En el Teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa) se disfrutó entre el 19 y el 30 de enero de lo último de La Extinta Poética: Convertiste mi luto en danza, obra teatral con texto de Eusebio Calonge y dirección de Paco Zaranda. Con Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Marinyà e Inma Nieto (Celia Bermejo en las dos últimas funciones).



Estreno Convertiste mi luto en danza

Crítica de 'Convertiste mi luto en danza'

Ficha Técnica

Título: Convertiste mi luto en danza
Título original: Convertiste mi luto en danza

Reparto:
Laura Gómez-Lacueva
Ingrid Magrinyà
Inma Nieto
Celia Bermejo

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Paco Zaranda
Dramaturgia: Eusebio Calonge
Espacio escénico: Paco Zaranda
Asistente de dirección y producción artística:
Andrea Delicado
Iluminación:
Peggy Bruzual
Vestuario:
Encarnación Sancho
Espacio sonoro:
Torsten Weber
Música:
J.S.Bach. Erbame dich mein. O Here Gott BWV 721 - Javier Colis y Juan Pérez Marina. Garabateando en el viento.CD.Sangre Fácil - Alessandro Scarlatti. Dormi. La Giuditta
Producción ejecutiva y distribución: Víctor López Carbajales (SÓLODOS).
Producción: La Extinta Poética

Saludos de 'Convertiste mi luto en danza'

Sinopsis de 'Convertiste mi luto en danza'

Convertiste mi luto en danza nos muestra unas páginas truncadas por la muerte. Una habitación donde anidan tus recuerdos. Un parque donde ya sólo pasea tu ausencia. El hospital de donde escaparon tus sueños como pájaros.Una elegía escénica, un testimonio de que al fin la poesía, la belleza, permanece entre nosotros para siempre.

Es este un homenaje a María Pisador, y a tantos que como ella sostuvieron una durísima batalla contra la enfermedad, dejándonos el amor necesario para poder seguir adelante, en la búsqueda de nuestros propios versos con que celebrar la vida, la esperanza. (TEATRO FERNÁN GÓMEZ). 



Convertiste mi luto en danza
Foto de La Extinta Poética

La vida en un decorado

Un columpio y un tobogán son la escenografía de la vida que queda atrás. En esta recreación minimalista de un parque infantil se gesta la dolorosa espera de Marta (Laura Gómez-Lacueva), tras descubrir que está enferma de cáncer.

Inma Nieto sorprende por su capacidad para transformarse en personajes totalmente dispares con la ayuda de un simple accesorio.  Se convierte en «el resto», en todos los que rodean a la protagonista y no alcanzan a comprender su sufrimiento.  Con la ayuda de unas sillas plegables crea y desmonta la escena en un abrir y cerrar de ojos; una parada de autobús, una habitación de hospital o una sucursal de banco aparecen ante el público con la misma rapidez con la que la vida puede dar un giro inesperado.

La maestría con la que Zaranda lleva el texto de Calonge a escena es la prueba de la sincronía que hay entre director y autor. Convertiste mi luto en danza aúna entre lo real, lo dramático y lo poético; y lo hace, además, a través de la danza. Ingrid Marinyà logra corporeizar todas las fases del duelo con una expresividad angustiosa y bella, en una interpretación que está a la altura del título de la obra.

Teatro Fernán Gómez
Foto de La Extinta Poética

Cuando todo funciona

La muerte y la enfermedad son realidades difíciles de asumir.  Resulta tremendamente complejo abordar este tema, y más aún hacerlo sin buscar la lágrima fácil, sin romantizar el dolor o victimizar a quien lo sufre.  

Calonge y Zaranda consiguen construir a dos personajes sinceros, maravillosamente representados por Laura Gómez-Lacueva e Ingrid Marinyà.  La naturalidad de la primera y la emoción de la segunda se funden como dos caras de una misma moneda, creando dos personajes que son uno. Entre ambas logran expresar ese miedo que nace con la enfermedad, y la soledad con la que se afronta la cuenta atrás de toda una vida.  El peso de Convertiste mi luto en danza se adereza con una ironía elegante, especialmente gracias a los múltiples papeles de Inma Nieto.  Dos de cal, y una de arena lo suficientemente potente como para contrarrestarlas.  

Convertiste mi luto en danza
Foto de La Extinta Poética

Conclusión

Convertiste mi luto en danza es una obra incómoda. Es incómoda porque es real, tan real que absorbe al espectador y no lo suelta hasta mucho después de que haya terminado la función.  Pero, ¿por qué no hacer una oda a la vida antes de echarla de menos?

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