Joshua Zeman compone en Los hijos de Sam: Un descenso a los infiernos un true crime con ciertas peculiaridades, que lo aleja del común del género y plantea interrogantes muy interesantes para la reflexión del espectador. Estreno en Netflix el 5 de mayo de 2021.



Los hijos de Sam: Un descenso a los infiernos

Crítica de ‘Los hijos de Sam: Un descenso a los infiernos’

Ficha Técnica

Título: Los hijos de Sam: Un descenso a los infiernos
Título original: The Sons of Sam: A Descent Into Darkness / RH Project

Reparto:
Paul Giamatti (Maury Terry)
Phil Amicone (Cuñado de Maury Terry)
Charlie Ott (Amigo de Maury Terry)
Michael Zuckerman (Reportero, Gannett Newspapers)
Mary Murphy (Reportero de TV)
Georgiana Byrne (Ex esposa de Maury Terry)
Joseph Borrelli (Detective principal retirado, policía de Nueva York)
Wayne Darwen (El periodista)
Kevin Murphy (Detective retirado, policía de Yonkers)

Año: 2021
Duración: 239 min.
País: Estados Unidos
Director: Joshua Zeman
Guion:
Fotografía: Conrad Hall
Música: Justin Melland
Género: Documental
Distribuidor: Netflix

Filmaffinity

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Tráiler de ‘Los hijos de Sam: Un descenso a los infiernos’

Sinopsis

El caso del Hijo de Sam se convirtió en una obsesión de por vida para el periodista Maury Terry, quien se convenció de que los asesinatos estaban vinculados a un culto satánico.

Dónde se puede ver la serie



Un descenso a los infiernos
Copyright Netflix

Evitando lo cruento

Joshua Zeman no se preocupa en esta serie de cuatro capítulos tanto de los hechos violentos  como de reflexionar acerca de su impacto en el imaginario colectivo. Como ya había hecho en sus otras incursiones en el género Zeman se aleja de la parte más morbosa del mismo. En los últimos años se ha multiplicado la creación de documentales y series, así como de podcasts, acerca de crímenes reales. La mayoría de ellos se dejan llevar por la corriente malsana de enfocar más los detalles violentos que de analizar las repercusiones que estos dejan.

En Los hijos de Sam: Un descenso a los infiernos nos encontramos con un primer capítulo introductorio, que nos lleva a una serie de crímenes ocurridos en Nueva York durante los setenta. Pero en realidad la figura central de la narración será Maury Terry, a quien pone voz Paul Giamatti en la versión original, un periodista que dedicó gran parte de su vida a investigar supuestos cabos sueltos del caso.

Con el paso del metraje iremos adentrándonos en la investigación que Terry llevó a cabo durante décadas. Al mismo tiempo iremos observando, aunque Zeman lo refleja de manera muy elegante, como parte de esos descubrimientos se acercaban demasiado a lo que el periodista ya esperaba de antemano. Su paso de periodista a detective aficionado, y cómo esa nueva vertiente cada vez va influyendo más en sus publicaciones es clave en el discurso que va creando.

Los hijos de Sam
Copyright Netflix

Cuando la leyenda se convierte en realidad

En su primer documental, Cropsey (2009), Joshua Zeman ya se ocupaba de como las leyendas urbanas pueden llegar a convertirse en algo tangible. O mejor dicho, como un discurso rodeado de sucesos importantes, pueden llevar a la sociedad a confundir los mitos con la realidad.

Si partimos de unos hechos inauditos y con un alto de nivel de violencia, resulta más sencillo crear una narrativa legendaria. No sólo podremos crearla, sino que la población será mucho más permeable a su discurso.

La obsesiva búsqueda de Maury Terry le va adentrando en un mundo de sectas satánicas, películas snuff y redes de dinero negro. Esa es la conspiración que para el periodista se encuentra tras los asesinatos. La publicación del libro The ultimate evil es la consecución de su primera parte de la investigación. En parte Terry es víctima de la ola de creencia en la existencia de cultos satánicos a nivel global tan de boga en los EEUU de los ochenta, y en parte generador de la misma. Ola que alcanza niveles de ridiculez extrema con la acusación de satanismo a juegos de rol, juegos de mesa, cómics y a ciertas tendencias musicales.

Al otro lado del discurso tenemos la versión oficial, tanto policial como de los medios de comunicación. En esta, una vez revistamos ciertos datos y acontecimientos podemos observar una falta de análisis crítico bastante preocupante. Que la versión oficial calcifique en mito incuestionable no ayuda demasiado a darle veracidad bajo el prisma de un examen serio y profundo.

Los hijos de Sam
Copyright Netflix

Sensación terrorífica

Es digna de mención la sensación de terror que consigue transmitir Joshua Zeman con sus imágenes y narraciones. Y aún más lograrlo sin utilizar la parte más morbosa del true crime, sin regodearse en los detalles truculentos. La sensación de miedo puede llegarnos a través del entramado que pretende demostrar Terry, pero es aún más abrumadora cuando descubrimos la trampa que se ha ido generando él mismo. En palabras del propio director, “Cuidado con entrar en esa locura, porque igual nunca vuelves a salir de ella“. Es una gran descripción del proceso que vivió el periodista, que acabó atrapado en su propia red de teorías complejas. Puso tanto de sí mismo en su creación que tenía demasiado interés en demostrar lo que le convenía, al mismo tiempo que acababa con su vida.

Los medios de comunicación jugaron un papel esencial en el interés que despertó la ola de crímenes entre los ciudadanos. Y quizás en este momento, con la sobreexposición al género true crime que estamos viviendo, no estaría de más pararse a analizar cuál es el poso que nos está dejando. Joshua Zeman intenta reflexionar en Los hijos de Sam: Un descenso a los infiernos acerca del modo en que la prensa crea narrativas y mitologías, y la sociedad las aprehende y sigue adelante con ellas.

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