Llega a los cines una de las películas españolas más esperadas del 2020: Malasaña 32. Albert Pintó ha sido el encargado de dirigir este film, tras su debut cinematográfico con “Matar a Dios”. Inspirado en testimonios reales de vecinos del céntrico barrio de Malasaña, incluyendo las narraciones sobre el edificio maldito de la entonces calle Antonio Grillo. El film se ambienta en Madrid, en los años 70. Pintó ha contado con rostros conocidos por el público como Javier Botet, Sergio Castellanos o la mismísima Concha Velasco. Disponible desde el 17 de enero en la gran pantalla en España.



Malasaña 32

Crítica de ‘Malasaña 32’

Ficha Técnica

Título: Malasaña 32
Título original: Malasaña 32

Reparto:
Begoña Vargas (Amparo)
Iván Marcos (Manolo)
Bea Segura (Candela)
Sergio Castellanos (Pepe)
Iván Renedo (Rafita)

Año: 2020
Duración: 90 min
País: España
Director: Albert Pintó
Guion: Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina & David Orea
Fotografía: Daniel Sosa Segura
Música: Frank Montasell & Lucas Peire
Género: Terror
Distribuidora: Warner Bros. Pictures

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Malasaña 32’

Sinopsis de ‘Malasaña 32’

Malasaña 32 se ambienta a finales de los 70. La familia Olmedo compra un antiguo piso en el número 32 de la calle Manuela Malasaña de Madrid. Atrás dejan el pueblo en busca de la prosperidad que parece ofrecerles la capital. Pero, hay algo que la familia Olmedo no sabe: en la casa que han comprado, no están solos… Algo que desconocen va a poner en peligro sus vidas y tendrán que defenderse. (WARNER BROS. PICTURES).



Malasaña 32
Foto de Warner Bros. Pictures

Oportunidad perdida

Albert Pintó regresa a la gran pantalla con Malasaña 32, bajo un guion de Ramón Campos, Gema R. Neira, Salvador S. Molina y David Orea. Vendido como inspirado en el famoso caso de los crímenes de la Calle Antonio Grillo, acaba yendo en una dirección totalmente distinta. El guion sufre la utilización excesiva del susto fácil y de un esquema demasiado manido en el séptimo arte. Se convierte en una sucesión de sobresaltos que no tienen tras de sí una aportación narrativa en la historia. La tensión creada se puede percibir en todo momento como provocada, por lo que es una cinta predecible en su mayor parte. La historia detrás de ella no tiene una justificación verosímil y, sin duda, sentencia el resultado final con un desenlace que lejos de convencer, enseña las flaquezas de la historia.

No es la primera vez que se materializa una película de terror al uso, pero la realidad es que, en este caso, se cumplen todos los clichés, sin intentar explotarlo desde un prisma innovador. Los personajes que intervienen en la cinta no son potentes ni llevan en sí mismos un sello de identidad más allá de cumplir con el propósito de ser el rol de las víctimas. Luego, los personajes periféricos siguen llevando el mismo esquema, por lo que son arquetipos que provocan las risas en los espectadores. Realmente, podrían haber aprovechado más el caso real, sin caer en una adaptación si no era su intención, como ya hiciese en su momento Paco Plaza con “Verónica”. Un intento fallido que cuenta con grandes lagunas narrativas y las resuelve abruptamente. Los giros de guion no se cuecen a fuego lento y culminan de forma difusa.

Malasaña 32
Foto de Warner Bros. Pictures

Correctos

El equipo artístico de Malasaña 32 cuenta con nombres ya conocidos por el gran público y en algunos de sus casos se estrenan en el género de terror. Iván Marcos interpreta a Manolo, padre de la familia Olmedo. El actor ofrece una labor notable, con una expresividad acertada, aunque no lo exprime por las limitaciones narrativas. Por su lado, Bea Segura, como Candela, está bien, aunque en algunos momentos peque de dosis extra de dramatismo. Da un trabajo interpretativo correcto, pero sin pretensión de evolucionar con él. Concha Velasco, claramente, es lo mejor del film. La actriz demuestra una vez más la fuerza escénica que tiene en pantalla y pisa fuerte en cada una de sus secuencias. Sin embargo, su papel recuerda a otros trabajos recientes realizados por la artista.

Begoña Vargas y Sergio Castellanos cumplen su papel, pero pueden llegar a no transmitir al público el trabajo actoral que hay detrás. En especial, Vargas al coger el rol principal protagonista no termina de saber gestionar la carga dramática que hay en él y acaba pasándole factura a su interpretación. Luego, por otro lado, Iván Renedo como Rafita da esa pizca de candidez e ingenuidad, pero no le sacan partido como golpe de efecto. Se va perdiendo el impacto de las primeras escenas. Por último, Rosa Álvarez otorga un trabajo actoral destacable, desprende ese terror en pantalla, aunque, tristemente, su personaje no tenga la consonancia narrativa necesaria para destacar. Se convierte en una interpretación circunstancial. Por lo cual, al tener actuaciones comedidas, tampoco brilla en su apartado interpretativo.

Albert Pintó
Foto de Warner Bros. Pictures

Toc, toc

La tensión creada en Malasaña 32 está lograda, por lo que es eficaz en cuanto a transmitir esos golpes de terror. Sin embargo, no termina de ser un recurso que funcione técnicamente, porque no hay una justificación narrativa ni creativa detrás. Por ello, cumple con el esquema ya predeterminado del género de terror, con una atmósfera tensa, con la casa encantada típica y los sustos, detrás de un montaje rápido y conciso. Se ve esa intención de cumplir con el espectador, pero al no ofrecer algo fresco y en movimiento, parece recortes de otros filmes como “Mamá”, “Insidious”, “La maldición” e, incluso, “Verónica”. Esa mezcla de referencias no llega a buen puerto y se pierde en intentar encontrar su propia voz. No llega a impactar al público y culmina perdiendo la personalidad inicial por una naturaleza cómica no intencionada.

La dirección fotográfica está muy trabajada, se resuelven bien los movimientos en escena, pero se limita en un significado más académico de la realización. A nivel de dirección artística, se cuidan mucho los detalles del piso principal, pero no pasa lo mismo con los exteriores y el resto de localizaciones. En especial, las Galerías no son verosímiles y quitan realismo al film. El vestuario y el maquillaje es otro de los puntos a favor de la cinta, aunque se abuse en ciertos momentos del carácter sombrío en algunos actores. Por último, destacar el gran trabajo de iluminación que se produce, dado que se desarrolla creativamente de una manera notable. Al igual que ocurriese con el resto de elementos, el resultado no prospera y se queda en un intento. Mejor suerte creativa y narrativa tuvo Pintó en su anterior film: “Matar a Dios”.

Albert Pintó
Foto de Warner Bros. Pictures

Conclusión

Malasaña 32 es una película que prometía más, pero que se queda en las expectativas. El guion presenta flaquezas y lagunas que no convencen al espectador. Lo que comienza con una historia interesante, se pierde en un relato sin coherencia y con una explicación abrupta. A nivel interpretativo, el reparto cumple, pero no puede ir contra las limitaciones del libreto. Destaca una impresionante Concha Velasco, que, pese al carácter de su personaje, no le quita verosimilitud a su trabajo. A nivel técnico funcionan los sustos, pero no hay una justificación más que satisfacer las ganas de terror del público, por lo que aunque están bien realizados, no elevan más al film. Una película dispuesta a ir hasta el interior del género, pero que acaba convirtiéndose en su propia pesadilla.

Reportaje de Malasaña 32 en Días de Cine TVE

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