La guerra es la guerra (1968) se trata de una célebre película bélica soviética, que nos cuenta la historia de un pequeño grupo de soldados encargados de un tanque durante la ofensiva en Ucrania en el año de 1943. La película está dirigida por Viktor Tregubovich y nos encontramos ante una pieza de cine imperecedero, que por mucho que pasen los años sigue siendo superior a otras piezas bélicas que salen actualmente de la propia Rusia. Solo poner esta película al lado de obras contemporáneas rusas como Tanki (2018) o T-34 (2018) nos demuestran muy claramente la diferencia de objetivos que tenía y tiene cada cine.



La Guerra es la Guerra

Crítica de La guerra es la guerra

Ficha Técnica

Título: La guerra es la guerra
Título original: Na voyne, kak na voyne

Reparto:
Mikhail Kononov (Sanya Maleshkin – Teniente junior)
Oleg Borisov (Mikhail Domashek – Oso – Sargento artillero)
Viktor Pavlov (Grisha Scherbak – capataz)
Fyodor Odinokov (Osip Byankin – yefreytor)
Boris Tabarovsky (Bezzubtsev – kombat)
Mikhail Gluzskiy
Pyotr Lyubeshkin (Timofey Vasilievich Ovsyannikov – el oficial político)
Valentin Zubkov (Coronel Basov)
Boris Arakelov (Cheginichka – comandante autopropulsado)

Año: 1968
Duración: 85 min.
País: Unión Soviética (URSS)
Director: Viktor Tregubovich
Guion: Viktor Tregubovich, Viktor Kurochkin
Fotografía: Yevgeni Mezentsev
Música: Gennadi Portnov
Género: Bélico. Segunda Guerra Mundial
Distribuidor: ——

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Sinopsis

Para el joven teniente Maleshkin, la guerra es un obstáculo menor, si se compara con su batalla personal para comandar a sus subordinados, mientras conduce un vehículo blindado al mismo tiempo que intenta impresionar a sus superiores oficiales soviéticos que lo someten a presiones extremas, uno tras otra, luchando contra las fuerzas alemanas que ocupan Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial. Aquí está la historia de un hombre impresionable que aprende de la manera más difícil que ser líder es más que simplemente usar su voz dominante para obtener lo que quiere.

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Unos pocos hombres de honor

La guerra es la guerra no se centra en grandes ofensivas, sino que los protagonistas de la película son los cinco miembros de un tanque soviético. Sigue en este sentido la tónica habitual de algunas de las películas bélicas soviéticas más célebres, al contar mediante la visión de unos pocos personajes las impresiones de la guerra. Como Oficiales (1971)  o los amaneceres son aquí más apacibles (1972).

La guerra es la guerra

Lo que hace mover principalmente la película, más allá de la inminente batalla que les espera a los soldados es el drama del personaje principal, interpretado por Mikhail Kononov, el teniente encargado del tanque, que a pesar de ser el encargado es un hombre muy joven (ha sido alistado a la fuerza a pesar de que aún estaba estudiando). Sin embargo, es acusado de cobardía ante varios superiores, y la trama del filme tratará de mostrarnos los propios debates internos del personaje, que se mueve ante el miedo lógico de la guerra y la necesidad de demostrar a todos que no es un cobarde.

Hacía el clímax final

Toda la estructura del film está pensada para ir creciendo en tensión poco a poco hasta desembocar en el clímax final, que obviamente es la batalla. En un primer momento tenemos la presentación de personajes, que se hace en un ambiente aparentemente relajado. A pesar de ello el ritmo del filme no decae, y en todo momento sabe jugar con la oprimente sensación de que se avecina una batalla que será terrible. Por ejemplo, la canción que cantan los soldados en el momento de máxima felicidad habla precisamente sobre la muerte de un soldado. En la guerra no hay ni un segundo de descanso.

La guerra es la guerra

Para ello el guión, sabe perfectamente como ir dosificando las escenas y el tono. Otro buen ejemplo para que sepamos que estamos en guerra y que la vida podría escaparse en un segundo es el momento en que en el tanque una de las granadas ha perdido la anilla, y uno de la tripulación tendrá que coger la granada…

La Gran Guerra Patria, una batalla pequeña

A pesar de que la película está ambientada en uno de los frentes donde más hombres se desplegaron, la película se centra en un pequeño conflicto, como es la toma de una posición alemana. Pero precisamente ahí está el aliciente principal del filme, que pretende mostrarnos la guerra desde el realismo más cercano a tal y como la vivieron esos hombres. La visión de la película no es deliberadamente patriótica, sino que simplemente nos focaliza el punto de vista de un soldado.

De hecho la película contó con varios supervisores históricos, que trataron de darle credibilidad a la cinta. Así pues, lejos de ver una película donde los tiros y las explosiones son constantes, estamos más cerca de ese realismo tedioso de la «preguerra», donde el nerviosismo se presenta de distinta manera a los soldados.

La guerra es la guerra

Lo más gratificante es ver como el filme no nos presenta un patriotismo exacerbado, lejos de ello, lo único que vemos es el miedo y el júbilo de una generación que se enfrenta a su sinu más perverso. El drama a escala humana.

Inmersión soviética

Pero a pesar de que el contexto bélico ocupa en el metraje una parte corta, lo cierto es que la inmersión en el episodio bélico es total. Primero, porque la película cuenta con un despliegue de medios absolutamente brutal. Lo demuestra un brillante travelling, hacía la parte final de la película, que nos presenta el ataque de los carros soviéticos hacía el poblado ocupado por los nazis. Y segundo por esta manera de dirigir la escena, sin ningún corte, la cámara colocada encima del tanque avanza y nos presenta todo la maquinaria soviética (hombres de aquí para allá) en plena acción, y además, a medida que los tanques se van adentrando en territorio enemigo somos conscientes de como se avecina la hecatombe. Un plano secuencia para el recuerdo.

Sin duda se trata de la secuencia de la película. Pero además desemboca en un final que está repleto de tensión y que está magníficamente dirigido.

Conclusión

No se trata de la película soviética sobre la Segunda Guerra Mundial más conocida y seguramente tampoco es la mejor. Pero es lo suficientemente buena para que se acerque cualquier espectador, independientemente de cuáles sean sus gustos.

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