El teatro inmersivo gana adeptos en los últimos meses, a causa de la situación de la COVID-19 alrededor del mundo. Por lo tanto, no es extraño que haya personas que deseen buscar alternativas, con experiencias más interactivas. Una de ellas es Amor de cuarentena, un experimento social donde el espectador vive una historia de amor del pasado a través de mensajes de WhatsApp. Este proyecto ha sido escrito por Santiago Loza, bajo una dirección de Guillermo Cacace. Además, para la versión en España, ha contado con nombres muy conocidos por el público como Jaime Lorente, María Valverde, Cecilia Roth o Leonardo Sbaraglia. Para disfrutar de esta experiencia, se puede hacer a través de Scenikus desde el 10 de agosto, con una duración de 14 días en total.



Amor de cuarentena

Crítica de ‘Amor de cuarentena’

Ficha Técnica

Título: Amor de cuarentena
Título original: Amor de cuarentena

Reparto:
Jaime Lorente
Cecilia Roth
Leonardo Sbaraglia
María Valverde

Duración: 14 días
Dirección: Guillermo Cacace
Dramaturgia: Santiago Loza
Audiovisuales: Francisco Castro Pizzo
Diseño gráfico: Fernando Sanz
Programación: Federico Martella
Prensa y difusión: María Díaz
Producción ejecutiva: Elena Martínez y Georgina Rey
Idea: Ignacio Fumero
Distribución: Scenikus

Presentación de ‘Amor de cuarentena’

Sinopsis de ‘Amor de cuarentena’

Amor de cuarentena es una experiencia sonora. Durante 14 días un antiguo amor se comunica con nosotros en tiempos de encierro. Escuchamos su voz, la reconocemos. De alguna manera extraña nos brinda compañía. Cada oyente podrá seleccionar la voz con la que quiera realizar esta experiencia. Durante dos semanas, le irá enviando mensajes de whatsapp en lo que reconstruye un vínculo amoroso imaginario. También algunas fotos y canciones. (SCENIKUS). 



Amor de cuarentena
Foto de Scenikus

Como anónimos en botella

Santiago Loza ha sido el encargado de escribir Amor de cuarentena, una experiencia de teatro inmersivo que llega directamente al WhatsApp. Para comenzar, la plataforma Scenikus pone en preaviso al futuro enamorado de los mensajes que va a recibir en su móvil. A partir de ahí, cada día, sin una hora exacta, se recibirá un audio, una canción o material fotográfico. No obstante, desde el principio, se puede ver esa teatralidad en el texto, que no busca la cotidianidad o una cercanía más verosímil de lo coloquial. Por lo cual, el espectador debe dejarse invadir por la vorágine de sentimientos que se buscan despertar con cada uno de los audios, en los que se reflexiona sobre aquello que nunca se dijo en una relación. De esta forma, capta la atención del oyente, aunque sea solo para saber qué es lo que tiene que decir.

Claramente, la interactividad no se produce de forma activa entre el público y el supuesto viejo amor de antaño, algo que en algún momento puede diferir de la concepción primigenia que pudiera tener. Aun así, es un entretenimiento nostálgico, donde se puede disfrutar de la musicalidad de lo que se describe. Por una parte, hay días que son realmente fulgurantes, con una intensidad perfecta, en la que no se echa en falta nada. Mientras que, en otros, hay jornadas que se adornan con un audio solitario, que no termina de cuajar como se esperase. Por este motivo, en los últimos días se extraña que sigan con el nivel de experiencia del principio. Luego, como apunte, hay que subrayar el buen uso del lenguaje, dado que en ningún momento el sujeto que narra los audios pone un género a sus palabras. Gracias a ello, se adapta a cualquier persona.

Scenikus
Foto de Scenikus

La intensidad que mengua

Como se ha comentado anteriormente, en Amor de cuarentena empieza a flaquear esos pequeños detalles que construye el relato con las imágenes y lo sonoro. De esta forma, ese influjo dramático que encuentra su coherencia en su propio universo, mengua en las últimas partes. De esta forma, según pasan los días, podría decaer ligeramente el interés del espectador. Asimismo, es importante que el oyente utilice unos auriculares y tenga esos momentos de silencio e intimidad para hacer más efectivo el cometido. Por otro lado, hay que aplaudir la selección musical, que navega entre una elegancia romántica exquisita y una dosis de energía eléctrica, que contrastan y convergen perfectamente. Por ende, se puede ver un cuidado en lo que quiere transmitir, ya que se puede llegar a sentir lo que se plantea sin dificultad.

Sin embargo, las imágenes que se envían durante la experiencia no causan el mismo furor. La razón no es otra que son extremadamente simples, o sencillas, pero tampoco tienen el encanto de hacerse personales. Por ello, según se visualizan, se toma el significado literal, pero no va a más. En consecuencia, sería importante poder ver cómo mejorar el lenguaje de la mirada, de lo visual, dado que tiene un gran bagaje enriquecedor y se podría potenciar aún más. Por último, hay que resaltar la decisión de escoger cuatro actores que transmiten, de distinta forma, ese texto que interpretan. Por ejemplo, es una delicia la musicalidad de Sbaraglia, la contundencia de Roth, la cercanía de Lorente o la ternura de Valverde. Todo un acierto tener ese abanico dramático y saber gestionar la ausencia de la expresión visual.

Amor de cuarentena
Foto de Scenikus

Conclusión

Amor de cuarentena es una experiencia teatral interesante, que deja una sensación emotiva y sensitiva. No obstante, flaquea en varias percepciones visuales, como las imágenes, y que, en vez de llegar a un clímax en los últimos días, mengua su nivel al dar un menor influjo emocional. Aun así, es una obra inmersiva curiosa, lo que hace que vivirla sea todo un acierto. Para ello, es necesario sumergirse en esa vorágine de sensibilidad. En consecuencia, tras una premisa que se convierte en un buen ejercicio para el espectador, deja ver que se debe fomentar más la interactividad. Por lo que, con dichas mejoras, se obtendría un resultado excelente. Los mensajes perdidos en la red, que no se enviaron, cobran vida en forma de audios invadidos por el romanticismo teatral.

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