Pilar Massa dirige Alimañas (brillantes), adaptación de la obra original de Philip Ridley, uno de los dramaturgos mejores valorados del Reino Unido en los años 90. Esta versión ha sido adaptada por Manuel Benito, abordando la complicada situación que vive una sociedad totalmente capitalista. Además, cuenta con dos actores a la altura, Ainhoa Santamaría e Ignacio Jiménez. También cabe destacar que ha obtenido una recepción muy positiva por parte del público. La obra se puede disfrutar hasta el 20 de junio en la Sala Negra de los Teatros del Canal.



Alimañas (brillantes)

Crítica de ‘Alimañas (brillantes)’

Ficha Técnica

Título: Alimañas (brillantes)
Título original: Radiant Vermin

Reparto:
Ainhoa Santamaría
Ignacio Jiménez
Pilar Massa

Duración: 120 min. apróx.
Dirección: Pilar Massa
Traducción: Manuel Benito
Autor: Philip Ridley
Diseño de escenografía y vestuario:
Rafael Garrigós
Diseño de iluminación: Francisco R. Ariza
Espacio sonoro y música original: Raquel Jiménez
Diseño de audiovisuales: Miguel Agramonte
Prensa: Alexis Fernández
Fotografía: Sofía Moro
Diseño gráfico: David de la Torre
Ayudante de dirección: Eva Egido
Técnico en función: Miguel Agramonte
Maquinaria: Borja Torregrosa
Construcción escenografía: Readest Montajes S.L.
Transporte: Transportes Castillo
Residencia técnica: Teatro Municipal de Coslada
Jurídico: Gestión de actuantes S.L.
Producción: Massa i Jiménez y Teatros del Canal
Distribución: Matel Cultura

Tráiler de ‘Alimañas (brillantes)’

Sinopsis de ‘Alimañas (brillantes)’

Alimañas (brillantes) nos presenta a Lili y Oli, una joven y encantadora pareja con un bebé en camino que vive en -digamos- no el mejor barrio de la ciudad. Bueno, de hecho es tan malo, que incluso ¡se hizo un documental para la televisión sobre ese barrio! Pero un día, reciben una carta -entregada personalmente- en la que se les comunica que han sido seleccionados para participar en un nuevo programa de revalorización urbana promovido por el gobierno. Esto significa que se le va a conceder a una linda pareja -como ellos- una casa en un buen vecindario, aunque por el momento despoblado (bueno, no tan despoblado, ya que a ratos merodean los sintecho que viven debajo del puente: “la ciudad de cartón”).

El único inconveniente es que carece de elementos básicos como agua y electricidad. De todas formas firman, dispuestos a renovar su propiedad. Claro, renovar dormitorios, cocina, garaje, jardín… llevaría un tiempo, pero ellos parecen haber descubierto una forma increíble y única de agilizar el proceso…. (TEATROS DEL CANAL).



Alimañas (brillantes)
Foto de Sofía Moro

Crítica mordaz

Philip Ridley realizó una metáfora ácida e inteligente en los años 90 con la versión original de Alimañas (brillantes), la cual ahora llega a España en pleno 2021 de la mano de Manuel Benito y Pilar Massa. Lo que comienza como una historia tranquila, que, incluso, provoca extrañeza en su forma, termina por ser una crítica totalmente mordaz a un sistema todavía vigente. No se puede negar la inteligencia artística y la complejidad con la que aborda esta comedia irreverente y con unos giros absolutamente magnéticos. Gracias a esa incomodidad verosímil, amoldada con un histrionismo y sorpresa interesantes, redondean un humor que no es nada fácil. Por ello, su mayor virtud es lograr que el público sucumbe a los extraños encantos de esta pieza teatral. Además, introduce elementos de lo fantástico que aportan un carácter más vivo y permiten que los protagonistas se desenvuelvan en un espejo esperpéntico eficaz.

Uno de los puntos favorables es el desarrollo entre pasado y presente, conduciendo a los asistentes para convertirse en testigos y oyentes directos de los acontecimientos sucedidos. Como se ha mencionado antes, ese comienzo que provoca confusión, es un buen preludio de la locura que se va a vivir sobre en el escenario en las siguientes escenas. A pesar de lo rocambolesco que son los argumentos utilizados, ese sarcasmo social acaba por ser una bofetada de realidad sobre lo que ocurre alrededor. Por lo cual, ese objetivo culmina a la perfección en su clímax, acompañado de una propuesta distinta y con una personalidad interesante. Únicamente, de camino hacia el final de la obra, hay una escena en la que se reúnen varios personajes, que acaba por prolongarse en exceso. Es un gran reto para los actores, pero ralentiza el ritmo de la propia pieza.

Teatros del Canal
Foto de Sofía Moro

Un matrimonio bien avenido

Según comienza Alimañas (brillantes) salen a escena Ainhoa Santamaría e Ignacio Jiménez, junto con un carrito de bebé. Estéticamente, ya se puede ver el gran conjunto que hacen, pero interpretativamente son un absoluto éxito. Para comenzar, Ainhoa Santamaría, a la cual se ha podido ver últimamente en “Señoras del HAMPA”, demuestra tener un registro interpretativo con una madurez profesional completa. Mientras que en las primeras escenas deja salir una vertiente más luminosa, después transforma de una forma muy orgánica esa locura interna. Además, lo hace de una manera en la que llena de verosimilitud todo el espacio escénico. Por lo cual, Santamaría brilla totalmente sobre el escenario. También destaca el gran trabajo que realiza a la hora de tener que explorar otros personajes a lo largo de la pieza teatral. Una naturalidad extraordinaria y consistente. Después, Ignacio Jiménez se convierte en el perfecto partenaire de Santamaría.

Aun así, no es un acompañante en sí, sino que exprime al máximo a su personaje en todo momento. Hay partes en las que no duda en mostrar esa cotidianidad enrevesada, mezclada con una comedia tenebrosa que maneja sin problemas. También se observa una ejecución física y de control sobre el espacio, que le permite destacar sin problema y formar un tándem exquisito con su compañera. Al final de la obra, son el reflejo de la podredumbre de la insatisfacción social, lo que indica la compenetración que hay entre los dos. Por último, Pilar Massa realiza unas aportaciones puntuales, donde llama la atención y se valora su buen talante en escena. Sin embargo, su presencia a lo largo de la obra es anecdótica, lo que provoca que su atribución no sea tan impresionante como la del resto de sus compañeros. Pese a ello, interpreta gratamente.

Teatros del Canal
Foto de Sofía Moro

La transformación

El minimalismo que inunda la puesta en escena de Alimañas (brillantes) sienta las bases de una propuesta que plantea su fuerte en el preciosismo visual y en las estrategias expresivas. Por tanto, no necesita recargar más la escena, aunque hay partes en las que podría hacerlo sin problemas. La razón no es otra que hay escenas en las que se echa en falta que se llene más la escena, pero, en su conjunto, se suple por la estupenda coreografía de movimiento que se forma entre los actores. Además, también destaca el juego de luces, que se convierte en uno de los símbolos insignia de la propia producción teatral. Incluso, se podría decir que es uno de los recursos que más impresiona al espectador, visualmente. Por lo cual, cumple su función de asombrar y ser un elemento imprescindible por su justificación narrativa y artística.

El ritmo de la obra goza de una extraña cualidad amena y tranquila, que contrasta con la potencia de su mensaje. Por tanto, esa parsimonia es un aspecto artístico que no desentona y aporta todavía más a la propia ironía del libreto. No obstante, en el clímax hacia el final, la escena de la fiesta, no se controlan los tiempos totalmente y ese impacto escénico se diluye en una repetición excesiva. Luego, el uso del audiovisual es bastante sobrio y en una cantidad ciertamente pequeña, pero bien utilizado. Por lo que, son detalles que se agradecen sobre la escena. Por último, valorar el espacio sonoro, que introduce y envuelve al público en ese ambiente mágico y tenebroso. En conclusión, en su conjunto triunfa por ser una pieza que todavía perdura en la memoria tiempo después de verla.

Alimañas (brillantes)
Foto de Sofía Moro

Conclusión

Alimañas (brillantes) es una pieza teatral que realiza una crítica mordaz sobre la sociedad y un sistema capitalista imperfecto. Gracias a la inteligencia narrativa que plantea sobre el guion, se dibuja una fábula siniestra, que mezcla a la perfección varios conceptos de gran importancia social. Asimismo, valorar el trabajo de Ainhoa Santamaría e Ignacio Jiménez, los cuales bordan absolutamente sus papeles y los retos interpretativos que se plantean. Por otro lado, la puesta en escena, aunque sobria, sabe sacar partido a varios aspectos que culminan potentemente el resultado. Una bofetada en la cara a una sociedad que reflexionará, con esa acidez humorística, de una forma más profunda.

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