Digger es la nueva propuesta del director mexicano Alejandro González Iñárritu (Amores perros, Babel, Birdman). Protagonizada por Tom Cruise, la película plantea qué ocurre cuando quienes han llevado el mundo al borde del abismo se presentan como sus únicos salvadores. Digger aborda esta paradoja a través de una sátira desmesurada sobre el poder económico, la irresponsabilidad y la fantasía del control absoluto. Con ecos de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), de Stanley Kubrick, la película convierte el absurdo en una forma de retratar una civilización que parece incapaz de detener su propia destrucción. Sin embargo, su voluntad de llevarlo todo al límite plantea cuestiones incómodas tanto a la película como al espectador. Estreno el 2 de octubre de 2026 en salas de cine españolas.



Digger película

Crítica de 'Digger'

Ficha Técnica

Título: Digger
Título original: Digger

Reparto:
Tom Cruise (Digger Rockwell)
Riz Ahmed (Ganesh)
John Goodman (Presidente Compson)
Sandra Hüller (Emma Rockwell)
Michael Stuhlbarg (Vicepresidente)
Jesse Plemons (Kenny)
Robert John Burke (Fitzgerald)
Emma D'Arcy (Lina)
Burn Gorman (Amos)
Mercedes Hernández (Ama de llaves de Digger)
Sophie Wilde
Pip Torrens
Danny Kirrane (Sandy Clarkson)

Año: 2026
Duración: 128 min.
País: Estados Unidos
Director: Alejandro González Iñárritu
Guion: Alejandro González Iñárritu, Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone, Sabina Berman. Historia: Sabina Berman, Alejandro González Iñárritu, Jez Butterworth
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música: Cosmo Sheldrake
Género: Comedia dramática
Distribuidor: Warner Bros Pictures España

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Digger'

Sinopsis

El hombre más poderoso del mundo emprende una frenética misión para demostrar que es el salvador de la humanidad antes de que el desastre que ha desencadenado destruya todo. (Warner Bros Pictures España)

Dónde se puede ver la película en streaming



Digger, Strangelove y el amor por el desastre

Hay una imagen que resume el universo de Digger: un hombre que contribuye a desencadenar una catástrofe planetaria y que, lejos de cuestionar el sistema que lo ha hecho posible, se propone convertirse en su salvador. Digger Rockwell, el magnate petrolero interpretado por Tom Cruise, no concibe la posibilidad de que el mundo pueda prescindir de él. Su mayor problema no es haber llevado las cosas demasiado lejos, sino que la realidad se atreva a escapar de su control.

La premisa sitúa inmediatamente la película en la órbita de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú de Stanley Kubrick. La comparación no es únicamente tonal: ambas películas encuentran en el absurdo una herramienta para representar un poder que ha perdido cualquier relación razonable con sus propias consecuencias. En la obra maestra de Kubrick, la maquinaria de la destrucción nuclear continúa funcionando porque nadie parece capaz de interrumpirla; en el intento de Alejandro González Iñárritu, el desastre ecológico pone en evidencia un sistema económico y político que sigue confiando en sus propias recetas incluso cuando estas han contribuido a provocar el colapso. La diferencia está en el objeto de la sátira: donde Kubrick diseccionaba la lógica militar de la Guerra Fría, Digger dirige su mirada hacia la alianza entre capital, política y explotación de la naturaleza.

Pero hay algo que separa a ambas películas y que permite medir las virtudes y los límites de la propuesta de Iñárritu. El humor de Kubrick surgía de la precisión de un mecanismo: cada gesto, cada decisión y cada razonamiento aparentemente sensato contribuían a hacer inevitable lo inconcebible. En Digger, en cambio, el absurdo tiende a manifestarse mediante la acumulación. Los personajes gritan, exageran y se precipitan hacia el desastre con una intensidad que, por momentos, sustituye la construcción de una lógica satírica por la exhibición de su propia desmesura. La película quiere que el espectador perciba el disparate, pero no siempre confía en que pueda descubrirlo por sí mismo.

Tom Cruise

Jueces y verdugos

Digger encarna una contradicción que va más allá de la caricatura del multimillonario excéntrico. Es un hombre que ha construido su poder sobre la extracción de recursos y que, cuando las consecuencias de esa actividad amenazan con desbordarse, interpreta la crisis como una nueva oportunidad para demostrar su excepcionalidad. La catástrofe no modifica su concepción del mundo: simplemente amplía el escenario en el que pretende ejercer su autoridad.

El capitalismo que retrata no se limita a destruir su entorno. También aspira a monopolizar las soluciones a los problemas que genera. Digger no puede imaginar una respuesta al desastre que no pase por él mismo. Su narcisismo es, en este sentido, algo más que un rasgo psicológico: constituye la forma humana de un sistema que identifica el interés particular con el interés general y presenta la acumulación de poder como una garantía de salvación colectiva.

La ironía es evidente. El hombre que ha contribuido a poner en peligro el planeta se presenta como el único capaz de rescatarlo. Y lo hace sin renunciar a los presupuestos que han conducido a la crisis. La película señala así una de las paradojas de la retórica empresarial contemporánea: convertir la responsabilidad por el daño en una nueva fuente de legitimidad.Es más facil pensar en el fin del mundo que en el fin del capitalismo.

Tom Cruise

Un nuevo advenimiento tomcruisiano

Alejandro González Iñárritu simplifica en ocasiones aquello que mejor comprende. Al concentrar buena parte de la sátira en la extravagancia de Digger, corre el riesgo de hacer del capitalismo una cuestión de personalidades monstruosas. El problema parece residir en la existencia de individuos particularmente codiciosos, cuando lo verdaderamente inquietante es que el sistema puede seguir funcionando con independencia de quién ocupe su centro. Digger resulta ridículo, pero el mundo que lo ha convertido en una figura de poder no lo es menos.

La elección de Tom Cruise añade una segunda capa a la película. Durante décadas, su imagen cinematográfica ha estado ligada al dominio del cuerpo, la capacidad de asumir riesgos y la voluntad de superar cualquier obstáculo. Digger Rockwell representa una inversión grotesca de ese imaginario. Un hombre que conserva la convicción de ser invulnerable cuando todo a su alrededor demuestra lo contrario.

La transformación física del actor y su interpretación deliberadamente excesiva contribuyen a desfigurar la figura del héroe de acción. Cruise no es el individuo que corre para salvar el mundo. Ahora es alguien que necesita convencerse de que el mundo todavía puede salvarse gracias a él. La diferencia parece pequeña, pero modifica radicalmente el sentido de su presencia en pantalla.

No obstante, Cruise ocupa tanto espacio interpretativo que la película acaba dependiendo en exceso de su personaje. Su energía resulta magnética, pero también contribuye a reproducir el egocentrismo que el filme pretende ridiculizar. Digger quiere ser el protagonista de la salvación del mundo; Digger, la película, parece a veces incapaz de dejar de mirarlo.

Digger película

Imaginar el fin

La dimensión ecológica de la película introduce una contradicción formal especialmente interesante. Alejandro González Iñárritu denuncia una concepción del planeta basada en su explotación ilimitada, pero lo hace mediante una puesta en escena que busca también la grandiosidad, la saturación y el exceso. La fotografía de Emmanuel Lubezki y la escala visual de la producción convierten la crisis en una experiencia cinematográfica de enorme intensidad.

¿Puede el cine denunciar la espectacularización de la catástrofe sin convertirla, a su vez, en espectáculo? Digger no resuelve esta pregunta, pero su propia contradicción la vuelve pertinente. El desastre ambiental aparece como una amenaza material y, simultáneamente, como una imagen destinada a producir fascinación. El espectador contempla la destrucción desde la seguridad de la sala, donde incluso el colapso puede adquirir la forma de un acontecimiento estéticamente placentero.

La película parece consciente de este problema, aunque no siempre consigue convertirlo en una reflexión sostenida. Su ambición visual abre posibilidades que el relato no termina de desarrollar. Allí donde la puesta en escena podría hacer perceptible la fragilidad de la relación entre los seres humanos y su entorno, el exceso formal amenaza con devolverlo todo al terreno del espectáculo.

También por eso resulta significativo el contraste con Kubrick. ¿Teléfono rojo? encontraba en la frialdad de sus espacios, en la rigidez de sus composiciones y en la impasibilidad de sus personajes una forma de expresar el carácter mecánico de la destrucción. Iñárritu opta por una aproximación mucho más exuberante. Su mundo no parece avanzar hacia el desastre mediante una maquinaria silenciosa, sino precipitarse hacia él entre aspavientos, discursos y una actividad frenética que confunde movimiento con capacidad de actuar.

Digger película

Conclusión de 'Digger'

El principal problema de Digger es la dificultad para encontrar una medida que permita que la exageración produzca sentido. Y, sin embargo, hay algo valioso en el fracaso parcial de la película. Alejandro González Iñárritu parece querer hacer una obra a la altura de un mundo que ha convertido la crisis permanente en una forma de normalidad. Su exceso puede entenderse como un intento de encontrar una forma cinematográfica para esa saturación. El problema es que, en ocasiones, la película no representa el ruido del presente: se limita a reproducirlo.

Al fin y al cabo, Digger Rockwell es una suerte de doctor Strangelove del capitalismo fósil: un hombre que contempla la posibilidad de la destrucción sin abandonar su fe en el poder que la ha hecho posible. Pero mientras Kubrick conseguía que la risa se congelara ante la perspectiva de un mundo destruido por sus propias instituciones, Iñárritu no siempre logra que su sátira trascienda la caricatura.

Digger es una película ambiciosa, irregular y deliberadamente excesiva, cuya mayor virtud reside en la contradicción que no termina de resolver: quiere denunciar la fantasía de que todo puede someterse a la voluntad humana, pero necesita convertir esa denuncia en un espectáculo que lo ocupe todo. Su protagonista no sabe imaginar un mundo sin él. La película, por momentos, tampoco.

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Guillem Uceda i Oliver
Guillem Uceda i Oliver (Barcelona, 1999). Estudié Comunicación Audiovisual en la UAB y cursé un máster en Estudios comparativos de Literatura, Arte y Pensamiento en la UPF. También he cursado el master de profesorado y actualmente estoy trabajando en mi doctorado en Humanidades. En mi tiempo libre hablo de cine y cuesta soportarme.
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