El próximo día 10 de septiembre llega a Filmin La Verónica, el esperado film del chileno Leonardo Medel tras su estreno en la pasada edición del Festival de San Sebastián. En su recorrido por festivales ha tenido buena acogida por parte de la crítica, con su puesta en escena experimental sobre un personaje que logra fascinar. Verónica, rostro perfecto, mártir y filicida. Puedes leer AQUÍ otra crítica realizada por Cinemagavia de esta película.

Leonardo Medel, director y guionista de La Verónica, ya se ha arriesgado con formatos no convencionales en sus anteriores producciones como Hotel Zentai (2018), Harem (2017) o Constitución (2016), rodadas en realidad virtual. En cuanto a los temas, le interesan las nuevas formas de relacionarnos,  los fenómenos surgidos de la omnipresencia de internet en nuestras vidas y los radicales cambios sociales que nos ha traído la posmodernidad.

La Verónica es una película difícil de definir, que transita entre el drama psicológico y la comedia, magistralmente sostenida por la interpretación de Mariana Di Girolamo (Ema).



La Verónica

Crítica de ‘La Verónica’

Ficha Técnica

Título: La Verónica
Título original: La Verónica

Reparto:
Mariana Di Girolamo (Verónica)
Antonia Giesen
Ariel Mateluna (Javier)
Josefina Montané
Patricia Rivadeneira
Willy Semler

Año: 2020
Duración: 100 min.
País: Chile
Director: Leonardo Medel
Guion: Leonardo Medel
Fotografía: Pedro García
Música:
Género: Drama
Distribuidor: Filmin

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de ‘La Verónica’

Sinopsis

Mariana Di Girolamo, la abrasiva “Ema” de Pablo Larraín, es ahora “La Verónica”, una influencer de Instagram, suerte de Victoria Beckham de nuestro tiempo en la agitada Chile, en esta película rodada únicamente a través de primeros planos que evoca a las interfaces digitales. Un salvaje juego de dobles realidades, falsedades y muchos puñales en la espalda que destapa la hipocresía de un mundo que vive de cara a una galería vacua y despiadada.

Verónica, una modelo muy popular en redes sociales, casada con una estrella internacional del fútbol, cae en desgracia cuando descubre que es la principal sospechosa en la investigación sobre el asesinato de su primera hija, ocurrido diez años atrás. Frente a la presión de la investigación, su matrimonio está al borde de la ruptura y comienza a sentir celos de Amanda, su hija recién nacida. (Filmin)



La fragmentación de la identidad: pero, ¿quién es La Vero?

Durante todo el metraje, Mariana Di Girolamo ocupa el lugar que desea, el centro geométrico de la pantalla. En torno a ella orbitan el resto de personajes: en segundo plano, casi de atrezo, en contraplano sin rostro o directamente fuera de plano. Es una pura metáfora visual de lo que es una personalidad narcisista y fragmentada.

Ella permanece durante todo el metraje en un estático primer plano. Tan solo vemos su rostro y sus hombros. Ni siquiera sus manos, tan locuaces habitualmente, nos resultan accesibles. Solo los gestos, la sonrisa, la mirada, como una máscara teatral, nos dejan entrever qué hay en el fondo. Y lo que descubrimos no es ni sencillo ni  agradable. El vacío, que ella intenta encubrir en cierto momento con una pátina de pseudofilosofía, es prácticamente lo único que encontramos más allá de la careta.

La Verónica
Fotos de Filmin

Crítica feroz a las redes sociales

La única preocupación y ocupación de la Vero es aumentar la cantidad de followers, likes y visionados en su Instagram. Por eso trabaja sin descanso para dar exactamente la imagen que desea, borrando las sombras y maquillando los defectos hasta convertirlos en virtudes. Es sobrecogedor ver cómo la Vero se adapta al medio para conseguir sus fines sin ningún tipo de escrúpulos. Un verdadero animal de Instagram, en equilibrio entre la fragilidad y la monstruosidad.

La Vero, verdugo de tendencias psicopáticas, absolutamente falta de empatía e incapaz para el afecto logra volver la situación a su favor y convertirse en un símbolo nacional. Y es ahí donde radica la tragedia de la película. La falta de sentido crítico de la masa en que nos convertimos en las redes sociales está ávida de esta clase de héroes. Rostros vacíos que son susceptibles de asumir el significado que mejor convenga en cada momento.

Mariana Di Girolamo
Fotos de Filmin

Cuando la madre es el monstruo

Los espectadores podemos reconstruir el retrato robot de la Vero a partir de la imagen que quiere dar en sus directos de Instagram, en sus entrevistas y en las conversaciones con su biógrafa, siempre luminosas e idílicas. Pero también vemos el lado más oscuro e íntimo, el que está convenientemente oculto: la penosa relación con su marido y con sus hijas, la vergüenza que siente por su madre o las conversaciones con el fiscal encargado de investigar la muerte de su primogénita.

Esto nos lleva a otra de las cuestiones palpitantes de la película. La primera escena nos muestra a una mujer desbordada por el llanto de un bebé. Podemos pensar que padece algún tipo de depresión postparto y que sufre por las limitaciones profesionales que la maternidad le impone. Sin embargo, pronto las tornas cambian y entendemos que las frustraciones de la Vero están motivadas por sentimientos mucho más perversos. En el corazón de la protagonista solo hay lugar para los celos, el desapego y el desprecio por el prójimo. Vero cosifica e instrumentaliza a todos cuanto la rodean porque ha comenzado cosificando e instrumentalizándose a sí misma. No tiene nada que ofrecer al mundo más que su bello rostro. Y lo sabe explotar hasta el final.

La Verónica
Fotos de Filmin

Conclusión de ‘La Verónica

La Verónica es una fábula contemporánea. Nos ofrece un retrato feroz de las redes sociales y una interesante reflexión sobre el relato que socialmente construimos en torno a los influencers. Su original puesta en escena y una protagonista, Mariana Di Girolamo,  que sabe ofrecer con su omnipresencia en pantalla todos los matices necesarios para la construcción del personaje, junto con una fotografía y un montaje muy atractivos son los puntos fuertes de la película.

En un tiempo en el que no hay cabida para el pensamiento crítico, sino solo para eslóganes de usar y tirar e imágenes de consumo rápido, la Vero representa el culmen del nuevo santoral en que se han convertido los influencers.

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