Paraíso de los negros es una coreografía flamenca, en la que se indaga de una forma introspectiva, todos los conflictos y tensiones que habitan en uno; eso que nos lleva a sentirnos enclaustrados o confinados, dentro de nuestro propio ser. Protagonizada por la inmensa bailaora y coreógrafa María Pagés  y dramatizada por el El Arbi El-Harti, es una  obra artística que nos invita a mirar de frente a nuestros fantasmas internos.

La obra se nutre de infinidad de fuentes creativas, como las de Carl Van Vechten, Léopold Sédar Senghor, Federico García Lorca o Nina Simone, entre muchas otras personalidades del mundo del arte. A pesar de tomar como referencia a diferentes artistas que trataron la negritud en sus obras, El paraíso de los negros no trata sobre la negritud; ya que la negritud se usa como una base filosófica, con la que se va construyendo todo el espectáculo. Se pudo disfrutar por última vez de Paraíso de los negros este 21 de octubre en los Teatros del Canal de Madrid.



Paraíso de los negros

Crítica de ‘Paraíso de los negros’

Ficha Técnica

Título: Paraíso de los negros
Título original: Paraíso de los negros

Reparto:
María Pagés (Baile)
Ana Ramón (Voz)
Sara Corea (Voz)

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: María Pagés y El Arbi El Harti
Coreografía, diseño de vestuario y dirección musical: María Pagés
Dramaturgia: El Arbi El Harti
Música:
Rubén Levaniegos, Sergio Menem, David Moñiz, Chema Uriarte y María Pagés
Letras:
El Arbi El Harti y María Pagés
Iluminación: Pau Fullana y Dominique You
Sonido: Kike Cabañas
Regiduría: Raquel Merino
Maquinaria:
Nacho Giménez
Vestuario:
Taller María Calderón
Producción: Centro Coreográfico María Pagés

Tráiler original de ‘Paraíso de los negros’ 

Sinopsis de ‘Paraíso de los negros’

Paraíso de los negros es una obra sobre la perpetua búsqueda de la felicidad. Pero explora los límites y las limitaciones humanas que, tomando la apariencia de inquietantes rostros, embarran y obstruyen el camino del derecho al Deseo. Esas presencias siempre líquidas e inasibles embargan el alma del libre albedrío. Son barreras que se imponen como una guillotina sobre el cuello de las utopías. También son imágenes, pensamientos y sentimientos que se levantan como murallas incontenibles para invisibilizar al Otro; el Otro como mi deseo y no como mi enemigo. Aquí, el principio lorquiano de libertad es un pájaro atrapado en una ramita untada de cola. (TEATROS DEL CANAL). 



Paraíso de los negros
Foto de Teatros del Canal

El agobio

Paraíso de los negros consigue en todo momento adentrar al espectador, en un universo sensorial de luces y sombras. Un mundo donde la nada y el ser, conviven dentro de unos límites autoimpuestos  por el individuo. Un agobio que se necesita exudar de alguna forma, debido a que dicho desasosiego nos consume por dentro, dejándonos cada vez más aprisionados en nuestra propia existencia.

A través de la danza, el cante, la prosa y la música, la obra nos pone de cara contra nuestro abismo interno del que nos negamos a dirigir la mirada, por miedo a lo que depara. Cuando uno está viendo esta pieza artística, cree estar presenciando ese limbo de soledad y decrepitud, que reside en lo más recóndito de nuestro ser. Un lugar donde no existe el tiempo ni el espacio, pero que de forma contradictoria someten al alma a esta especie de confinamiento.

La primera parte de la función resulta ser muy intimista y lúgubre, donde vemos un retrato lleno de soledad y sombras. El convivir con uno mismo, que tan presente se nos ha hecho en estos últimos meses, se plasma de una forma tremendamente poética y visual en esta obra.  En definitiva, nos invita a mirar el lado más decrépito de nosotros mismos.

María Pagés
Foto de Teatros del Canal

La exaltación

La segunda parte de Paraíso de los negros está dedicada a la catarsis emocional del ser. Del vació y la oscuridad, pasamos a una puesta mucho más ferviente y luminosa, donde las pasiones humanas piden la palabra. La  figura de María Pagés es tremendamente hipnótica y absorbente de ver, llenando con su única presencia todo el escenario. Todo aquello que se veía comprimido al comienzo de la obra, parece que salta por los aires, como si de una llamarada gigante se tratase. Toda esa marabunta de emociones tan propias del mundo flamenco, hacen que entres en trance con cada movimiento, sonido o palabra, que llegas a experimentar desde tu butaca.

Da la sensación de que se juega constantemente con elementos muy primitivos, que hacen de la obra algo muy orgánico de ver, pero sobre todo de sentir. Una forma artística muy intuitiva y para nada artificiosa, de llegar a producir un sinfín de distintas emociones en el espectador.  La llama de la pasión se pasea por el escenario, creando tensión y conflicto en escena, como si en cualquier momento fuera a implotar.  En este aspecto, el trabajo del diseño de producción con el que cuenta la obra, es formidable y hace que los demás factores crezcan en escena, de forma notoria.

María Pagés
Foto de Teatros del Canal

El renacer

La última parte es la más poética y conmovedora, en la que toda esa lucha y conflicto interno da paso a una serenidad; dicho de otra manera, a un nuevo renacer. La única manera de romper las cadenas a las que estamos maniatados, es encarando el abismo interno con determinación y aceptación. La actitud contaste de negar una parte de nuestra naturaleza interna, pasa a ser reconocida y de esa manera enfrentada. Es en aquel instante donde nos damos cuenta,  de que ese minúsculo paraje de nuestro interior no existe. No existe porque la fuerza que lo alimentaba, procedía de nuestras propias fobias y traumas emocionales como individuos.

El mensaje final de Paraíso de los negros deja un sabor de optimismo y esperanza en relación con nuestra propia condición humana. Una obra que se ideó previamente a la pandemia y que tras ella, cobra aún más relevancia y actualidad que nunca. Un viaje emocional por las siluetas sombrías, que conforman parte de nuestro ser. Una milagrosa hazaña llevada a cabo, en tiempos donde la cultura pasa por una etapa muy difícil de sobrellevar.  Una pieza tremendamente reveladora, que parte de las emociones inherentes al arte, para llegar de una manera íntima y provocativa al espectador.

Paraíso de los negros
Foto de Teatros del Canal

Conclusión

En definitiva, Paraíso de los negros es una experiencia sensorial y visual única que la gente no puede perderse. Cuenta con una puesta en escena hermosa, donde las luces y las sombras están continuamente presentes. Por otro lado, el hecho de tener la oportunidad de ver en directo, la magia que desprende María Pagés en un escenario, es algo que toda persona debería experimentar alguna vez en su vida. Una obra sobre los confinamientos que llevamos incrustados dentro de nosotros; aquellos que nos impactan y nos consumen de manera más desmesurada, que aquellos que presenciamos exteriormente. Una pieza artística única, que da motivos suficientes como para volver de nuevo a llenar los teatros.

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