Un verano con Mónica dirigida por el maestro sueco Ingmar Bergman data del año 1953. El preciosista filme rodado en blanco y negro desató la controversia en la sociedad sueca. El motivo de la polémica fue el desnudo de la actriz Harriet Andersson que se vio incrementado por el romance extra-conyugal que mantuvo con el director. Disponible en Filmin.



Un verano con Mónica

 

Crítica de ‘Un verano con Mónica’

Ficha Técnica

Título: Un verano con Mónica
Título original: Sommaren med Monika

Reparto:
Harriet Andersson (Monika Eriksson)
Lars Ekborg (Harry Lund)
John Harryson (Lelle, el rival de Harry)
Georg Skarstedt (El padre de Harry)
Dagmar Ebbesen (Sra. Lindström, tía de Harry)
Bengt Eklund (Primer hombre en la tienda de verduras)
Åke Fridell (Ludwig Eriksson, el padre de Monica)

Año: 1953
Duración: 97 min.
País: Suecia
Director: Ingmar Bergman
Guion: Ingmar Bergman, Per-Anders Fogelström (Novela: Per-Anders Fogelström)
Fotografía: Gunnar Fischer (B&W)
Música:  Erik Nordgren
Género: Drama. Romance
Distribuidor: —–

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Tráiler de ‘Un verano con Mónica’

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  • Ingmar Bergman (Director)

Sipnosis

Estocolmo, año 1953. Mónica (Harriet Andersson) es una muchacha de 17 años que se gana la vida trabajando en una frutería. Por otro lado, está Harry (Lars Ekborg). Él tiene 19 años y trabaja de aprendiz embalando paquetes en un pequeño comercio de la ciudad.

Ambos comparten la frustración de estar siendo maltratados en sus respectivos puestos de trabajo. Pero todo cambia para ellos cuando se conocen en una cafetería. Allí se enamoran y deciden dejar sus trabajos para irse a pasar el verano en la pequeña embarcación de Harry.



La pasión de Ingmar Bergman

Decía el maestro Bergman lo siguiente: “Cine como sueño, cine como música. Ninguna forma de arte va más allá de la consciencia ordinaria como el cine, directo a nuestras emociones, profundo en el cuarto crepuscular del alma”.

Con estas apasionadas palabras observamos de manera muy clara el significado del cine para el cineasta sueco. Un verano con Mónica es una película clásica que simboliza a la perfección el significado metafórico del estío. Los amores veraniegos son la esencia de la película hoy reseñada.

Bergman es un director que causa algunas controversias entre crítica y público. Mientras la primera lo eleva a los cielos del séptimo arte, no son pocos los cinéfilos que califican su cine como demasiado denso. Es por ello, que he querido elegir una de sus películas más sencillas para quien desee introducirse en su cinematografía. La historia está tratada de una manera frugal, recreativa y con contenidos universales.

Un verano con Mónica
© 1953 – Criterion

Naturalidad narrativa: menos es más

Ingmar Bergman divide de manera natural el argumento en tres actos. Estos se corresponden con la clásica presentación de personajes, el nudo narrativo y el desenlace de la propuesta. En el cine, como en la vida, menos es más y la sencillez en una narración es fundamental para una buena conexión con el público.

En la presentación, el cineasta sueco nos habla de dos jóvenes con empleos no cualificados que se enamoran como tantos otros. Lo singular en Un verano con Mónica es que sus personajes encuentran como nexo de unión el maltrato que reciben en sus puestos de trabajo. Los jóvenes también comparten la falta de comunicación con sus respectivas familias. Pero sobre todo, están unidos por una fuerte atracción sexual que los lleva a su escapada veraniega.

Mónica y Harry son dos polos opuestos que se atraen. Él es tímido, responsable y de carácter más familiar. Ella es extrovertida, jovial, promiscua y rebelde en esencia. Con este cocktail explosivo Bergman conecta rápido con el espectador y nos lleva de huida en un verano que cambiará las vidas de los personajes representados.

Un verano con Mónica
© 1953 – Criterion

El nudo narrativo

Ingmar Bergman transita en la parte central de la película desde la oscuridad de la ciudad hasta la luminosidad en los archipiélagos donde centra el romance de los dos jóvenes. Allí, despreocupados y sin pensar en el futuro, dan rienda a sus instintos sexuales más primarios.

El cineasta sueco despliega un erotismo sutil, cuidado e hipnótico fijando la mirada de la cámara en la desbordante sensualidad de la actriz Harriet Andersson. Tanto fijó la cámara en ella que se enamoró de la actriz durante la filmación. De hecho, mantuvieron un romance que llevó al director a divorciarse de su esposa.

Pero de manera independiente a esta situación personal, esta parte de la película está plagada de bellísimos planos. Estos recorren palmo a palmo el rostro y el cuerpo de la actriz. Algunos desnudos de la joven interprete provocaron el escándalo en los sectores más conservadores. Hoy en día pasarían desapercibidos por la naturalidad de los mismos.

Sommaren med Monika
© 1953 – Criterion

El desenlace sin spoilers

Cuando el verano llega a su fin, Harry y Mónica, que se han bebido la vida a besos, tienen que afrontar la realidad. Su vuelta a la ciudad tras quedarse sin recursos está en el aire. La edad de la inocencia ha llegado a su fin.

El último tercio del filme es el de mayor potencia cinematográfica. En el mismo, se resolverán los conflictos planteados a lo largo de la película de una manera sorprendente. El final que por lógica no desvelaré, es de cine con mayúsculas. Ingmar Bergman cumple con eficacia y brillo las estructuras narrativas naturales de presentación, nudo y desenlace de una manera perfectamente sincronizada.

Sommaren med Monika
© 1953 – Criterion

Un primer plano para la historia del cine

En Un verano con Mónica encontramos una escena que cambió la historia del cine. Existe un primer plano de una desafiante Harriet Andersson mirando directamente a la cámara. Ingmar Bergman rompió una regla no escrita en la historia del cine. En ella, se prohibía a los actores que miraran directamente al objetivo. El director, a través de la actriz, retaba al espectador en un desafío directo que luego siguieron otros muchos cineastas. El mito Bergman ya era una realidad y sus influencias llegan hasta nuestros días.

Conclusión de ‘Un verano con Mónica’

Un verano con Mónica es una película perfecta con la que recordar o introducirse en una filmografía tan especial como es la del maestro Ingmar Bergman.

Hablamos de un cuento urbano que nos habla sobre el amor, la amistad, la traición, los celos, la maternidad, la sexualidad, el desengaño y los errores que nos llevan a formarnos como personas. Imprescindible para todos los cinéfilos.

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