Andrés Rus, director y actor teatral, cursó sus estudios en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Desde 1998 comenzó su andadura por el universo del teatro, participando como intérprete en varios montajes como «Un air de Famille». En 2002 empieza a colaborar profesionalmente con la Compañía Guindalera. Su carrera actoral continúo, realizando trabajos en series como «Hospital Central» o «Cuéntame cómo pasó». En cine pudimos verle en «La vida en rojo», de Andrés Linares. En los últimos años, ha destacado su labor como realizador en producciones propias con su compañía: Calibán Teatro. Sus últimos trabajos fueron el montaje de «La extraña pareja», original de Neil Simon y recientemente, «Acreedores» de August Strindberg.

En Cinemagavia hemos tenido la oportunidad de entrevistarle con motivo de la clausura de Acreedores en el Teatro Lara el pasado 19 de octubre. Nos cuenta por qué decidió adaptar la obra de Strinberg, cómo ha evolucionado Calibán Teatro y sus orígenes en el mundo artístico. También nos habla de adaptaciones que le gustaría hacer y cuáles son sus próximos proyectos.

Entrevista a Andrés Rus

Andrés Rus
Foto de Andrés Rus

Diego Da Costa/Cinemagavia: Como director, ¿cuál fue tu mayor reto en el montaje de Acreedores?

Andrés Rus: Mi forma de trabajar siempre suele estar orientada desde el principio a evitar los peligros y trampas que creo tiene un texto a la hora de ser llevado a escena. Digamos que sobrevivir a ellos es para mí el mayor reto… En este caso, eran muchos: dónde está la modernidad o, mejor dicho, la universalidad de lo que cuenta el autor, cómo abordar hoy en día la enorme visceralidad que impregna muchos de los temas que toca; cómo mantener la atención del espectador en una obra que es un desnudo duelo verbal a tres bandas durante hora y media; cómo hacer entendible y lógico el salto mortal de estilo que hay dentro de Acreedores por el que pasamos de la comedia ligera o el melodrama folletinesco a la más cruda tragedia existencialista. 

La dramaturgia de Elda nos allanó, y mucho, el camino en este sentido. Se trata de una obra afilada, incómoda y resbaladiza la cojas por donde la cojas. Cosa que, por otra parte, es lo que más atrajo y me fascinó de ella. En cualquier caso, dotar al montaje de ritmo, suspense y tensión dramática fue desde el comienzo mi mayor obsesión. Como digo, es una obra que podría caer fácilmente en lo discursivo, con larguísimas parrafadas, repleta de ideas filosóficas y llena de profundas contradicciones en sus personajes. Estoy satisfecho con el resultado y, sobre todo, muy contento con el proceso de trabajo y creación con los actores.

Foto de Calibán Teatro

La reinvención de Strindberg

D.D./CG: ¿Es una reivindicación a la obra de Strindberg?

A.R.: Sin duda. Una de las grandes motivaciones que impulsaron el proyecto fue ampliar la visión que el público español tiene de la obra y personalidad de Strindberg más allá de su archiconocida «Señorita Julia». De ahí que elegiríamos Acreedores, mucho menos famosa pero igual o, incluso, más interesante por muchas razones, y acompañáramos la función con una exposición de autoretratos procedente del Museo Strindberg de Estocolmo titulada «Strindberg, Pionero del Selfie», un modo de mostrar a la gente la faceta multidisciplinar del artista total que fue. 

Por razones que desconozco, sus textos se han representado relativamente poco en nuestro país. Mucho menos, por ejemplo, que Ibsen. Probablemente, tenga que ver con ser un autor políticamente incorrecto y con su visión nada amable de la naturaleza humana.

D.D./CG: ¿Fue difícil encontrar teatros que quisieran ser la casa de Acreedores?

A.R.: La verdad es que no. De hecho, el nacimiento del montaje está directamente relacionado con el apoyo que recibimos de la Sala Nueve Norte, con la que llevamos trabajando varios años, gracias a la cual pudimos presentar el espectáculo en el Festival Surge Madrid de 2018. La respuesta del público y la crítica fue excelente a lo largo de las funciones que estuvimos en dicho espacio. Luego, el cambio a la Sala Lola Membrives del Teatro Lara, que le va como anillo al dedo a la obra, rápido y cómodo. Quisieron programar nuestra propuesta nada más verla. 

Foto de Calibán Teatro

El amor en las palabras de Strindberg por Andrés Rus

D.D./CG: En Acreedores se moderniza la obra desde un prisma femenino, al igual que hicieseis con el montaje de ‘Una extraña pareja’, ¿por qué os decantáis por esta perspectiva?

A.R.: Es una decisión dramatúrgica que, más que abordar la obra desde una perspectiva feminista, lo que trata es de combatir la supuesta y, en muchos casos, mal entendida misoginia de Strindberg y nivelar la balanza entre los dos personajes masculinos y el femenino, de igualarlos en sus virtudes y miserias, de hallar lo que comparten como seres humanos, de presentarlos a los tres como acreedores y deudores en la perversa metáfora que usa el autor para describir la naturaleza del amor y las relaciones de pareja. De ahí también, aparte de como forma de señalar la relativa modernización del texto, la @ que hemos introducido en el título.

D.D./CG: ¿Cómo han evolucionado las relaciones amorosas en el tiempo? ¿Hemos avanzado o de alguna manera, somos herederos de una estructura muy marcada por las relaciones convencionales: celos, lucha de egos…?

A.R.: En teoría, sí hemos avanzado. Sin embargo, hay sentimientos atávicos (como, efectivamente, los celos, el deseo de dominación dentro de la pareja, etc.) que nos siguen acechando desde nuestro inconsciente, por muy liberales, modernos y abiertos que queramos ser. Además de que la estructura heteropatriarcal continúa apuntalando nuestras vidas. De eso habla precisamente Acreedores, y de ahí la actualidad del texto. Los hombres que retrata Strindberg, a pesar de pertenecer a una esfera progresista, a una élite cultural, se ven superados ante la nueva posición de la mujer, y esa inseguridad despierta sus instintos más primitivos. La escalada de violencia de género que sufrimos en nuestros días es sintomática de que determinadas cosas siguen igual.

Andrés Rus
Foto de Andrés Rus

La inspiración de la adaptación

D.D./CG: No dudáis en realizar obras que os apasionan, ¿qué título te gustaría adaptar, ya sea de teatro o incluso, adaptaciones de película?

A.R.: Hay veces que no es una pasión ya existente lo que me lleva a elegir una obra. En ocasiones, al principio no hay más que una chispa inquietante, una curiosa e inexplicable atracción que creo, de forma intuitiva, puede convertirse en pasión y descubrimiento. Es el caso de Acreedores. Con «La Extraña Pareja» fue diferente. Ya estaba enamorado mucho antes de la obra y, sobre todo, de la película.

La lista de obras que me gustaría llevar a cabo es enorme. De películas hay una que llevo tiempo soñando con adaptar al teatro: «El Seductor», de Don Siegel, un historia de terror gótico que transcurre en la Guerra Civil Americana. Por desgracia, la realidad, al final, nos obliga siempre a poner los pies sobre la tierra y ser muy cuidadoso con las elecciones.

Foto de Calibán Teatro

Andrés Rus en lo personal

D.D./CG: Chema Coloma, Elda García-Posada… Sois ya toda una familia teatral, ¿cómo se formó esta unión profesional? 

A.R.: Pues primero entre Elda y yo. Trabajamos juntos en las dramaturgias, ella actúa y yo dirijo y me encargo de la producción. Empezamos en Nueva York, con una serie de lecturas dramatizadas bilingües basadas en «Jack, the Clown» de Hjalmar Bergman, las cuales subimos al escenario de 13th Street Repertory Theatre. Luego, ya en España, montamos «La Más Fuerte», también de August Strindberg. A continuación, se nos unió Chema Coloma en otro montaje titulado «El Grito de Campanilla», de Sara Sánchez. Desde entonces, se ha convertido casi en nuestro «actor fetiche», colaborando con nosotros también en «La Extraña Pareja» y Acreedores.

Para mí, es un placer trabajar con ambos, tanto con Elda como con Chema. Con los dos comparto visiones similares de cómo abordar el trabajo, así como una relación que va más allá de lo profesional. Y, a fin de cuentas, eso es lo más importante. La vida siempre antes que el arte.

D.D./CG: Además, Elda García-Posada es tu pareja, ¿podéis desconectar de vuestros proyectos profesionales en vuestra faceta personal? 

A.R.: Puedo asegurarte que lo intentamos todo lo posible, pero no siempre con éxito. Tratamos de desconectar siempre que tenemos oportunidad, que no ocurre a menudo, y no llevarnos el trabajo a casa; sin embargo, es complicado. Entre otras cosas, porque nos apasiona lo que hacemos y una parte de nosotros está encantada de hacer horas extras mentales.

Andrés Rus
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Los inicios artísticos

D.D./CG: Tus inicios en el medio artístico fue como actor, ¿por qué decidiste cambiarte de estar sobre las tablas a detrás de ellas? 

A.R.: Me sigo viendo como actor. Como un actor que dirige a otros actores. No tengo una visión de mi mismo como director; si te soy sincero tampoco creo que pueda llegar a tenerla en el futuro por muchos montajes que lleve a cabo. La principal razón por la que ahora dirijo es la misma que me llevó a actuar antes: la avidez hacia los textos, la atracción por formar parte y dar mi punto de vista sobre una historia que me fascina. Lo que sí me permite dirigir es, evidentemente, poder elegir con mucha mayor libertad el material con el que quiero trabajar. Si acaso te diría que el tránsito de una faceta a otra tiene más que ver con este deseo de independencia que con cualquier otra cosa.

D.D./CG: También comenzaste periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información, ¿allí ya nació tu pasión por el mundo artístico? ¿Fue por eso por lo que lo dejaste? 

A.R.: En absoluto. Ya me encantaba el teatro y, sobre todo, el cine desde bien pequeño. Estudiar periodismo o fue más que una decisión prematura basada en la vaga idea de que me permitiría escribir. Cuando me surgió la posibilidad de entrar en la RESAD no me lo pensé dos veces y no tardé en olvidarme de las masificadas aulas de la facultad.

Foto de Calibán Teatro

El nacimiento de una compañía

D.D./CG: ¿Cómo nació Calibán Teatro?

A.R.: Calibán Teatro surgió de la necesidad y el deseo de entrar en contacto con textos que nos interesaban muchísimo y con los que, de otro modo, parecía imposible poder trabajar, con un tipo de teatro basado en lo que este tiene de lugar de diálogo, crítica y emoción, de contacto íntimo entre el actor y las personas que le escuchan en la oscuridad.

Es, en ese sentido, una iniciativa independiente que poco tiene que ver con otra cosa que no sea el placer de trabajar con un material que trate temas que conecten con nuestras inquietudes personales y también, según nuestro punto de vista, con las del público de hoy en día. De ningún modo creemos que lo comercial esté reñido con lo creativo y artístico. Yo diría que “La Extraña Pareja” y «Acreedores» son una buena prueba de ello.

Andrés Rus
Foto de Andrés Rus

El futuro profesional de Andrés Rus

D.D./CG: Por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos?

A.R.: A veces no es nada fácil para una compañía pequeña, como continúa siendo aún Calibán, poner en movimiento nuevos montajes cuando se tienen en activo otros, como es el caso de “La Extraña Pareja” y Acreedores. Las ingratas pero imprescindibles labores de distribución, producción y promoción apenas nos dejan tiempo para afrontar con el espacio mental y la tranquilidad creativa necesaria la puesta en marcha de nuevos proyectos artísticos.

A pesar de ello, tenemos dos actualmente en la parrilla de salida. Ahora a primeros de año veremos cuál es el que tira hacia adelante. El primero gira en torno a la figura de la feminista radical de los 60, Valerie Solanas. Y el segundo es “La Hora del Lince”, una obra maravillosa, terrible y poética, escrita por Per Olov Enqvist y traducida recientemente por Elda para la Asociación de Directores de Escena. Estamos deseando ponernos manos a la obra con cualquiera de los dos.

Puedes leer la crítica de Acreedores, obra teatral dirigida por Andrés Rus, pulsando aquí.

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