Numerosas son las películas que últimamente podemos encontrarnos de la cinematografía rusa contemporánea que están teniendo una segunda vida más allá de las fronteras de su país. Lo cierto es que el plan impulsado por el ministerio de cultura ruso de conseguir superproducciones que puedan equipararse al cine de entretenimiento Hollywoodiense, en cuanto a estándares de producción se refiere está funcionando. Si comparamos el cine de mitades de los dos mil y el cine que se hace ahora, el plan ha conseguido ciertos éxitos. Y que pasa con el cine de terror ruso?

Introducción al panorama comercial cinematográfico ruso

En el mejor de los casos, algunas de estas superproducciones ha conseguido distribución en cines en Europa, por ejemplo es el caso de Salyut-7: Héroes en el espacio, que se estrenó (aunque de manera limitada) en España. Otras han tenido un reciclaje, siendo compradas por televisiones, como es el caso de una de las películas más taquilleras rusas Dvizhenie vverk (Traducida en España como Tres segundos), emitida hace poco por la cadena Cuatro. Incluso dentro de su propia mediocridad, algunas han conseguido estatus de culto como cine trash, como es el célebre caso de Guardians (2017; la versión rusa de Vengadores).

Lo cierto es que este cine no deja de ser el reverso de la moneda del cine norteamericano, con sus mismos aciertos y errores. Una forma más de propaganda. Sin embargo, mientras el éxito es notable en muchos géneros, el cine de terror ruso ha quedado relegado a un aborto, un engendro, que en realidad dice mucho de la sociedad contemporánea rusa.

Salyut-7

No hay circunstancias favorables

Lo cierto es que no se dan las circunstancias favorables para que exista cine de terror ruso de calidad. Para empezar, no hay una tradición firme, algo que ya viene de la URSS, donde apenas se cuentan con los dedos de una mano las películas que pueden clasificarse dentro del género (por razones ideológicas). Lo que hace que gran parte del propio público (de mayor edad) no se interese por este tipo de cine, mientras que los más jóvenes prefieren consumir cine de género norteamericano, que sin duda es de una factura mucho más superior.

Otro de los grandes problemas es la propia idiosincrasia de este cine: No tiene ningún tipo de riesgo. Lo único que se dedica hacer es copiar los moldes norteamericanos, especialmente los que vienen del cine de James Wan y todo el universo que está desarrollando como director y productor. ¿Por qué el cine de terror ruso opta por esta vía? La respuesta parece fácil: son películas fáciles de imitar y que no ponen en peligro el status quo político. Y es que el cine de terror ruso en realidad siempre ha ocultado en un modo inconsciente los miedos y temores de una sociedad. Una catarsis que pone de fondo los entresijos que se ocultan en la mente colectiva.

La mayoría de estas películas, denominadas certeramente por la crítica rusa como el terror de la tercera ola, son películas que utilizan argumentos basados en el cine fantástico (maldiciones, casas encantadas, leyendas oscuras) y que tienen a protagonistas adolescentes como personajes principales (mero reclamo comercial). Algo, que está diametralmente opuesto a los males de la sociedad actual.

Y la sociedad rusa no está preparada para enfrentarse aún a sus demonios. No hablamos ya de escenas violentas, sino de escenas minimamente incómodas. Como me comentaba un propio ruso hablando sobre el tema: «Nuestra vida ya es suficientemente terrorífica como para buscar el terror en el cine, cuando queremos evasión».

Una taquilla yo-yo 

Muchas de estas películas están subvencionadas por el Ministerio de Cultura ruso, a pesar de que algunas han sido un desastre en términos de taquilla. Pongamos algunos ejemplos para que quede constancia (datos sacados de la página rusa Kinopoisk):

La película de terror Konvert con un presupuesto de 84 millones de rublos apenas cosechó 8.200.000 rublos en taquilla, con la risible risa de menos de 40 mil espectadores (en un mercado de más de cien millones de posibles espectadores). Proigrannoe mesto (2018) recaudó 25 millones con 105 mil espectadores (no se ofrecen datos de presupuesto). La reciente Gosti (2019) llegó a los 35 millones de rublos.

Konvert

Una de las más exitosas fue la de Queen of Spades. The Dark rite (2015), de Svyatoslav Podgaevskiy que con un presupuesto de 45 millones de rublos consiguió en taquilla unos casi 140 millones, lo que seguramente permitió que se hiciera una secuela en el 2018 (que no llegó a recaudar 100 millones de rublos y de la que Kinopoisk no ofrece datos de presupuesto).

También hay que tener en cuenta que el género de terror acostumbra a ser siempre más rentable que otros géneros, en cuanto al presupuesto de estas películas siempre es mucho menor que otras grandes superproducciones.

Algunos ejemplos: El caso de Svyatoslav Podgaevskiy

Si hay que poner algún nombre propio a este cine de género sería el de Svyatoslav Podgaevskiy. Este director, que ha trabajado realizando videoclips para grupos de música de cierta importancia como Tarakani! o Stigmata, además de publicista, es uno de los únicos directores que ha realizado varias películas dentro del género de terror. Porque lo que sucede en general, si exceptuamos el caso de este director, es que nos encontramos con directores de encargos que aparecen sin saber muy bien de dónde, realizan una película mediocre y salen del género sin que se sepa nunca más de ellos.

The Lake of the dead

Esto no quita que las películas de Svyatoslav Podgaevskiy sean sumamente mediocres. Las tres que ha realizado el cineasta Queen of Spades: The dark rite (2015), la Novia (2017) o Mermaid. The Lake of the dead (2018) pueden encuadrarse en la tónica que hemos mencionado anteriormente, es decir, películas que son meras copias del cine de James Wan y directores semejantes. Películas con argumentos que basan su horror en el género más fantástico y que se consumen como fast food, no realizan ninguna influencia en el espectador

La(s) excepción(es) que confirma la regla

Poco cine de género se puede rescatar, aunque evidentemente hay excepciones. Seguramente una de las más notables es la superproducción de Gogol. Nachalo (2017), que en realidad fueron varias películas que formaban una trilogía y que consiguieron ser estrenadas en cine con buenos resultados de audiencia y crítica. Sin ser una obra maestra, la trilogía sabía ambientar de manera imaginativa y sin calcos americanos la propia idiosincrasia de la obra literaria de Gógol (seguramente uno de los motivos del éxito fue precisamente esa independencia creativa a la hora de crear, alejada de motivos yankees).

Otra de las sorpresas fue la película que firmó Nadezhda Mijalkova, hija del célebre cineasta Nikita Mijálkov, Proiggrannoe mesto (2018). Como anécdotico de la situación del terror tenemos una entrevista que le realizaron a la directora donde le preguntaron textualmente que «¿Cómo siendo hija de quien era, realizaba una película de terror?», lo que ya habla de por sí de la situación del género en Rusia. La película es un homenaje al cine giallo y al slasher, que tiene elementos de interés, como el uso paródico del cine contemporáneo ruso, además de una solvente puesta en escena.

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