Steven Quale ha pasado de jugar con los vaivenes de la muerte en la saga Destino Final a contemplarla desde muchísimos pies de altura en su nueva Black Box: Vuelo 298, presentada como un remake del cortometraje Vessel, de Clark Baker. El que una vez fue director de segunda unidad para James Cameron vuelve al ruedo para intentar rescatar una potencial gallina de huevos de oro: el miedo universal a volar. Steven Quale con este thriller sobrenatural sigue los escalofriantes sucesos misteriosos a bordo del vuelo 298 de Vero Airlines, que cubre la ruta de Nueva Orleans a Seattle. Estreno el 4 de septiembre de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Black Box: Vuelo 298'
Ficha Técnica
Título: Black Box: Vuelo 298
Título original: Black Box / Flight 298
Reparto:
Tom Brittney (Jeremy)
Holly White (Emma)
Betsy-Blue English (Rachel)
Dane Whyte O'Hara (Brad)
Kaja Chan (Chen)
Boadicea Ricketts (Lauren)
Ceallach Spellman (Asher)
Georgina Leonidas (Yasmin)
Molly Belle Wright (Chloe)
Hanneke Talbot (Paula)
Danny Mac (Darren)
Weronika Rosati (Isabelle)
Anton Trendafilov (Un anciano enfermizo)
Año: 2026
Duración: 85 min.
País: Estados Unidos
Director: Steven Quale
Guion: Stephen Susco
Fotografía: Steven Quale
Música: Raffertie
Género: Thriller. Terror
Distribuidor: Vértice Cine
Tráiler de 'Black Box: Vuelo 298'
Sinopsis
El vuelo comercial 298 que cubre la ruta de Nueva Orleans a Seattle acaba estrellándose y convirtiéndose en el centro de un escalofriante misterio sobrenatural.
El motivo del accidente se desconoce hasta que se encuentran las grabaciones entre los restos. Lo que les sucedió a los pasajeros del vuelo 298 escapa totalmente a la razón humana… (Vértice Cine)
Dónde se puede ver la película en streaming
Ciencia ficción y un poco de jet lag
Alejada del cutrerío catastrófico de The Asylum, pero igualmente ligada a las producciones sci-fi de Serie B, lo nuevo del también director de En el ojo de la tormenta, si destaca en algo, es por no destacar en absoluto. Otro juguete más que toma la sencillez como identidad inmutable y se rinde a la fórmula de pequeños espectáculos unidimensionales desprovistos de complejos. Ocurre que no todos los cineastas son tan inteligentes y prácticos en el campo del buen cine intrascendente como André Øvredal, con un estupendo dominio técnico y una lucidez que le permite fluir sin perder en ningún momento el control sobre los recursos, el ritmo y la historia. Así lo vimos en las, al menos para mí, notables La Autopsia de Jane Doe y El Pasajero Nocturno.
The Mist con turbulencias
En Black Box: Vuelo 298 hay cierto gusto por la tensión in crescendo y el aprovechamiento de los cimientos claustrofóbicos propios de The Descent, salvando las distancias. Además de una composición de planos mecánica y cumplidora, el montaje salta entre distintos formatos (móvil - cámara) en aras de situarnos con rapidez en la nueva era digital a la que trata de representar.
Hay en ella un intento de plasmar la falta de desconexión con los dispositivos y las últimas olas conspirativas, de señalar la tendencia de no dejar nada sin inmortalizar y de sumergirse en la paranoia discursiva colectiva. A Stephen Susco, responsable del guion, le queda muy grande la senda de Stephen King y Frank Darabont en La niebla tan pronto como su perspectiva vacua y desorientada sobre la polarización y el miedo se entierra a sí misma hasta quedar en un boceto social muy anecdótico. Incluso se da el lujo de flirtear con La invasión de los ultracuerpos, pero su capacidad de enfocar ideas es tan limitada que el detalle no llega ni a un ¿Qué pasaría si...? de Marvel.
Sin paracaídas para la IA
Como cáscara de entretenimiento sin ínfulas, el filme cumple con aprobado raspado debido a la acumulación de incógnitas opresivas y la dinámica al rojo vivo entre los encargados, los ocupantes del avión y los elementos sobrenaturales. Pero cumple al fin y al cabo, aunque sus personajes carezcan de interés y funcionen en piloto automático, aunque el guionista no parezca conocer la inspiración, o aunque la decisión de utilizar IA con algunos acabados corte el rollo por la eterna pereza de su propósito. Black Box: Vuelo 298, pese a no fallar estrepitosamente en el aterrizaje, parece hecha con la intención de que todo Cristo se olvide de Steven Quale.
Conclusión de 'Black Box: Vuelo 298'
Black Box: Vuelo 298 se ve tan pronto como se olvida. Un acercamiento mediocre a la ciencia ficción paranoica incapaz de decidirse entre Frank Darabont o Philip Kaufman para rematar el esqueleto de su relato en tiempos de obsesiones digitales, perspectivas polarizadas y jugueteos con la conspiración negacionista. Sin trucos superlativos, sin florituras narrativas y con un correcto manejo de la tensión y los espacios estrechos. Entretenimiento genérico en la mayoría de sus vertientes.
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