Mi primer gran combate (título original, The Main Event), es una película de comedia estadounidense dirigida por Jay Karas (Break Point, El Intercambio), a partir de un guion de Larry Postel.

Se estrenó en España el 10 de abril de 2020 en Netflix. Está protagonizada por Seth Carr, Tichina Arnold, Ken Marino y Adam Pally. Cuenta además con la participación de las estrellas de la WWE Kofi Kingston, The Miz, Sheamus, Keith Lee, Mia Yim y Otis Dozovic, así como Corey Graves y Renee Young.



Mi primer gran combate

Crítica de ‘Mi primer gran combate’

Ficha Técnica

Título: Mi primer gran combate
Título original: The Main Event

Reparto:
Seth Carr (Leo)
Tichina Arnold (Abuela)
Adam Pally (Steve)
Ken Marino (Frankie)
Aryan Simhadri (Riyaz)

Año: 2020
Duración: 101 min
País: Estados Unidos
Dirección: Jay Karas
Guion: Peter Hoare, Zach Lewis, Jim Mahoney y Larry Postel
Fotografía: Karsten Gopinath
Género: Comedia
Distribuidora: Netflix

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Mi primer gran combate’

Sinopsis de ‘Mi primer gran combate’

Mi primer gran combate presente a Leo Thompson (Seth Carr). Tiene 11 años y se ha encontrado una máscara de lucha libre que le da superfuerza. Con ella y con el apoyo de su abuela (Tichina Arnold), se presenta a un campeonato de la WWE. Leo hará todo lo posible para cumplir su sueño: ser una superestrella de la WWE. (NETFLIX)

Dónde se puede ver la película



The Main Event
Foto de Netflix

Un guion escrito en una tarde

Mi primer gran combate es una película que peca de ser demasiado simple, aún teniendo en cuenta que es para todos los públicos. El guion parece haber sido escrito en pocas horas, deprisa y sin pensarlo demasiado.

La historia de Mi primer gran combate no es complicada. El protagonista es un niño torpe y tímido, muy aficionado a la lucha libre profesional, que tras huir de los típicos matones de colegio, encuentra por “casualidad” una máscara mágica de lucha libre. Dicha máscara, que huele a muerto, le otorga unas habilidades asombrosas y le convierte en un gran luchador. Esto, para empezar apenas se plantea ni se presenta como algo que estuviera destinado a ocurrir, simplemente pasa y no parece resultar extraño. El niño se planta en un campeonato de lucha libre profesional, y nadie parece ver que es un niño, a pesar de ser evidente. El resto del argumento avanza de forma excesivamente predecible y aburrida, dando la sensación de estar viendo un telefilme de serie B.

Mi primer gran combate
Foto de Netflix

Otra más para la siesta

Jay Karas es un director de películas familiares olvidables y poco conocidas, en comparación a otras más influyentes. Con Mi primer gran combate, da la sensación de que tan solo la ha rodado para pagar el alquiler del mes. El resultado es un filme más entre millones, para ver con niños, si, pero con la que comenzarás a roncar a los diez minutos.

Las bromas y chascarrillos no tienen ni pizca de gracia, y provocan más bostezos que muecas sonrientes. Los personajes carecen de carisma, como si actuaran gratis, obligados y sin ganas. La historia no atrapa ni engancha, ni parece intentarlo.

Mi primer gran combate
Foto de Netflix

Ni un niño perdonaría ciertos fallos

Que Mi primer gran combate sea para todos los públicos no significa que se le pueda perdonar todo. Ese es un error muy grande del argumento, que parece saber que está dirigido a un público infantil, y aun así creer que por ello puede hacer lo que se le antoje sin que nadie le diga nada.

Los efectos no están nada cuidados, y nos recuerdan a series de los noventa, como los Power Rangers; de hecho, casi esperaba que, al final, el villano de turno se volviera gigante. La subtrama, centrada en el abandono de la madre hacia el protagonista y su padre, se introduce forzadamente en ciertas ocasiones a lo largo de la película, como para darle mayor profundidad, pero sin conseguirlo. Resulta realmente absurda en muchos momentos, e incluso un niño se daría cuenta de ciertos fallos de voces, escenas que no pintan nada, cambios repentinos de personalidades, etc.

Mi primer gran combate
Foto de Netflix

La moraleja está, pero…

Por supuesto, Mi primer gran combate tiene su moraleja, su lección de vida para los niños; “no seas un capullo egocéntrico”.

La teoría está bien, pero cuando tratan de ponerla en práctica, no parece que se lo tomen demasiado en serio. Siempre hay una parte en la que el típico protagonista hace algo que ofende o perjudica a sus amigos o seres queridos, pero luego trata de arreglar las cosas; aquí se arregla todo con un “lo siento”. El saber pedir perdón está bien, pero después, en el ring, vuelve a ser el mismo idiota chulo y repelente; solo que ahora es consciente de ello. Después de toda una hora y media de meternos la idea en la cabeza, resulta que todos siguen igual, solo que ahora al menos saben que son así. Nadie ha aprendido nada, y lo único que sacan el protagonista y su querida amiga es algo más de coraje, al menos eso se llevan.

Mi primer gran combate
Foto de Netflix

Conclusión de Mi primer gran combate

Mi primer gran combate es una típica película familiar olvidable y poco entretenida. Resulta demasiado predecible, aburrida y poco cuidada, incluso sabiendo que es una película para todos los públicos. Probablemente podría convertirse fácilmente en una película que ver con niños, pero que a los pocos minutos provocará más ronquidos que risas.

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