Woody Allen estrenaba en 1979 su novena película bajo el título de Manhattan. Este largometraje es considerado por muchos como uno de los films insignia del realizador estadounidense. Además, obtuvo dos nominaciones a los Premios Óscar a la mejor actriz de reparto, para Mariel Hemingway, y a mejor guion. También estuvo presente en los Globos de Oro, nominada a la mejor película de drama. Por otro lado, consiguió alzarse con dos premios BAFTA a la mejor película y al mejor guion, sumando las ocho nominaciones en el mismo certamen, incluyendo a mejor actor, mejor actriz y mejor dirección. En España ganó a mejor película extranjera en los Fotogramas de Plata en 1980. Todavía, a día de hoy, sigue siendo uno de los títulos imprescindibles en la filmografía del realizador.



Manhattan

Crítica de ‘Manhattan’

Ficha Técnica

Título: Manhattan
Título original: Manhattan

Reparto:
Woody Allen (Isaac)
Diane Keaton (Mary)
Michael Murphy (Yale)
Mariel Hemingway (Tracy)
Meryl Streep (Jill)

Año: 1979
Duración: 96 min
País: Estados Unidos
Dirección: Woody Allen
Guion: Woody Allen y Marshall Brickman
Fotografía: Gordon Willis
Música: George Gershwin
Género: Comedia
Distribuidora: La Tropa Produce

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Manhattan’

Manhattan – La película de mi vida, en TCM

Sinopsis de ‘Manhattan’

Manhattan nos presenta a Isaac Davis, un neoyorquino de mediana edad que tiene un trabajo que odia, una novia de 17 años a la que no ama y una ex esposa lesbiana a la que desearía estrangular, porque está escribiendo un libro en el que cuenta las intimidades de su matrimonio. Cuando conoce a Mary, la sexy y snob amante de su mejor amigo, se enamora perdidamente de ella. La idea de dejar a su novia, acostarse con Mary y abandonar su trabajo supone para él el comienzo de una nueva vida. (FILMAFFINITY).

Premios

  • Premios Óscar: dos nominaciones a mejor actriz de reparto (Mariel Hemingway) y a mejor guion. 1980
  • Globos de Oro: nominación a mejor película de drama. 1980
  • Premios BAFTA: premio a la mejor película y al mejor guion. Ocho nominaciones a mejor actor (Woody Allen), actriz (Diane Keaton), fotografía, dirección, edición, actriz de reparto (Mariel Hemingway y Meryl Streep) y banda sonora. 1980
  • Premios César: premio a la mejor película extranjera. 1980
  • Fotogramas de Plata: premio a la mejor película extranjera. 1980
  • New York Film Critics Circle Awards: premio a mejor director y dos nominaciones a mejor película y mejor guion. 1979

Donde puedes ver la película



Manhattan
Foto de La Tropa Produce

Entrando en las entrañas de Manhattan

No hay nada como revivir al Woody Allen de Manhattan, considerada una de las películas más importantes del guionista. La realidad es que este film marca el estilo narrativo de su obra, poniendo las bases de lo que se considera el cine de Allen. En primer lugar, los diálogos constantes con una necesidad de debatir el sentir y exponer una visión vital de la existencia. Sin embargo, en esta cinta hay una particularidad interesante de cómo expone los entresijos amorosos y la dificultad de amar y ser amado. Aunque sus giros de guion sean ya conocidos, no se puede negar que triunfan en el desencadenante final de la trama. Ese espíritu de echar la mirada hacia atrás, llegar a un camino reflexivo y no perderse en el recuerdo. Por lo cual, ofrece un puzzle emocional que todavía sigue siendo su buque insignia.

Los personajes que intervienen en el film tienen una construcción que se aleja de la superficialidad y los muestra desde una imperfección absoluta. Por esta razón, los films de Allen son tan apreciados, dado que tiene talento para mostrar los claroscuros sentimentales con un realismo y una cotidianidad, que los eleva a nivel narrativo. Sin embargo, el problema que hay en los guiones de Allen es la reiteración con unos diálogos extensos y llenos de referencias, pero que a nivel cinematográfico no siempre encuentran su lugar. Es decir, se cae en cierta repetición de patrones y no se equilibra con la acción, por lo que puede ralentizar el transcurso de las secuencias. No obstante, no elimina la calidad notable del guion, pero si mengua su efecto en el resultado global de la película.

Manhattan
Foto de La Tropa Produce

Talento coral

No hay nadie mejor que el propio Woody Allen para encarnar un personaje que bebe tanto de esa personalidad tan particular del guionista. En Manhattan el realizador se mete en la piel de Isaac, lo hace con tal naturalidad que parece ser hecho a medida. Para empezar, se puede ver esa picaresca irónica y ese dramatismo sarcástico, totalmente orgánico sin un ápice de superficialidad. Por lo cual, es innegable que Allen sepa manejar a la perfección ese carácter tan extremo y a la par realista que hace que sea atrayente para las grandes masas. Por otro lado, destacar a Mariel Hemingway que, pese a ese carácter tan aniñado y con menos desarrollo interpretativo, equilibra la balanza energética y se posiciona en un ángulo fresco y espectacular. Tal vez, se echa en falta que hubiera tenido una mayor evolución en escena y no encontrarse tan escondida.

La otra gran interpretación del film es Diane Keaton, una de las actrices fetiches del director. Una vez más parte de esa luminosidad contrastada con las sombras de la personalidad de su personaje. No se puede negar el virtuosismo que muestra en pantalla, siendo la perfecta némesis de Allen. Además, tiene esa habilidad ante la comedia, que hace que su personaje brille más de lo que pudiese desde el guion. Lo mismo ocurre con Meryl Streep que, aunque no aparece notoriamente, tiene firmeza y es el contrapeso ideal con esa implacable fuerza que regala al espectador. Es infalible su mirada y eleva el resultado global del elenco. Por último, mencionar el trabajo de Michael Murphy y Anne Byrne Hoffman. Mientras que dan familiaridad en las escenas en conjunto, por otro lado no pierden esos detalles escénicos que le dan mayor profundidad a su participación.

Manhattan
Foto de La Tropa Produce

El homenaje visual

No se puede dudar de la calidad técnica que se observa en Manhattan. A diferencia de otros films de la filmografía de Woody Allen, en esta ocasión, se ha cuidado el despliegue estético y ofrece un acabado muy artístico. Por un lado, la dirección fotográfica sabe utilizar a su favor el blanco y negro. Por lo que ofrece una imagen cuidada con unos planos generales que llevan al espectador directamente al corazón de Manhattan. También hay que matizar el gran homenaje visual que realiza de la ciudad, se siente el amor que emana del propio concepto del realizador y sabe llevarlo al público. Asimismo, la iluminación juega un factor importante, al hacer una composición de claroscuros que hace posible subrayar el sentido artístico y el gusto visual que queda en la retina de los espectadores.

Por otro lado, la dirección artística aprovecha los estilos de vida neoyorquinos y ofrece unos espacios impresionantes. Sería importante subrayar lo imponente que es ejecutar la escena en exteriores, dando una riqueza potente y así, la acción puede expandirse por los lugares en los que se establece. Gracias a esta convergencia de elementos, el montaje ofrece dinamismo y está en continuo movimiento, dando secuencias realmente hermosas y seduciendo al público con ese lugar de ensueño. Sin embargo, en ocasiones, se ralentiza la acción al ejecutar en el foco principal el diálogo. Es indudable que ese encadenado de verborrea filosófica y reflexiva no deja el tiempo suficiente para plantear una introspección en el público. No deja un margen para asentar tantos conceptos en tan poco tiempo y, en consecuencia, no se disfruta de la calidad de lo que se está transmitiendo. Por ello, muestra que, a veces, menos es más.

Manhattan
Foto de La Tropa Produce

Conclusión

Manhattan goza de un guion plagado de inteligencia y de un humor exquisito. Además, muestra esa reflexión del comportamiento humano y de las relaciones amorosas. Por otra parte, a nivel interpretativo, sabe hacer brillar a su reparto y todos gozan de una naturalidad intrínseca. A nivel técnico tiene una fuerza visual impresionante con unos exteriores y unos encuadres de ensueño. Sabe magnificar la imagen de Manhattan y utilizarla a su favor. Sin embargo, cae en un exceso del uso del diálogo, encadenando conversaciones infinitas que no dejan espacio de reflexión al espectador. Un viaje emocional atribulado en el que triunfa la magia de la ciudad, pero falla en la ejecución de su contenido.

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