Los días 15 y 16 de julio de 2026, el Teatro del Barrio programará El hambre imposible, el último trabajo de la formación Teatro de los Invisibles. El montaje aterriza en la capital en un momento dulce para la compañía, tras haber sido nominados en las categorías revelación (Espectáculo y Autoría) en los Premios Max 2026. Firmada y dirigida por Zaida Alonso. La obra trenza las vivencias personales de su elenco —completado por Júlia Solé, Fernando Mercè y Javier Zarapico— con un espacio sonoro a cargo del músico Jesús Irimia. A través de este tejido performativo, la producción cuestiona las estructuras de exclusión social asociadas a enfermedades raras, discapacidades y diagnósticos crónicos, ofreciendo un relato profundamente humanista.

El hambre imposible en Teatro del Barrio

Extirpar lo extraordinario: el cuestionamiento de la normatividad

La obra parte de una imagen emblemática: Fernando Mercè enuncia como mantra que hay que extirpar lo extraordinario porque perturba lo cómodamente ordinario. Mientras, extrae la piedra de la locura en una reinterpretación de las pinturas de El Bosco. A partir de esta metáfora visual, donde la extirpación se muestra obligatoria para no alejarnos de lo corriente y lo correcto, el montaje expone historias de vida marcadas por la imposibilidad de encajar en el orden establecido.

El colectivo artístico reúne en escena cuerpos y biografías que, por diversas circunstancias, no encajan en unos cánones sociales marcados por una normatividad excluyente. Cáncer, VIH, discapacidad motora y auditiva, enfermedades degenerativas e intentos de suicidio confluyen en una propuesta que se aproxima de manera holística al concepto del estigma. Una reflexión que cuestiona los límites de lo normativo y denuncia las estructuras sociales que marginan lo diferente.

Hablar sobre los estigmas que rodean estas condiciones se vuelve urgente en un momento en el que, pese a contar con más información que nunca, persisten barreras significativas. Las personas con VIH siguen teniendo prohibida la entrada a países como Arabia Saudí o Sudán. Además, el 81% oculta su diagnóstico por miedo a la discriminación, según datos de CESIDA (2024). Una realidad que evidencia cómo el miedo al rechazo social condiciona la vida de millones de personas.

El hambre imposible
Foto de Jessica Burgos

Datos que revelan la urgencia de hablar sobre estigmas

El laberinto burocrático y asistencial de las patologías minoritarias en el Estado español —donde el vacío nosológico y la ausencia de dianas terapéuticas aíslan a una comunidad de más de tres millones de ciudadanos— revela una quiebra estructural en la gestión de la cronicidad compleja. Este desamparo clínico halla su reflejo normativo en las deficiencias del reciente marco del olvido oncológico. Excluye los estadios avanzados y las terapias continuadas, la legislación perpetúa una muerte civil y financiera que penaliza la vulnerabilidad en el tejido bancario y asegurador.

Ambos escenarios convergen en un conflicto existencial: la disociación entre la vivencia biológica del individuo y los baremos de utilidad que impone la hegemonía social. Es precisamente esta fractura el sustrato conceptual de la pieza, espoleada por la peripecia clínica de Zaida Alonso en 2013, quien articula el montaje como un contraensayo escénico frente al reduccionismo y la estigmatización que la colectividad proyecta sobre el cuerpo doliente.

El hambre imposible
Foto de Jessica Burgos

Del cáncer a la autoficción escénica

La creadora quiso trasladar esta reflexión a escena acompañada de personas que también se apartan de la normatividad reinante. "Todas las realidades que ponemos en el punto de mira comparten una misma grieta: la que separa la identidad real y la identidad socialmente aceptada. El hambre imposible nace de ahí. Del hambre de ser reconocida cuando el sistema solo sabe etiquetar", concluye. Una declaración de intenciones que define el espíritu del montaje.

Teatro de los Invisibles se lanza con esta pieza a la autoficción y la performance. Nuevas líneas de exploración para una compañía que hasta ahora se había centrado en el teatro documento. Fundado en 2017, el colectivo ha logrado presencia en contextos escénicos relevantes. Ha estado en el Festival de Otoño, Surge Madrid, el Festival MeetYou de Valladolid, L'Altre Festival de Barcelona o el Certamen CENIT del Centro TNT-Atalaya de Sevilla, resultando ganador del premio a mejor espectáculo por Contención mecánica. Una trayectoria que culmina con estas dos candidaturas a los Premios Max 2026.

No te pierdas El hambre imposible los días 15 y 16 de julio de 2026 en el Teatro del Barrio.

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