La diligencia es una piedra de toque fundamental en el devenir del cine americano en general y del western en particular. John Ford construye una de sus mejores películas y asienta el carácter casi legendario de localizaciones como el Monument Valley y, cómo no, del actor John Wayne. Puede verse como una película coral que sirve como muestreo de los Estados Unidos de la época, visto desde una perspectiva épica. Está basada en el relato de The stage to Lordsburg de Ernest Haicox, aunque también es similar al relato Bola de sebo del francés Guy de Maupassant.



La diligencia

Crítica de ‘La diligencia’

Ficha Técnica

Título: La diligencia
Título original: Stagecoach

Reparto:
Claire Trevor (Dallas)
John Wayne (Ringo Kid)
Andy Devine (Buck)
John Carradine (Hatfield)
Thomas Mitchell (Doc Josiah Boone)
Louise Platt (Mrs. Lucy Mallory)
George Bancroft (Marshal Curley Wilcox)
Donald Meek (Samuel Peacock)
Berton Churchill (Ellsworth Henry Gatewood)
Tim Holt (Teniente Blanchard)
Tom Tyler (Luke Plummer)

Año: 1939
Duración: 99 min.
País: Estados Unidos
Director: John Ford
Guion: Dudley Nichols (Historia: Ernest Haycox)
Fotografía: Bert Glennon (B&W)
Música: Gerard Carbonara
Género: Western
Distribuidor: —-

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Sinopsis de ‘La diligencia’

En 1884 una diligencia cruza las tierras de Arizona. Sus pasajeros son muy heterogéneos: una mujer embarazada que va a reunirse con su esposo, oficial de caballería; un médico borrachín; un tahúr y pistolero; un comerciante de whisky; un banquero sin escrúpulos y una bailarina de «Saloon» expulsada de su pueblo por la pacata liga local por la moral y la decencia.

A ellos se une un representante de la ley que va en busca de Ringo Kid, que acaba de salir de la cárcel y presumiblemente se dirige a Lordsburg para vengarse de los tres hermanos Plummer, que asesinaron a su hermano. Ringo, privado de su montura por un accidente, detiene la diligencia con la intención de subirse a ella, siendo arrestado por Wilcox. El viaje, lleno de peripecias y peligros, pondrá a prueba a los ocupantes del carruaje, desatando graves tensiones entre ellos.

Premios

  • 2 Óscars: Mejor Actor de Reparto (Thomas Mitchell), bso (adaptada). 7 nominaciones. 1939
  • Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor director. 1939


Todos a bordo

Los primeros compases de La diligencia sirven para presentar a los personajes, y saber para qué quieren montar en la diligencia con destino a Lordsburg, a pesar del peligro de los apaches que presumiblemente se encontrarán en el camino. John Ford no para demasiado en mientes y en seguida nos sitúa en las coordenadas de cada uno con una gran destreza narrativa.

Aunque tenga todas las característica de acción de un western, La diligencia es una película coral donde el desarrollo de los personajes es fundamental. John Ford siente especial cariño por los personajes excluidos y repudiados socialmente. Es el caso de la prostituta Dallas (Claire Trevor), del médico borrachín Doc Boone (Thomas Mitchell) o del «prófugo» Ringo Kid (John Wayne). Todos ellos se desenvuelven con gran nobleza y mantienen una dignidad que resiste la altivez de otros compañeros de viaje. Dallas y Boone son expulsados del pueblo de partida (no se dice su nombre) por la reaccionaria Liga para la Ley y el Orden, que Ford satiriza perfectamente.

La Diligencia
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Hay personajes con conciencia de alta alcurnia que se muestran desdeñosos y arrogantes. Sobre todo Hatfield (John Carradine), un ex soldado confederado que se mueve por el clasista sistema moral sureño. En menor medida sucede algo similar con Lucy Mallory (Louise Platt), la mujer de un capitán del ejército que se encuentra embarazada y quiere reunirse cuanto antes con su marido.

Particularmente antipático es el banquero Gatewood (Berton Churchill), siempre altivo y grosero. Es además el único pasajero con un motivo ruin para coger la diligencia. Ha desfalcado una fortuna y quiere poner tierra de por medio; es casi un arquetipo avaricioso e hipócrita. Completan el pasaje el sheriff Wilcox (George Bancroft), que va tras de Ringo; el viajante de whisky Samuel Peacock (Donald Meek) y el conductor, Buck (Andy Devine)

El viaje interior

Entre los personajes que hemos descrito, varios de ellos no son pétreos o impermeables ante las circunstancias. Iremos observando un arco evolutivo en muchos de ellos, que vendrá dado por la convivencia forzada y las aventuras que tendrán que superar. Así, por ejemplo, Hatfield se mostrará valiente y corajudo en muchas situaciones y poco a poco veremos matices interesantes dentro de él. El doctor Boone, más allá de sus gracietas de borracho, es un buen médico, íntegro y valiente si hace falta. Ringo parece el arquetipo de vaquero duro de pelar, pero también mostrará detalles de ternura a Dallas. Es decir, más allá del trayecto de la diligencia, se produce también un viaje interior.

Stagecoach
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En cuanto al viaje exterior, La diligencia, tiene unas cuantas peripecias. Algunas de ellas más íntimas como el parto de la señora Mallory o el enamoramiento de Ringo y Dallas. Otras, como en toda película del oeste que se precie, son aventureras, y con generosas dosis de acción. Así, entre otras cosas, los protagonistas de La diligencia tendrán que vadear ríos, entablar combate con los apaches y, por supuesto, verse envueltos en duelos. Particularmente espectacular es la parte del asedios de los apaches a la diligencia; se trata de una secuencia espectacular que aún hoy sorprende por su ritmo fulgurante y sus magníficos travellings. Mejor obviar los numerosos saltos de eje que, según Ford, se justifican por cuestiones de iluminación.

Dos descubrimientos

Valores cinematográficos aparte, La diligencia (o más bien John Ford) aportó el descubrimiento de dos auténticos símbolos. Uno de ellos geográfico, el Monument Valley; quizá el paisaje más carismático de la historia del western. En La diligencia luce de forma espectacular, merced a la hermosa profundidad de campo que utiliza John Ford. En este sentido, visualmente, la película es realmente magnífica.

La Diligencia
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El otro descubrimiento es un actor. Nada más y nada menos que John Wayne, y eso son palabras mayores. Sin duda Wayne tenía muchas aristas, y algunas algo incómodas, pero como actor es parte esencial de la historia del cine. Con más virtudes actorales de lo que se suele suponer, nos legó un buen puñado de clásicos. No era su debut en el cine, pero sin duda La diligencia catapultó sideralmente su carrera y puso a la vista de todos su peculiar estilo. Con John Ford formó un dúo antológico, a pesar de sus complicadas relaciones durante los rodajes. Durante el de La diligencia Ford insultó intensamente a Wayne, que según dijo después tuvo que reprimir «las jodidas ganas de matarlo».

El renacer

Hoy nos puede parecer un poco extraño pero a finales de los años treinta el western parecía, literalmente, agotado. Desde la década anterior se hicieron, sin exagerar, cientos de películas del oeste y no parecía haber muchas ideas nuevas. El mismo Ford rodó en torno a una veintena de western mudos. Algunos relevantes como El caballo de hierro (1924). Uno de los valores históricos de La diligencia fue revitalizar las películas del oeste y asegurar su supervivencia como género. Dicho en corto, La diligencia resucitó al western.

Stagecoach
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¿El por qué de ello? Seguramente porque sin renunciar a lo lúdico, John Ford fue capaz de hacer un western profundo, que no renuncia a la introspección, ni al cuidadoso delineado de los personajes. Según Jorge Luis Borges, los western eran los últimos reductos contemporáneos de la épica y tales elogios, con toda certeza, se deben a la mano de John Ford. Uno de los pocos directores que además de hacer cine, también sabía construir leyendas.

Conclusión

Tanto por su calidad cinematográfica como por su relevancia histórica dentro de su género, La diligencia merece un capítulo propio dentro de la evolución del cine del siglo XX. La idea de juntar a varias personas dispares, condenadas a entenderse, en el contexto de un emocionante viaje aporta un factor humano y un estupendo dibujo de personajes al western. Y además, que nunca está de sobra, es una película francamente entretenida.

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