Caminando con el diablo supone el debut en el largometraje de Rubén Pérez Barrena, cineasta zaragozano que ya había mostrado su interés por el thriller y el terror en cortometrajes como Walkie Talkie y Rewind. La película se adentra en el terreno del thriller rural y psicológico, utilizando la España de los años ochenta y los paisajes áridos de Los Monegros como escenario para una historia marcada por la culpa, la pérdida y la violencia. Pérez Barrena construye así una película en la que el paisaje y la psicología de los personajes están estrechamente relacionados. Caminando con el diablo fue rodada en Zaragoza, Los Monegros y distintas localizaciones de la Comunidad de Madrid. Estrenada el 6 de marzo de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Caminando con el diablo'
Ficha Técnica
Título: Caminando con el diablo
Título original: Caminando con el diablo
Reparto:
Tamar Novas (Miguel)
Marina Salas (Alicia)
Iván Marcos (Tomás)
Annick Weerts (Marie)
Alban Petit (Philippe)
Mateo Medina (Álamo)
Vicente Vergara (Ibáñez)
Jorge Asín (Tractorista)
Guillermo Navajo (Guardia Civil)
Chavi Bruna (Gasolinero)
Álvaro Lafora (Capitán)
Edgar Costas (Mirón)
Miguel Moreiras (Jugador)
Año: 2026
Duración: 84 min.
País: España
Director: Rubén Pérez Barrena
Guion: Jesús Miguel Quintana, Rubén Pérez Barrena
Fotografía: Javier Salmones
Música: Juanjo Javierre
Género: Thriller. Vida rural
Distribuidor: Filmax
Tráiler de 'Caminando con el diablo'
Sinopsis
España, años ochenta. Miguel y Alicia arrastran la desaparición de su hijo Gabriel. Miguel se consume por la culpa de aquella noche de alcohol en la que lo perdió. Para Alicia, en cambio, quien murió ese día no fue su hijo, sino su marido. Lejos de ese infierno, Philippe, un niño francés de diez años, viaja en caravana junto a sus padres. Sus caminos se cruzan con los de Miguel y Alicia. Ese encuentro desencadena un viaje sin retorno al lado más oscuro del ser humano. (Filmax)
Dónde se puede ver la película en streaming
Mucho sufrimiento, poca verdad
Caminando con el diablo intenta hablar del duelo, de la culpa y de hasta dónde puede llegar una persona cuando pierde cualquier referencia moral. El problema es que el guion acaba recurriendo demasiado a mecanismos propios del thriller y pierde profundidad psicológica. Esto provoca que lo que debería resultar perturbador termina pareciendo, en algunos momentos, simplemente desagradable.
Además, hay decisiones narrativas que buscan provocar sorpresa más que construir una evolución convincente. Se nota demasiado el deseo de llevar a los personajes hacia un determinado lugar, y eso hace que algunas de sus acciones resulten poco naturales. La historia tiene potencial, pero la ejecución termina siendo bastante más convencional de lo que prometía.
El paisaje como amenaza
Rubén Pérez Barrena intenta aprovechar la España rural de los años ochenta como escenario para una historia claustrofóbica. Esto es una buena decisión, ya que el aislamiento, las carreteras, las casas alejadas y los espacios abiertos consiguen transmitir una sensación de vulnerabilidad.
La dirección se muestra demasiado pendiente de crear atmósfera. Hay momentos en los que parece que Caminando con el diablo quiere ser oscura antes que realmente inquietante. Además, existe una cierta tendencia a subrayar esa oscuridad de los acontecimientos, y cuando una película insiste demasiado en recordarte que estás ante algo terrible, consigue justamente lo contrario, que dejes de sentirlo.
Devorados por la tragedia
El matrimonio protagonista es, evidentemente, el centro emocional de la película. Tamar Novas y Marina Salas representan dos formas diferentes de enfrentarse a una pérdida insoportable, y esa contraposición es probablemente uno de los elementos más interesantes del guion.
Miguel está consumido por la culpa, mientras que Alicia parece haber convertido el dolor en resentimiento. El hándicap es que Caminando con el diablo no siempre profundiza suficientemente en ellos y termina utilizando sus traumas como herramientas para llevar adelante la trama.
Pesadilla rural
Caminando con el diablo sabe aprovechar bastante bien sus localizaciones. La España rural de los ochenta aparece como un espacio aislado y casi suspendido en el tiempo, algo que favorece la sensación de amenaza. La fotografía busca una estética apagada y sombría, acorde con el estado emocional de los protagonistas, los espacios abiertos no transmiten libertad, sino desamparo.
Pero la factura técnica termina estando por encima del contenido. Hay imágenes interesantes y una atmósfera conseguida, pero cuesta encontrar una propuesta visual verdaderamente personal que compense las carencias del guion.
Conclusión de 'Caminando con el diablo'
Caminando con el diablo tiene buenas intenciones y un escenario magnífico para el thriller rural, pero está demasiado empeñada en ser oscura, cruel y desagradable. Además, quiere hablar de la culpa, el duelo y los límites de la condición humana, pero termina caminando demasiado por la superficie de sus propias tinieblas.
Reportaje de Caminando con el diablo en Días de Cine TVE
Únete a nuestro CANAL DE TELEGRAM





