de 'Un secuestro familiar'
Sinopsis
Una mujer es secuestrada por una extraña familia que está convencida de que ella es su hija desaparecida. Con tanta astucia como falta de esperanza, se acoge a ese papel y decide interpretarlo mientras busca cómo escapar de su asfixiante situación.
El terror como núcleo de la familia
En Un secuestro familiar, Gábor Holtai expone una explícita historia que oscila entre el terror y el misterio y que gira en torno al control. Todos los personajes viven, o bien sometidos al control, o bien ejerciéndolo. Un control que nace a raíz del miedo, del abuso físico y, sobre todo, mental, al que son expuestos los personajes. Pues estos son secuestrados, intimidados y coaccionados para que olviden su pasado y adopten una nueva identidad, todo ello bajo los designios de un padre de familia tiránico.
En este sentido, la obra de Holtai explora no solo los delirios que surgen dentro de la retorcida mente de un déspota con poder, sino también la forma en la que es el pueblo la que sufre las consecuencias. Si hablo de pueblo, es porque Un secuestro familiar se desvela, poco a poco aunque de forma un tanto explícita, como una metáfora sobre el gobierno dictatorial de Viktor Orbán. Es en esto, precisamente, donde surge la verdadera grandeza de la película.
Un secuestro familiar establece un interesantísimo estudio de personajes, que aún con cierta tendencia a la exageración busca un acercamiento realista. Así, los personajes que pueblan la película se articulan como personas racionales, quienes reaccionan ante las amenazas y la manipulación de formas como quienes habitan en una dictadura. Los hay quienes aceptan su situación y la afrontan desde el egoísmo, quienes se desviven por el propio régimen debido a una fuerte dependencia emocional, y quienes intentan combatir dicho régimen. Este es, como no, el caso de la protagonista de la cinta.
Cría cuervos...
Rita, interpretada por Rozi Lovas, configura un personaje complejo y sensible, capaz de vislumbrar la verdad detrás de cada uno de los personajes de la familia. Su evolución a lo largo de la cinta es lógica y efectiva, si bien hay una decisión tomada en los compases finales que no me termina de cuajar. Algo más planos, aunque igualmente interesantes, son algunos de los secundarios que pueblan Un secuestro familiar. A mi parecer, destacan especialmente el tétrico Marci, interpretado por Áron Molnár, y el tío Rudi, interpretado por István Znamenák.
Las tonalidades grises de la cinta, y en general el tono apagado de la iluminación, no hacen más que enfatizar en el ambiente frívolo y hostil en el que no solo se encuentra la protagonista, sino también en el que parece encontrarse enmarcado todo el país. Pues la Hungría que se proyecta en Un secuestro familiar se trata de un país amordazado, empobrecido, del que la dictadura parece alimentarse como si de un vampiro se tratase. Resulta, por tanto, una estética acertada para el mensaje que quiere proyectar la cinta.
Un thriller donde el verdadero enemigo es el miedo
Quizá es en la dirección donde Un secuestro familiar me ha dejado algo más frío. La película cumple con su composición, si bien el montaje puede llegar a confundir en ciertas secciones, especialmente en su final. Durante esta sección, se abandona hasta cierto punto el componente de tensión que tan bien se maneja en los dos primeros tercios, limitándose a un intercambio rígido de planos-contraplanos que solo buscan resaltar la evolución repentina de la protagonista.
Si considero que este abandono es un paso atrás en la calidad de la película es porque, durante sus primeros compases, se gestiona realmente bien el suspense y la tensión. Encontramos una mirada tensa, fría, que expone la violencia física y, sobre todo, la psicológica de forma descarnada. A ratos incluso se recrea en dicho abuso, pero no lo hace tanto por morbo como por construir un discurso relativo a los abusos de poder y la despersonalización a la que se someten las personas bajo un régimen dictatorial.
Ya lo decía José Saramago: “El miedo seca la boca, moja las manos y mutila”. Quizá bajo esta idea se resume el núcleo ético de la cinta, una que pretende desvelar los engranajes que configuran a las grandes dictaduras. Imágenes amables que no resultan más que fantasías construidas en torno a la destrucción moral del pueblo, barbarie intelectual y psicológica que utiliza la despersonalización como método para dirigir a las personas. Solo por incidir en estas ideas, dentro de lo que a todas luces es una intrigante historia de suspense, merece la pena Un secuestro familiar.
Conclusión de 'Un secuestro familiar'
Un secuestro familiar me ha resultado, tal y como he expuesto a lo largo de esta reseña, un visionado fascinante que consigue englobar de forma creativa (aunque dependiente de la sobreexposición en ciertos momentos) los abusos silenciosos que se comenten durante una dictadura. Interesante resulta la vinculación de una estructura de familia tradicional con el gobierno dictatorial, incidiendo en el carácter patriarcal de esta y en la veneración absoluta hacia el líder. Uno que, por supuesto, lidera con mano de hierro para evitar insurrecciones. Aunque su final resulte un tanto repentino y carente de la creatividad vista en el resto de la película, resulta un visionado especialmente recomendado para cualquiera interesado en las dinámicas de poder en política y sociedad.
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