Avanza la recta final de las funciones de El jardín quemado, el título elegido por el Teatro de La Abadía para poner el broche de oro a su programación 2025-2026. El montaje, disponible hasta el 12 de julio, supone el cuarto proyecto que Juan Mayorga escribe y dirige para este coliseo tras los éxitos previos de María Luisa, La colección y Los yugoslavos. En esta ocasión, el director rescata una obra de juventud redactada entre 1996 y 1997 para plantear una reflexión coral sobre el pasado y la memoria colectiva, respaldado en el escenario por intérpretes de la talla de Loreto Mauleón, Adriana Ozores, Jesús Barranco, Miguel Hermoso, Joserra Iglesias y Mariano Llorente.



El jardín quemado en Teatro de la Abadía

Crítica de 'El jardín quemado'

Ficha Técnica

Título: El jardín quemado
Título original: El jardín quemado

Reparto:
Jesús Barranco
Miguel Hermoso
Joserra Iglesias
Mariano Llorente
Loreto Mauleón
Adriana Ozores

Duración: 100 min. aprox.
Dirección: Juan Mayorga
Dramaturgia: Juan Mayorga
Ayudante de dirección: Virginia Rodríguez
Escenografía y vestuario: Elisa Sanz (AAPEE)
Diseño de iluminación: Juan Gómez-Cornejo (AAI)
Música y espacio sonoro: Jaume Manresa
Diseño gráfico y fotografía: Javier Naval
Asistente de dirección: Mel·lina Algarra
Ayudante de vestuario: Mariana Cordero
Ayudante de producción: Rocío Peláez / Marta Gabaldón
Material audiovisual: David González | 2VISUAL
Jefa de maquinaria: Elisa Araúz
Programador de luces: Álvaro Guisado
Microfonía y sonido: Ismael Aguilar
Confección de vestuario: Prendería ES
Realización de escenografía: Mambo Decorados
Director técnico: Daniel Alcaraz
Producción ejecutiva: Jair Souza-Ferreira
Director de producción: Miguel Cuerdo
Distribución: Julio Municio
Agradecimientos: Ana Barceló
Producción: Teatro de La Abadía y LaZona Teatro

Tráiler de 'El jardín quemado' 

Sinopsis de 'El jardín quemado'

El director artístico de La Abadía, Juan Mayorga estrena El jardín quemado, uno de los grandes y más queridos textos de su corpus dramático, que supone su cuarto espectáculo escrito y dirigido por él desde que asumió la dirección de este teatro, en 2022. Una obra que reflexiona sobre lo imprevisible del tiempo y sobre la dificultad de juzgar los hechos pasados.

En El jardín quemado aparecen dos asuntos fundamentales del teatro de Mayorga. Por un lado, la memoria y su dificultad de juzgar el pasado. «El pasado -ha dicho Mayorga- es imprevisible, está no menos abierto que el futuro y laten en él preguntas que pueden poner en peligro el presente que se arriesga a observarlo». Por otro lado, la imaginación -y, con ella, el teatro- como vía de escape desde una realidad áspera, cruel, tal cual puede serlo la de los derrotados en una guerra.

Durante la guerra, varios hombres sanos fueron ingresados en el sanatorio psiquiátrico de San Miguel. ¿Por qué? Muchos años después, Garay, la directora del sanatorio, que ya lo era entonces, y Benet, su discípula más brillante, se enfrentan alrededor de aquel enigma. (TEATRO DE LA ABADÍA). 



El jardín quemado
Foto de Javier Naval

Tapar el sol con un dedo

Juan Mayorga es uno de los dramaturgos más prolíficos de su generación, habiendo firmado grandes títulos como La lengua en pedazos. En El jardín quemado, realiza un viaje hacia el pasado, donde la fantasía, la locura y la memoria se convierten en el eje central. La palabra, algo muy importante para el autor, se cuida al máximo, con un léxico exquisito y una artesanía narrativa de alta calidad. Es imposible no emocionarse en varios pasajes, en los que hay combinaciones lingüísticas de gran belleza. De este modo, la aventura que propone adquiere distintas capas que le otorgan una gran profundidad y atrapan al público desde el primer minuto. Un debate vivo sobre la dificultad de la reconciliación.

Los personajes creados por Mayorga gozan de diferentes prismas, haciéndolos muy interesantes como elementos dramáticos. Cada uno de ellos persigue un propósito propio, que se va enriqueciendo hasta alcanzar una profundidad de gran calado. Se agradece la batalla dialéctica que mantiene con cada personaje y situación, proponiendo al espectador distintas preguntas que deben ser respondidas. En la encrucijada y laberinto que se va hilando, se puede ver la inteligencia con la que está cohesionada cada parte. Gracias a ello, se compone un libreto sólido y excelentemente justificado. Un análisis de la Guerra Civil desde una visión personal y punzante.

Teatro de la Abadía
Foto de Javier Naval

Lucha de poderes

Loreto Mauleón y Adriana Ozores son piedras angulares de El jardín quemado. En primer lugar, Mauleón interpreta con una verdad muy pura. Desprende un brillo especial, que realza su potencia escénica. Puede pulir la voz en algunos diálogos, que se le quedan más encorsetados. Por su parte, Ozores expone una vez más su calidad como actriz. Invade el escenario con una fuerza y una energía completamente atrayentes. Un regalo verla en escena. Miguel de Miguel, Joserra Iglesias y Mariano Llorente saben proporcionar una labor con solvencia y verosimilitud en las partes exigidas. Por último, Jesús Barranco regala una actuación fascinante. Embauca al público con su magia desde sus diversas facetas. Es magnético.

La puesta en escena se articula en torno a una escenografía que convierte el jardín quemado en un potente símbolo escénico. Un recurso que convierte el espacio en un poderoso foco de atención para el espectador. Asimismo, el diseño sonoro y la música tienen un gran peso en la obra, siendo uno de los aspectos más cuidados. El movimiento y la colocación de cada espacio ofrecen un planteamiento con dinamismo. Por ello, el ritmo de la obra es constante y se ejecuta de una manera magistral. En resumen, es una pieza que rebosa calidad tanto artística como técnica, algo que hace que haya un resultado redondo al estar en el mismo nivel que el libreto.

El jardín quemado
Foto de Javier Naval

Conclusión

El jardín quemado ofrece un debate de gran interés, con una dialéctica sobresaliente. El libreto goza de una sensibilidad y una profundidad de altos vuelos, unidas a un cuidado del lenguaje y la palabra al detalle. El elenco actoral logra un gran trabajo, capitaneado por unos maravillosos Loreto Mauleón, Adriana Ozores y Jesús Barranco. La puesta en escena lleva al público a ese jardín quemado, tanto simbólica como físicamente, mediante una estrategia artística de gran inteligencia. La memoria, el perdón y la verdad se combinan en una serie de preguntas de gran calado que emocionan y cautivan al espectador.

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Diego Da Costa
Subdirector de Cinemagavia. Comunicólogo audiovisual por la UCM y Máster en Comunicación en la Red por la UNED. Miembro de EGEDA (Premios Forqué) e Ingeniero Audiovisual en Ricoh España. Co-creador de la compañía artística La Joie de la Colina. Como diría Elizabeth Taylor: "Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos".
el-jardin-quemado-critica-teatroOfrece un debate de gran interés, con una dialéctica sobresaliente. El libreto goza de una sensibilidad y una profundidad de altos vuelos, unidas a un cuidado del lenguaje y la palabra al detalle. El elenco actoral logra un gran trabajo, capitaneado por unos maravillosos Loreto Mauleón, Adriana Ozores y Jesús Barranco. La puesta en escena lleva al público a ese jardín quemado, tanto simbólica como físicamente, mediante una estrategia artística de gran inteligencia. La memoria, el perdón y la verdad se combinan en una serie de preguntas de gran calado que emocionan y cautivan al espectador.

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