Ir al cine a ver lo nuevo de Christopher Nolan es aceptar que vas a partir a un largo viaje del cual saldrás de la sala despeinada, un poco mareada y con la cabeza dándote mil vueltas. Saltar de la épica realista de Oppenheimer a la mitología griega era un viaje muy arriesgado: la producción de casi tres horas y rodada en el complicado formato IMAX de 70 mm era una auténtica odisea en sí misma. ¿Naufraga Christopher Nolan en el Mediterráneo o es La Odisea el néctar de los dioses definitivo?. Te lo contamos sin spoilers. Estreno el 17 de julio de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'La odisea'
Resumen
Ficha Técnica
Título: La odisea
Título original: The Odyssey
Reparto:
Matt Damon (Odiseo)
Tom Holland (Telémaco)
Anne Hathaway (Penelope)
Robert Pattinson (Antínoso)
Zendaya (Atenea)
Charlize Theron (Calipso)
Lupita Nyong'o (Helena de Troya)
Jon Bernthal (Menelao)
Ben Safdie (Agamenón)
John Leguizamo (Eumeo)
Elliot Page (Sinon)
Himesh Patel (Euríloco)
Bill Irwin (Polifemo)
Año: 2026
Duración: 172 min.
País: Reino Unido
Director: Christopher Nolan
Guion: Christopher Nolan. Obra: Homero
Fotografía: Hoyte van Hoytema
Música: Ludwig Göransson
Género: Aventuras. Fantástico
Distribuidor: Universal Pictures International Spain
Tráiler de 'La odisea'
Sinopsis
Después de sobrevivir a diez años de guerra en Troya, Odiseo (Matt Damon) solo quiere una cosa: regresar a su adorada Ítaca junto a su amada Penélope. Pero el viaje de regreso se tuerce cuando Poseidón decide castigarle por sus acciones. Perdido en un mar hostil, tendrá que usar toda su astucia para sobrevivir a monstruos aterradores y pruebas imposibles, mientras en su reino un grupo de pretendientes amenaza con quedarse con su trono y su esposa.
Dónde se puede ver la película en streaming
Una epopeya a escala real y de dimensiones titánicas
La Odisea se convierte en una joya de efectos prácticos, dado que el director británico apuesta por el realismo táctil y la escenografía integrada, lo que obliga al departamento de diseño de producción a construir decorados físicos a escala real. Los navíos de guerra que cruzan el mar Jónico no son píxeles flotantes; son réplicas reales de navíos que navegan a mar abierto. Incluso el impresionante Caballo de Troya fue tallado en madera real.
Ese realismo también impacta en los actores: el Odiseo de Matt Damon, por ejemplo, no es el típico héroe perfecto y musculoso sino un tipo envejecido, curtido por los años de guerra y visiblemente desesperado por volver a su casa.
Con La Odisea, Christopher Nolan se zambulle en el cine fantástico a través de la mitología, adentrándose de lleno en el terror físico y psicológico. En este sentido, el encuentro con el cíclope Polifemo no es una pelea de acción digital; es una secuencia de terror claustrofóbico que se apoya en una gigantesca criatura animatrónica que infunde pánico real.
Pero el verdadero triunfo técnico llega con el encuentro de las sirenas. En lugar de mujeres hermosas entonando dulces melodías, Nolan y el compositor Ludwig Göransson diseñan una trampa auditiva ensordecedora: turbinas de viento industriales y cañones de agua a presión que azotan el patio de butacas, al igual que los marineros en pantalla, haciendo que necesite también taparse los oídos.
Detrás de la cámara, Hoyte van Hoytema en lugar de caer en la típica estética limpia y artificial del cine fantástico actual, busca hiperrealismo usando la luz natural del Mediterráneo.
Como podrás deducir, esta odisea fue concebida para ser experimentada en su máximo esplendor en una sala de cine.
Un reparto coral
Aunque el mito se centra en el héroe, Christopher Nolan entiende que esta epopeya necesita un reparto coral que funcione como un reloj suizo. Por un lado, nos encontramos con la odisea del mar, donde la tripulación actúa al unísono, casi como una entidad con personalidad propia. Sus rostros curtidos y el desgaste físico hacen que la acción se sienta real. Destaca, eso sí, un Matt Damon que se va demacrado tanto física como actoralmente. Realmente estamos delante de una actuación magistral.
En tierra firme, la dinámica es de pura tensión palaciega. Mientras Anne Hathaway sostiene el peso moral con una Penélope inquebrantable, a su alrededor se mueve el nido de víboras de los pretendientes liderados por un Robert Pattinson magnético interpretando a Antínoo. Este grupo asedia psicológicamente también al joven Telémaco (Tom Holland), hijo de Penélope y Odiseo. Pattinson inyecta un peligro palpable y Holland transita de la vulnerabilidad de un hijo abandonado a la firmeza de un futuro monarca haciendo alarde de su destreza física para las escenas de acción.
Zendaya se convierte en la brújula moral y mística del relato tanto en alta mar como en tierra firme. Su gran reto: humanizar a una deidad sin despojarla de su aura majestuosa. Y no existe nadie en la actualidad de Hollywood mejor que Zendaya Coleman para ello. El reparto lo completan otros nombres destacables como Elliot Page, Lupita Nyong’o y Charlize Theron.
El verdadero Talón de Aquiles
Me apena mucho tener que escribir que no es oro todo lo que reluce, pues el gran tropiezo de La Odisea está en su tramo final, donde Christopher Nolan intenta abarcar demasiados frentes en muy poco tiempo.
Mientras estamos en alta mar, sus característicos juegos con el tiempo funcionan, dándole al viaje un ritmo hipnótico y fragmentado gracias a flashbacks y momentos relatados por distintos personajes. El problema llega cuando el director nos sitúa en las playas de Ítaca. Es en este momento en que Nolan parece que trabaje su desenlace a contrarreloj, casi como si, irónicamente, se le terminase el presupuesto. Los personajes caen en diálogos demasiado explicativos para ser claros y poder cerrar tramas.
Por su parte, el montaje se acelera tanto que llego a dudar si estoy ante el final de la misma película sosegada que empecé.
Veredicto final de 'La Odisea'
La Odisea de Christopher Nolan no es a mi parecer una obra maestra ni una película perfecta, pero está a años luz de ser un naufragio. Las palabras que mejor definen esta cinta son “monumental”, “áspera”, “ruidosa” y “cruda”. A pesar de flojear en su último tercio, la experiencia sensorial que ofrece es un festín digno de los banquetes del Olimpo. Prepara tus mejores galas de batalla, porque este es el tipo de cine por el que vale la pena cruzar océanos.
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