La compañía La Matraca estrenó, en la pasada edición de 2020 del Festival Surge Madrid, Fani y Lou, una pieza teatral dentro de la Residencia Artística de Bululú 2120. Con dirección de David Trueba y guion de Daniel Ramos Lorenzo, se habla y reflexiona sobre la felicidad y la sociedad alienada. Esta compañía destaca por la calidad de sus textos, que utilizan la comedia, el humor, combinados con un espectáculo más físico para ahondar en temas de gran complejidad. Prueba de ello, es la gran “Festum Fatuorum“, que ya obtuvo el favor del público. Para descubrir esta nueva aventura teatral, se puede disfrutar hasta el 30 de enero a las 20 horas en la Sala Bululú 2120.



Fani y Lou

Crítica de ‘Fani y Lou’

Ficha Técnica

Título: Fani y Lou
Título original: Fani y Lou

Reparto:
Oihane Etxebarría (Fani)
Daniel Ramos Lorenzo (Lou)
Carlos B. Rodríguez (Señor de traje)

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: David Trueba
Dramaturgia: Daniel Ramos Lorenzo
Vestuario: Nora Aguirre
Producción: La Matraca

Sinopsis de ‘Fani y Lou’

Fani y Lou nos presenta un mundo ambiguamente apocalíptico. Dos personajes desprovistos de pasado se paran en el arcén de una carretera frente a un cruce de caminos. Tendrán que elegir entre la promesa de la felicidad; ese deseo manufacturado que se nos presenta en cada escaparate a cambio de nuestra obediencia y la incertidumbre del mar; ese deseo profundo y a la vez incomprensible, instintivo y misterioso que nos guía hacia la libertad a pesar de las consecuencias. (SALA BULULÚ 2120).



 Fani y Lou
Foto de La Matraca

Un mundo feliz

La Matraca vuelve a exponer unas reflexiones fundamentales a través de un aparente mundo distópico, que se distancia de la realidad social. Así se va tejiendo el mundo aparentemente perfecto de Fani y Lou, donde se exploran algunos de los problemas que azotan a la sociedad actual. A través de una metáfora bufonada, utiliza ese estilo para extraer las enseñanzas que hacen que el espectador se refleje ante un espejo que no siempre es fácil de mirar. Gracias a ello, se habla del poder, de la falsa concepción de perfección, de machismo, de la necesidad de soñar… Pero, además, no deja de lado ese espíritu jovial y luminoso, dado que equilibra ambas facciones, no siendo un espectáculo meramente crítico. De esta manera, logra que los personajes conecten sin ningún problema con los espectadores, ya que a través de su repetición se va conociendo su contexto interior.

Aunque la obra está formada sobre todo por dos personajes, cabe destacar que el tercero en discordia es un buen ejemplo de una sociedad alineada. Esta dualidad entre lo que debe ser lo bueno y el concepto de disfrutar, demuestran la inteligencia que se palpa en el texto. Dicho de otra forma, se escenifica a la perfección como las falsas sensaciones de perfección son una efímera felicidad, que provocando una introspección en el pensar del espectador. Asimismo, también denuncia las acciones del propio ser humano, colocándolo ante un juicio de lo egoísta y egocéntrico. En su última parte, la obra se torna en una madurez espléndida, que consolida el texto de Daniel Ramos Lorenzo. Lógicamente, el sello de identidad del dramaturgo ya se pudo ver “Festum Fatuorum” y una vez más vuelve a sorprender con esta propuesta.

La Matraca
Foto de La Matraca

Una pareja rebelde

Carlos B. Rodríguez es el maestro de ceremonias que se encarga de introducir al público en Fani y Lou. A través de un carisma impostado, sabe transmitir ese sarcasmo y parodia de lo que se plantea desde su personaje. A lo largo de la obra ofrecerá una posición omnipresente, donde destaca su expresividad y su movimiento durante la escena. Además, sabe sacar partido a la personalidad en la orientación de su labor sobre la escena. Luego, Daniel Ramos Lorenzo es Lou, con ese semblante confuso y miedoso, corresponde a una propuesta más ligera y tranquila. Mediante un diálogo menos arrollador, sabe exponer en varios momentos su capacidad de cambiar de energía y dar mucho más de él. Por lo cual, aporta a su personaje una verosimilitud apropiada y contrasta con la intransigencia que realiza Rodríguez en su trabajo.

Por su lado, Oihane Etxebarría es la gran estrella de la obra, llevándose la mayor parte del peso sobre ella. Dentro de esa ternura descarnada y natural, también se ve un carácter soñador, por lo que la actriz disfruta al máximo su interpretación sobre las tablas. Mientras que esa sinergia con la propia escena y de una forma más física triunfan, luego no se excede en aquella partes más íntimas y flemáticas. De cara al final de la obra, su transformación mediante su lenguaje corporal y sin fundamentarse en la palabra, hacen de ella todo un torrente de sentimientos que encumbra, aún más, la calidad de su personaje. Por tanto, en conjunto, los tres actores cumplen excelentemente su labor, destacando también su maestría con la interacción con la propia escenografía.

 La Matraca
Foto de La Matraca

La disparatada realidad

Lo primero que aparece en escena es Carlos B. Rodríguez sobre la escena y en el centro de un círculo rojo. Fani y Lou no tarda en comenzar, llamando la atención del atuendo y el maquillaje de los dos actores protagonistas. Ese histrionismo artístico es lo que atrae al público, al extrañarse, pero aceptar pronto esta nueva realidad que se presenta. El vestuario tiene todo tipo de detalles, que no solamente buscan la coherencia artística, sino que también revelan detalles muy provechosos de la propia historia. Inclusive, esas metáforas, que se hacen con la imagen, permiten que la obra expanda su universo sin tener que utilizar el texto para ello. Por tanto, se expone la importancia de la imagen en el relato. Lo mismo sucede con los objetos que entran en escena, que son una auténtica carta de presentación y un vehículo perfecto de expresión.

Otro de los puntos favorables de la obra es la interacción con el público. A veces directa, a veces indirecta, lo que se valora es que haya sabido sacarle partido. Con esa mirada directa conquista la atención de los asistentes. Asimismo, la propia relación entre el espacio y los actores se formula con una sinergia espléndida, muy orgánica, que no pierde detalle. La coreografía es una de las grandes virtudes del espectáculo, que trae la repetición como recurso, pero sin caer en lo manido. Por otra parte, el espacio sonoro tiene unos puntos concretos muy bien ejecutados, que dan mayor efecto a lo que está sucediendo sobre el escenario. Para terminar, el montaje goza de un ritmo muy llevadero, aunque en la mitad de la obra se produce una deceleración, pero que se equilibra rápidamente con el dinamismo propio del carácter de la pieza teatral.

Fani y Lou
Foto de La Matraca

Conclusión de ‘Fani y Lou’

Fani y Lou es una obra teatral que utiliza el uso de lo visual y de lo grotesco para exponer un espejo de una distopía no tan lejos de la realidad actual. A través de un guion con una metáfora constante, se conjuga a la perfección con una puesta en escena en puro movimiento. El uso artístico del maquillaje y del vestuario llaman la atención, atrapando al espectador en esta comedia inteligente, que es toda una crítica social. Asimismo, su reparto está genial, destacando Oihane Etxebarria. Una visión de la perfección que demuestra que la verdadera felicidad se halla en la ilusión que supone la propia vida.

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