I Love Peru es un inclasificable documental con elementos de ficción dirigido por Hugo David y Raphaël Quenard, una de las revelaciones más carismáticas del cine francés reciente. A medio camino entre el mockumentary, el diario íntimo y la comedia absurda, la película juega constantemente con la frontera entre realidad e invención para retratar la vertiginosa ascensión a la fama de Quenard y las consecuencias personales que conlleva el éxito. Seleccionada en la sección Rebels del Atlàntida Mallorca Film Fest 2026, organizado por la plataforma Filmin. Puedes leer aquí otra crítica realizada por Cinemagavia de este documental.
Crítica de 'I love Peru'
Ficha Técnica
Título: I Love Peru
Título original: I Love Peru
Reparto:
Raphaël Quenard
Hugo David
Anaïde Rozam
José Garcia
Jean-Pascal Zadi
Año: 2025
Duración: 68 min.
País: Francia
Director: Hugo David, Raphaël Quenard
Guion: Hugo David, Raphaël Quenard
Fotografía: Hugo David
Música: Theodore Vibert
Género: Documental
Distribuidor:
Tráiler de 'I Love Peru'
Sinopsis
En la búsqueda implacable del éxito, un peculiar actor deja atrás a sus aliados más cercanos. Solo frente a sí mismo, se ve asaltado por una visión perturbadora. Acto seguido, pone rumbo a Perú para un viaje espiritual.
Dónde se puede ver la película en streaming
Parodia y autoficción
A medio camino entre el documental y la ficción, I Love Peru juega continuamente con la identidad de su protagonista y con la imagen pública de Raphaël Quenard, construyendo un relato donde nunca termina de quedar claro qué pertenece a la realidad y qué forma parte de la representación. El viaje físico pronto se convierte en un recorrido interior cargado de humor absurdo, situaciones delirantes y reflexiones sobre el ego, la fama y la necesidad de encontrar un propósito.
Ese tono desenfadado constituye uno de sus principales atractivos. La propuesta posee una libertad contagiosa y no teme hacer el ridículo para cuestionar la imagen del artista contemporáneo. Sin embargo esa misma espontaneidad también provoca que el relato parezca avanzar sin una dirección clara.
Improvisación como forma de entender el cine
Hugo David y Raphaël Quenard abrazan un estilo muy cercano al cine de guerrilla, donde la improvisación y la espontaneidad marcan el ritmo de la narración. La cámara acompaña constantemente al protagonista con una sensación de cercanía que refuerza la naturaleza híbrida de la película. El resultado transmite autenticidad y frescura, como si muchas escenas hubieran nacido de forma completamente improvisada durante el propio viaje.
No obstante, esa libertad formal también genera una evidente irregularidad. Hay momentos muy inspirados y otros donde la película parece perderse en sus propias divagaciones, dificultando que el conjunto alcance una verdadera cohesión.
Jugar contigo mismo
El gran motor de I Love Peru es la presencia de Raphaël Quenard, que convierte su propia personalidad pública en materia cinematográfica. Su interpretación, o quizás sería más apropiado hablar de su performance, mezcla ironía, vulnerabilidad y un humor permanentemente imprevisible. Nunca tiene miedo al exceso ni al ridículo, y esa entrega sostiene buena parte del interés del relato. El resto de participantes aparecen como compañeros circunstanciales de un viaje donde el verdadero protagonista es el propio proceso creativo y emocional del personaje.
Energía caótica con encanto
I Love Peru renuncia a cualquier acabado sofisticado para apostar por una estética cercana al documental de viaje. La fotografía captura con naturalidad los paisajes peruanos y los encuentros improvisados que surgen durante el recorrido.
El montaje mantiene un ritmo dinámico, aunque en ocasiones evidencia el carácter fragmentario del material, enlazando episodios que no siempre encuentran una continuidad clara. La música acompaña el tono desenfadado y refuerza la sensación de aventura improvisada.
Conclusión de 'I Love Peru'
I Love Peru es una docu-ficción tan excéntrica como libre, capaz de arrancar sonrisas y ofrecer momentos de auténtica inspiración gracias al carisma de su protagonista. Su espíritu anárquico resulta estimulante, aunque el exceso de improvisación y una estructura demasiado errática hacen que el viaje sea más curioso que realmente memorable.
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