Liberté, el nuevo trabajo de Albert Serra, llega a los cines tras presentarse en la última edición del Festival de Cannes. Allí la película recibió el Premio Especial del Jurado. También ha participado en la sección oficial del Festival de Sevilla. Se trata de su segunda producción francesa después de la aclamada ‘Luis XIV’ (2016).

Liberté es un erótico drama histórico que se sitúa en los bosques europeos del siglo XVIII. Un grupo libertino expulsado de la nueva corte de Luis XVI busca en el Duque de Walchen apoyo moral. Su intención es acceder a Prusia para seguir beneficiándose de su filosofía del amor libre, practicada en la Francia prerrevolucionaria. El reparto destaca por la presencia del veterano actor Herbert Berger; Marc Susini y Lluís Serrat repiten con Albert Serra. Y el guion lo firma, como en la mayoría de su obra, el propio director catalán. Estreno el 15 de noviembre.



Liberté

Crítica de ‘Liberté’

Ficha Técnica

Título: Liberté
Título original: Liberté

Reparto:
Helmut Berger (Duque de Walchen)
Marc Susini (Conde de Tésis)
Baptiste Pinteaux (Duque de Wand)
Iliana Zabeth (Mademoiselle de Jensling)
Laura Poulvet (Mademoiselle de Geldöbel)
Lluís Serrat (Armin)
Alexander García Düttmann (Conde Alexis Danshire)
Théodora Marcadé (Madame de Dumeval)
Xavier Pérez (Capitán Benjamin Hephie)

Año: 2019
Duración: 133 min.
País: Francia
Director: Albert Serra
Guion: Albert Serra
Fotografía: Artur Tort
Música: —–
Género: Drama. Erótico
Distribuidor: Elamedia

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Tráiler de ‘Liberté’

Sinopsis

1774, unos años antes de la Revolución Francesa, entre Potsdam y Berlín. Madame de Dumeval, el Conde de Tesis y el Duque de Wand, libertinos expulsados de la corte puritana de Luis XVI, van en busca del legendario Duque de Walchen, un seductor y libre pensador alemán, solos en un país donde reina la hipocresía y las falsas virtudes. Su misión: exportar el libertinaje en Alemania. Pero antes deben encontrar un lugar seguro donde continuar sus prácticas licenciosas. ¿Las novicias de un convento cercano se dejarán también arrastrar ellas por esta noche oscura donde sólo reina la ley del deseo insaciable? (Elamedia).

Premios

  • Festival de Cannes: Un Certain Regard- Premio Especial del Jurado. 2019
  • Festival de Sevilla: Sección oficial. 2019


Liberté es una obra cuyo fin no es mostrar un juicio sobre la libertad sexual

El film comienza combinando imágenes apacibles en un bosque al atardecer que contrastan con lo que que narra un personaje. Sus palabras generan horror al describir las torturas con las que la corte de Luis XVI sometió a un preso. Y, sin embargo, la reacción de quien las escucha atentamente, el Duque de Walchen, apenas muestra compasión. Esta introducción representa lo que en adelante el espectador va a contemplar en la pantalla.

Liberté es una obra cuyo fin no es mostrar un juicio sobre la libertad sexual, un tema siempre controvertido. Más bien trata de experimentar con los aspectos sensoriales del público y su interacción con los personajes. De este modo, el argumento es tan libre y suelto como la prosa, alejándose de los cánones líricos del cine. Narrar unos hechos no tiene por qué inducir a la reflexión, sino que puede limitarse a conseguir un efecto esteticista.

Liberté
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El sayo propio del siglo de las luces

Si hay un apartado que destacar en Liberté es la dirección de arte. Que el escenario sea en exteriores hace más difícil contextualizar la historia. Así que el vestuario y el mobiliario utilizado -los carruajes de época- consiguen dar veracidad a la historia. El equipo de Albert Serra ha ido puliendo la sofisticación en diseño de producción desde Historia de mi muerte (2013). Ya se notó en la mencionada Luis XIV (2016).

Ahora Liberté culmina con gusto exquisito la labor de enseñar el sayo propio del siglo de las luces. Y lo hace con una plasticidad absoluta. El hecho de filmar en la nocturnidad, por otra parte, enfría la calidez del tema que aborda. Es una manera de eliminar cualquier signo que pueda hacer creer que los personajes se tienen afecto. En este sentido, deja claro al espectador que esta reunión únicamente tiene por objeto saciar sus deseos más oscuros.

Liberté
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Actitud voyeurista

Artur Tort se encarga de la dirección de fotografía. Recibe la confianza de Serra después de tomar la alternativa en Rui Solei (2018). Pero Artur ha colaborado también con Serra como operador de cámara desde Historia de mi muerte (2013). El enfoque que propone en Liberté es naturalista, es decir, intenta mostrar la realidad tal como es. Aquí la cámara actúa como el ojo de un testigo pasivo al que le gusta observar por encima.

Tort recurre a planos generales, planos-secuencia y planos cortados. Sientes que tomas una actitud voyeurista ante los eventos que suceden. Los gestos y miradas de los personajes en ciertos momentos de la trama sugieren además que una presencia oculta está espiándoles. Por tanto, la película crea una atmósfera que afecta a la percepción del espectador. De modo que experimentas la fractura de la cuarta pared sin que los personajes alcen la mirada a cámara.

Helmut Berger,
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La luz exterior vela por el paso del tiempo

Aunque el trasfondo de la historia sea la huida del reino, estos personajes no buscan más que saciar su libido. La causa que origina este exilio, no cumplir con la nueva moral del gobierno francés, no tiene un efecto. Es decir, la historia no avanza, sino que se recrea en los placeres lascivos de sus protagonistas.

La luz exterior vela por el paso del tiempo. Madame de Dumeval, el Conde de Tesis y el Duque de Wand se instalan en mitad del camino a Berlín. En el frondoso bosque, a las afueras del cordón moral que son las ciudades, organizan todo tipo de juegos sexuales. Allí retienen a las Madamoisselles de Jensling y Geldobel, novicias en un convento cercano, forzándolas a pecar. Conforme avanza la noche, los delirios impúdicos crecen exponencialmente. Liberté no omite nada, ya que el espectador voyeur lo observa todo. Así que Liberté termina siendo un desmadre.

Conclusión

Como indica su título, Liberté no concibe límites ni aristas en la acción de los personajes. El problema es que su intensidad se diluye por dos motivos: su duración y la falta de dramatización. Se trata de una obra difícil de clasificar, y no porque sea inédita en su forma. Pero podría decirse que los libros del Marqués de Sade tienen más enjundia. Porque si lo que deseaba Serra era escandalizar en la era de Porn Hub, se ha equivocado de planteamiento.

Su idea de hacer partícipe al espectador de las parafilias que padecen los señores ilustrados no aprecia un motivo subyacente. Ni siquiera ver que incluso el dolor también es una manera de llegar al culmen del placer débil. Dependerá del gusto del espectador. Puede que busque experimentar el ‘cruising’ de personas vestidas de época postbarroca en detrimento del entretenimiento. Al menos sabrá que el deseo carnal es eterno.

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