El pasado 9 de abril se representó El hambre imposible en el Teatro del Barrio. Esta producción de Teatro de los Invisibles es la cuarta de la compañía. Tras su estreno en el Festival Surge Madrid 2025, la pieza ha continuado su recorrido, representándose en varias ocasiones. Una combinación de autoficción, performance y teatro documental visibiliza y rompe el estigma del cáncer, del VIH y de otras condiciones físicas o mentales. Dirigida y escrita por Zaida Alonso, quien también la protagoniza junto a Júlia Solé, Fernando Mercè y Javier Zarapico, la obra vuelve a mostrar el compromiso de la compañía con la denuncia social. Se espera el anuncio de nuevas fechas próximamente.
Título: El hambre imposible Título original: El hambre imposible
Reparto: Javier Zarapico
Júlia Solé
Fernando Mercè
Zaida Alonso
Duración: 70 min. apróx. Dirección: Zaida Alonso Dramaturgia: Zaida Alonso Colaboración en la creación: Javier Zarapico, Júlia Solé, Fernando Mercè, Zaida Alonso y Jesús Irimia
Ayudantía de dirección: Javier Pardo
Diseño de iluminación: Bibiana Cabral y Belén Abarza
Espacio sonoro, música original y videoescena: Jesús Irimia
Diseño de escenografía: Zaida Alonso y Bibiana Cabral
Técnica audiovisual: Ana López
Fotografía: Jessica Burgos
Comunicación y prensa: Javier González (Adiria)
Diseño gráfico: Fernando Mercè
Mirada externa: Juan Pedro Enrile y José María Esbec Producción: Teatro de los Invisibles
Tráiler de 'El hambre imposible'
Sinopsis de 'El hambre imposible'
El hambre imposible reúne a un equipo artístico con experiencias vitales (cáncer, VIH, intentos de suicidio, enfermedades raras…) que les alejan de unos cánones sociales marcados por una normatividad excluyente. La pieza, entre la autoficción y la performance y apoyándose en un espacio sonoro en directo, se aproxima de manera holística al concepto del estigma, cuestionando el constructo social de la normalidad y reivindicando los márgenes –una constante en la línea de trabajo de la compañía Teatro de los Invisibles–. (TEATRO DEL BARRIO).
Foto de Jessica Burgos
Una confesión
Teatro de los Invisibles ha logrado consolidar un sello de identidad propio, que le coloca en una posición privilegiada. Después de Contención mecánica, Zaida Alonso regresa a los escenarios con su nueva creación: El hambre imposible. Esta pieza explora diferentes estigmas que han vivido sus propios intérpretes en sus carnes, exponiéndolos de una forma natural, cruda y sin ningún tipo de adorno. Por ello, su dramaturgia goza de una exactitud y visibilidad real de lo que envuelve al estereotipo o al castigo social, relacionando una parte de sus vidas. En este sentido, debe aplaudirse la valentía con la que han conseguido hilvanar lo irreal del concepto de "ser normal", rompiendo con ese imaginario tóxico que sigue imperando socialmente. Sin duda, un ejemplo de cómo el teatro es una herramienta de reivindicación y educación.
Cada miembro expone su camino vital, combinándose en una serie de símbolos que otorgan más cuerpo a la historia. También cabe destacar la cotidianidad que se da en algunas escenas, siendo una forma de conectar con el público y generar una empatía genuina. Por otro lado, hay partes en las que se busca el humor, pero no siempre llegan a buen puerto. La razón puede estar relacionada con el estado en el que se encuentra el espectador ante lo que sucede en escena. En consecuencia, aunque no generen risas, es una elección que sirve como respiro para la intensidad que ofrece la obra. Por último, puede ser un relato que cueste más para ciertos tipos de público; por ello, se recomienda entender el tipo de teatro que hace la compañía.
Foto de Jessica Burgos
Autoficción
Un total de cuatro actores y un músico son los encargados de dar vida a El hambre imposible. En primer lugar, Júlia Solé ofrece un trabajo impoluto, algo que ya ha demostrado en otras producciones. Cabe destacar que tiene una personalidad única, una energía muy atrayente que utiliza de una forma inteligente y óptima. Zaida Alonso interpreta desde el cuerpo, desde la verdad, con una fragilidad envuelta de fuerza escénica. Un contraste muy bien planteado. Javier Zarapico deslumbra con un carisma increíble, sin perder de vista cada momento y tono de la escena. Un trabajo estupendo. Por último, Fernando Mercè logra un lenguaje corporal interesante, uniéndose a un escaparate expresivo no verbal muy bien confeccionado. Únicamente, en alguna interacción narrativa, se podría pulir la verosimilitud de la ejecución. Jesús Irimia, a pesar de no estar en primer plano, realiza un gran trabajo desde las bambalinas.
Uno de los aspectos más destacables a nivel artístico y técnico es la escenografía y el diseño de iluminación. Gracias a un lienzo abstracto, consiguen llevar al público a este universo confesional, donde quedan embelesados por la sinergia que se forma estéticamente. De este modo, el simbolismo de algunas partes se hace completamente poderoso al ejecutarse desde lo visual. La iluminación juega un papel fundamental, explorando no solo su sentido artístico, sino también narrativo. Por otra parte, el espacio sonoro es original, pero hay que prestar atención al volumen. Hay momentos en los que puede opacar a los intérpretes sobre la escena, quitándoles el foco. Por último, el uso del audiovisual es correcto, aunque podría potenciarse aún más. Aun así, el conjunto es notable, con un final distinguido.
Foto de Jessica Burgos
Conclusión
El hambre imposible es pura valentía, una confesión sin adornos, un espejo real de la sociedad. Por tanto, su dramaturgia rompe tabúes y explora la posibilidad de vencer al estigma en una sociedad todavía muy marcada por ello. A nivel interpretativo, se forma un grupo muy sólido, con unas interpretaciones muy bien construidas. La escenografía y el diseño de iluminación son maravillosos, uniéndose a un espacio sonoro interesante en su planteamiento. Una reivindicación de abolir el concepto de "normalidad", a través de un mensaje potente y real.
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