«¡Bienvenidos al 16 Festival de Sevilla!», aún resuenan en mi cabeza las palabras de José Luis Cienfuegos cuando, por desgracia, ya empiezo a echar de menos la semana grande del cine en Sevilla. La capital andaluza, como cada año, ha rendido homenaje a lo mejor del cine europeo con su particular festival que, por cierto, goza de una salud envidiable, síntoma de su crecimiento a pasos agigantados.

Otro paso hacia adelante. 16 Festival de Sevilla

Intento sacar palabras desde la ebullición mental que suponen 20 películas en ocho días. Pero lo intento con gusto, porque, aunque el 16 Festival de Sevilla ha terminado, estoy plenamente feliz. Es indescriptible el sumo placer que supone ver tu ciudad vivir el cine con tal intensidad.

Tempranas colas, salas repletas, realizadores de todo el continente revoloteando por todas partes… Nosotros, los sevillanos, siempre presumimos de ciudad y, aunque no suelo ser de esos, hoy me voy a permitir el lujo de hacerlo: Sevilla, que bonita eres.

Si hay algo por lo que España, y especialmente el sur, destaca es por tener una personalidad llana, nadie es más que nadie. Y es curioso como el Festival de Sevilla abraza nuestro carácter. Esta semana, realizadores y público han estado en el mismo escalón, cara a cara, a la misma altura. Se pone gran esfuerzo en que esto sea así. Y es genial. La aproximación entre emisor y receptor es total. Es algo que define al Festival de Sevilla.

La comunión entre la ciudad y el festival está alcanzando un nuevo nivel, y como consecuencia su introducción casi total en las costumbres de la ciudad. Y ya no solo se le aprecia aquí, sino más allá de las fronteras de nuestro país.

Hablemos de cine. 16 Festival de Sevilla

En definitiva es de lo que se trata. Javier H. Estrada, programador del 16 Festival de Sevilla, acostumbra a hacer un gran trabajo. Recopila lo mejor que se ha ido paseando por Europa, tragando y tragando cine como si fuese su vida en ello -algo que seguramente tenga más de verdad que de dicho-. Veamos, finalmente, cómo le han ido las cosas este año.

De repente, el paraíso

Foto de De Repente, el paraíso
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De repente, el paraíso’ de Elia Suleiman fue mi primer plato. El director palestino realizaba un nuevo ejercicio del cine de observación en el que pasea desde su tierra natal, Palestina, a la que dedica el film, a Francia y a Estados Unidos, para terminar volviendo al punto de inicio.

La película es un conglomerado de sketches de corte irónico que tienen como cemento al propio Suleiman. Su presencia, sus ojos. Ni siquiera su voz -el diálogo es prácticamente inexistente en la cinta-. Sin embargo, solo el primero arrancó una carcajada en la sala. 

Un valiente ejercicio que llega a muy poco. La conexión entre los sketches es nimia y no crea ninguna tensión narrativa. Te aburres. Y ninguno de estos termina de ser brillante. Se pierde el contenido en la forma, que si que es buena, una fotografía bonita y una sobria dirección que, sin embargo, tampoco crea ninguna tensión. Exige demasiado para lo que ofrece.

El joven Ahmed

Foto de El joven ahmed
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Consecutivamente, los Dardenne ofrecían a ‘El Joven Ahmed’. En este caso, sendos directores brindan una experiencia mucho más satisfactoria, abordando una temática sensible y de eterna actualidad, el fanatismo religioso, a través de la historia de Ahmed, que diluye su alma juvenil en sus fuertes creencias y costumbres islamistas.

En una diatriba entre el descubrimiento del amor adolescente y su estricta y misógina religión presenciamos un atractivo e interesante estudio psicológico. Pulcro a la vez que sobrio. Una película diferente.

The Souvenir

Foto de The souvenir
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No iba a ser bueno el inicio del segundo día. Este empezaba con ‘The Souvenir’ de Joanna Hogg. La directora británica presentó un trabajo prácticamente autobiográfico, propio del cine del tedio.

El retrato del Londres de los 80 es muy ilustrativo. Las actuaciones son notables y la dirección también, para ser honesto, pero -y creo que aquí hay un gran debate- también exige muchísimo del espectador. Y sí, el director está en su justo derecho de exigirle cuanto quiera, así como el espectador está en su deber de reclamar algo a cambio.

Sin embargo, los ronquidos se oían como sugerentes voces en off, y los cabezazos, con consecuencias cervicales, acompañaban a los suspiros de pobres asistentes que no sabían a lo que venían.

De modo que, como espectador, alzo mi voz y muestro mi descontento con esta producción de Scorsese de la mano de Universal. Lo siento, pero ‘The Souvenir’ no cuenta nada nuevo, no estudia el alma humana y ni siquiera me parece verosímil. Curioso, cuanto menos, al ser autobiográfica. Y todo con el ritmo más lento y tedioso -cerrando el círculo- que podáis imaginaros.

Martin Eden

Foto de Martin Eden
Copyright Shellac Distributi

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Y de aquí, para abajo. De golpe, el listón subió hasta el cielo. Podría intentar sonar pedante analizando uno a uno los elementos técnicos que, para mí, convierten ‘Martin Eden’ en una suma expresión del arte, pero prefiero intentar serlo transcribiendo lo que aún sentía en el momento inmediatamente posterior a la última letra de sus créditos y que me ha dejado esta resaca que exige unas líneas a cambio, como pago al trabajo de Pietro Marcello.

Sin más preámbulo y diferenciando las dos -evidentes- partes de la película, confieso que durante la primera prácticamente perdí el sentido y el poder sobre mi cara, mi cuerpo y mis manos y brazos. De verdad os digo que quedé absorto -y absorbido- por la obra de Marcello. La historia de Martin, durante algo más de una hora, fue la mía. Me sumergí en su alma, me contagié de sus sentimientos. Los identifiqué con los míos gracias a las metáforas visuales que injerta el señor Marcello: diferentes fragmentos tratados con distintos tintes o gelatinas con, además, una estética clásica que tiene como protagonista ese grano de la fotografía analógica que ahora traducimos como ruido en la digital.

Esta técnica queda en total consonancia con la dirección de Pietro Marcello, de una inspiración descaradamente clásica. Y aunque en la segunda parte recuperé la conciencia, esta no fue filtro alguno para respirar el cruel y claravidente dolor que supuraba.

Nada más, véanla y denle todo su dinero a Marcello. Yo, si tuviese algo, no lo dudaría.

That which does not kill

Foto de That which does not kill
Copyright Alter Ego

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Quizá ‘That which does not kill‘, el documental de Alexe Poukine, fue la que más me emocionó. La película es un brutal ejercicio de empatía para algunos y un desgarrador relato para otros.

That which does not kill‘ cuenta una historia real que llega a Poukine a través de una espectadora de su anterior película. Nos guía desde la confusión hasta el dolor. Un drama a gran escala. Cruda, directa al corazón. Un relato con voz femenina en su mayor parte, pero dirigido a toda la sociedad. Necesario, obligatorio. De los que cambian el prisma, la percepción del ojo, a través de la mente.

Days of the Bagnold summer y Beats

Foto de Days of the Bagnold Summer y Beats

Filmaffinity (Days of the Bagnold Summer)

Filmaffinity (Beats)

Prácticamente el ecuador del artículo. Permitidme la unión de estas dos películas y un pequeño manifiesto como frontera:

Hay un gran estigma que castiga al cine europeo. No siempre es cargante, pesado o tiene un ritmo brutalmente lento. No todo el cine europeo es aburrido ni exageradamente independiente y experimental. Y estas dos películas me sirven como defensa.

Aliaré bajo este reclamo a ‘Days of the Bagnold summer‘, de Simon Bird, y a ‘Beats‘, de Brian Welsh. Curiosamente ambas británicas. Su parecido más evidente.

Days of the Bagnold summer es un descarado drama independiente de corte cómico. Más comercial de lo que pudiese parecer en un principio, retrata una relación materno-filial ciertamente arquetípica pero con especial encanto. Para ‘Beats‘ solo cambiaría «materno-filial» por «de amistad». Esta Beats‘ es una buddy movie «de libro», traviesa, muy divertida y conmovedora y sentimental a ratos. Al igual que ‘Days of the Bagnold summer‘.

Y no creo que sus similitudes sean algo necesariamente malo. Son películas muy potables que sirven, en el marco del festival, como válvula de escape. Túnel para que el vapor, que asfixia a la mente producto de algunas obras densas y pesadas, salga. Y, a su vez, clarividente ejemplo de la diversidad existente en el cine europeo.

Mr. Jones

16 Festival de Sevilla
Copyright Robert Palka / Film Produkcja

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La otra gran tanda de películas estuvo encabezada por ‘Mr. Jones’ de Agnieszka Holland. Una potente e impactante cinta polaca con gran peso político. Holland quiere jugar en varias ligas a la vez y, aunque el relato es aparentemente sencillo, se pierde repetidas veces en una sucesión torpe de escenas.

No obstante, en las condiciones adecuadas, el pesado drama llega a abrirse paso por entre la carne y penetra en la mente, el pecho y el estómago del espectador con una certeza absoluta. Tiene una buena dirección, una maravillosa fotografía y se corrige a sí misma sin terminar de perder el ritmo, por más que este sea irregular.

Little Joe

16 Festival de Sevilla
Copyright The Coproduction Office

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Y, aunque ‘Mr. Jones‘ fue una grata sorpresa, de golpe y porrazo vendrían varias decepciones consecutivas. O al menos a medias. Es el caso de ‘Little Joe‘ de Jessica Hausner, a la cual esperaba con considerables ganas después de lo que se había generado a su alrededor.

Sin embargo, su pesadísimo ritmo, su coqueteo con el cine de género, que -por desgracia- no se consuma, y sus mediocres actuaciones, en muchos casos, la convirtieron en un sí pero no. Me dejó con ganas de muchísimo más, como si se hubiese quedado a medio camino de todo y no llegase a nada.

Quizás, en este caso, las expectativas me jugaron una mala pasada. Algo que, sin duda, fue lo que me pasó con ‘Le voyage du prince‘ de Picard y Laguionie.

Le voyage du prince

16 Festival de Sevilla
Copyright de Bluespirit

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El día anterior tuve la suerte de estar en un encuentro con Picard en el que vendió su película maravillosamente bien, faltaría más. Además, enseñó algunos elementos de la producción, de los procesos de animación, junto a algunos bocetos, y terminó desvelando algunas experiencias -finalmente consejos- sobre su carrera en general. En definitiva, esperaba con ganas este pase.

Aunque la animación no terminó de fluir con naturalidad y su historia se queda en tierra de nadie, la película expelía un aroma japonés brutal. Picard había reconocido sus referencias a la arquitectura de Eiffel y, por ende, a la ciudad de París, pero no a lo japonés. Algo curioso cuando he comprobado el parecido de su obra con el videojuego ‘El profesor Layton‘, creado y diseñado por Akihiro Hino, figura principal de Level-5. Ayudado en esto último por Shu Takumi.

Y, si me lo permiten, tenderé un hilo más entre ambas producciones. En ‘El profesor Layton‘ tenemos como co-protagonista a Luke, un chico con una extraña facilidad para comunicarse con los animales. En ‘Le voyage du prince’ encontraremos a otro chico, Tom -honestamente, no recuerdo demasiado bien su nombre- con una habilidad muy parecida. Y, una vez más, hablando de parecidos, les dejo, como conclusión, una foto de ambos.

16 Festival de Sevilla

Jóvenes programadores

16 Festival de Sevilla
Copyright de Toronto International Film Festival

Mis líneas finales las dedicaré a este proyecto de Moving Cinema, el 16 Festival de Sevilla y la asociación cultural A Bao A Qu que viví desde dentro. Los participantes del programa pudimos visionar un genial trío de películas antes del comienzo del festival, para, posteriormente, seleccionar una que presentar -y arropar- junto a algunos realizadores de la misma. Vimos ‘A voluntary year‘, ‘Bait‘ y ‘Un film dramatique‘, y nos terminamos decantando por esta última, dirigida por Éric Baudelaire.

Fue una suerte poder conversar con Alyssa y Fatimata, actrices del film, y Alexandra, una de sus productoras, además de la increíble experiencia de hablar para toda una sala llena de espectadores amantes del cine. 

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