José Padilla, uno de los nombres habituales de la cartelera teatral española, vuelve a mover los cimientos sociales con Golfa. Con esta obra de teatro habla de temas tan importantes como la sexualidad, la identificación de género y la educación en los jóvenes. Además, ha contado con el apoyo de Cristian Gallego, asesor pedagógico de la Fundación Sexpol. Se estrenó el pasado 12 de noviembre de 2020 en el Teatro Galileo de Madrid y estará en cartel hasta el 22 del mismo mes.



Golfa

 

Crítica de ‘Golfa’

Ficha Técnica

Título: Golfa
Título original: Golfa

Reparto:
Fran Cantos (Jordán Gómez)
Ana Varela (Vicky)
María Rivera (Amanda)
Ninton Sánchez (Fran)

Duración: 75 min. apróx.
Dirección: José Padilla
Dramaturgia: José Padilla
Ayudante de dirección: Irene Montes
Espacio escénico PRIAMO:
Eduardo Moreno y Natalia Moreno
Iluminación:
Pau Fullana
Vestuario:
Anna Fajardo
Canción original: Efecto Pasillo
Coordinación técnica: David González
Comunicación: Aroha Díaz de Castro
Asesoramiento en salud sexual: Cristián Gallego y Fundación Sexpol
Producción ejecutiva: Alicia Álvarez y Carlos M. Carbonell
Producción: Primera Toma y Crémilo

Tráiler de ‘Golfa’

Sinopsis de ‘Golfa’

Una mañana aparece frente a la puerta de un instituto una pintada que reza Golfa, un insulto anónimo que destapa la historia que lo precede.

Amanda y Fran fueron pareja hace unos meses, adolescentes cuya experiencia es la de tantos, una relación que se vio truncada. Este hecho no hubiera tenido relevancia alguna si inmediatamente después de esta ruptura Amanda no hubiera sufrido un terrible acoso virtual que lleva a sus padres a denunciar la posible autoría de Fran tras este hecho. Hasta que no se aclaren los hechos la dirección del instituto decide apartar a Fran de sus clases.

Todo se revoluciona cuenta la madre de Fran, Vicky, aparece en la puerta de entrada del instituto e insulta gravemente a Amanda utilizando una palabra muy concreta: golfa. Justo una semana después aparece bien visible el grafiti donde comienza nuestra historia.

Ante unos hechos cada vez más abigarrados, la jueza encargada del caso propone una opción con el ánimo de que la escalada de sucesos no vaya a más: una entente cordiale consistente en un encuentro online con el sexólogo Jordán Gómez, una sesión de sexología a la que han de asistir Fran, Amanda y la madre de Fran con la particularidad… de que estos encuentros serán de libre acceso online pidiendo lista e identificándose. Todos seremos testigos de esta sesión de sexología.

Una palabra puede cambiar el curso de una historia, el cómo nos relacionamos con nuestro entorno y éste con nosotros. Detrás de un insulto pueden esconderse algunos de los males que nos asolan como sociedad, unos males que quizá puedan tener solución en la educación sexual que recibimos. (TEATRO GALILEO).



Golfa
Foto de Teatro Galileo 

La semilla del problema

La educación sexual es uno de los temas pendiente en la sociedad actual, donde todavía hay una herencia de los esquemas realizados de antaño. De esta forma, José Padilla pone sobre la mesa las consecuencias de una sexualidad mal aprendida en Golfa. A través de una dramaturgia focalizada en Amanda, se van analizando distintas facetas de los aprendizajes que se desarrollan a lo largo de la vida. Aunque se ponga especial atención en el tratamiento de la mujer en sociedad, la inteligencia de Padilla admite debates donde nadie es culpable. Así consigue hacer reflexionar al espectador, dado que él mismo forma parte de la dinámica. El mismo concepto del juicio, se extrapola a otros ámbitos y a la propia imagen pública, lo que hace que adquiera una profundidad educacional importante. Únicamente, a veces, la cohesión no fluye de la misma manera en todas las situaciones que se exponen.

Por otro lado, no solamente rompe tabúes como el machismo, los comportamientos hirientes, la masculinidad tóxica o las relaciones romantizadas de una forma equívoca. Va más allá. Por lo que, expande el conocimiento sobre la necesidad de hablar sin tapujos sobre el sexo, la sexualidad y sobre el género. Lo que conlleva a una crítica explícita de una pedagogía, tanto en instituciones como en la vida familiar, que no se atreve a romper con esquemas nada beneficiosos para la salud mental. Asimismo, tampoco busca el adoctrinamiento, no impone su manera de pensar. Al contrario, fomenta la conexión con el público, al dejarle dar la respuesta, o, por lo menos, planteársela. Las motivaciones que llevan a cada personaje a reivindicarse a sí mismo gozan de una personalidad estupenda, que muestra esos matices que dan verdad y sinceridad a sus personajes.

José Padilla

La juventud y la herencia social

Siguiendo una estructura de juicio mediático, Golfa coloca a tres personajes en el escenario que buscan defender su posición. Para mediar entre ellos, aparece el cuarto, el de Jordán Gómez, interpretado por Fran Cantos. Desde el principio, el actor tiene una energía muy especial, con una determinación muy natural. Mediante su gestualidad y su expresividad sabe llevar ese vehículo de emociones que hay tras de él, pero sin descuidar la distancia que debe representar como profesional. Provoca empatía en el público, lo que hace que sea un maestro de ceremonias espléndido. Luego, Ana Varela da vida a Vicky, la madre de Fran. Histriónica, por momentos, no exagera esa actitud dramática. Por lo que, se deduce el control a la hora de ejecutar esa revolución en su personaje. De igual manera, hay partes de la pieza teatral donde se acoge a una sensibilidad que da humanidad a su personaje.

El elenco juvenil está conformado por María Rivera y Ninton Sánchez, los cuales se meten en la piel de Amanda y Fran, la ex pareja a debate en la obra. Por un lado, Rivera realiza una transformación en plena escena. Con ello, consigue que su arco interpretativo tenga un florecimiento más paulatino, que explota en el último acto de la obra. Además, su estrategia se basa en un lenguaje acorde a la edad que representa, más una cercanía de a pie, que da mayor verosimilitud a lo que se está viendo. Después, Sánchez lo aborda desde una comedia más salerosa, lo que le permite, luego, contrastarlo con esas partes en las que debe expresar mayor seriedad. Gracias a ello, se ven distintos registros en él mismo. No obstante, se encuentra más cómodo en la comedia física, la cual tiene más cultivada.

José Padilla
Foto de Teatro Galileo

Inicios de la teatralidad transmedia

La evolución tecnológica ya se encontraba en el teatro previamente a la crisis sanitaria de la COVID-19. Sin embargo, todavía no son tantos los proyectos que apuestan por una interactividad transmedia directa. Por lo tanto, en Golfa se ven ya unas pinceladas de este tipo de estructura, en el que se mezclan distintos lenguajes en sus respectivas plataformas, uniéndose entre ellas. La estrategia es interesante, pero se queda corta en el tiempo. Por lo que, termina siendo más una anécdota, que abre la puerta a un mayor desarrollo. Dicho de otra forma, es valorable que se haya introducido en la obra, pero se podría desarrollar más para todavía darle más juego. Aun así, se entiende que todavía esté en “fase de pruebas”, ya que abusar de ello, también podría implicar despistar de la obra principal.

Por otra parte, la puesta en escena tiene ese carácter tecnológico, donde hay un minimalismo muy aprovechado. Así utilizan tan solo, realmente, dos colores en los aspectos formales de la pieza: el blanco y el negro. Las luces y sombras. A partir de ahí, la iluminación es atractiva, al no ser lo habitual, que se combina con la buena disposición de los elementos audiovisuales de la sala. De esta forma, consigue que se mezcle lo puramente teatral y físico con las proyecciones más al audiovisual. Hay veces que, al haber una larga duración en pantalla, la mirada del público no se dirige directamente a los actores. En consecuencia, pierde levemente el efecto del directo. Por último, como apunte, los momentos musicales son totalmente irregulares y no acaban por encajar. Chirrían por una ejecución que no convence por contenido y composición.

Golfa
Foto de Teatro Galileo

Conclusión

Golfa es una obra que remueve la estructura social actual, proponiendo un debate fundamental al que se debe prestar atención. Gracias a la dramaturgia, el espectador entra sin problemas y se encuentra totalmente inmerso en esa vorágine social. Hay un análisis profundo, que deja una reflexión y pensamiento interesantes. Por otra parte, la interactividad es una decisión arriesgada y es de valorar, aunque se podría ir más allá. La puesta en escena es muy atractiva y precisa. Después, el elenco actoral está fantástico, en especial el reparto adulto, que tienen una madurez sobre el escenario muy enriquecida. La respuesta al insulto y las brechas sociales mediante la palabra, el teatro y la introspección.

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