No creas que voy a gritar es una película documental dirigida y escrita por el director francés Frank Beauvais en el año 2019 cuyo tema central es la soledad a la que se abocado su protagonista. Todo el documental está formado por una sucesión de imágenes de películas ya existentes que acompañan a la voz en off de un hombre de 45 años separado, que se ha mudado de París hasta un pueblito de Alsacia, en el parque natural de los Vosgos del Norte.

Se trata de una especie de diario en imágenes que nos muestra sin necesidad de interpretaciones humanas, la miseria que conlleva la soledad humana. Toda la cinta cinematográfica es una ventana a una vida llena de soledad, hastío, apatía y fobia social, en la que el único refugio que se le presenta al protagonista (del que desconocemos su nombre para acentuar esa lejanía social) es visionar una y otra vez películas de todo tipo, clase, estilo y origen. El protagonista sobrevive con una rutina tranquila en la que se dedica a vender todas sus pertenencias: CDs, DVDs o libros y sobre todo a ver mucho, mucho cine.



Crítica de ‘No creas que voy a gritar’

No creas que voy a gritar

Ficha Técnica

Título: No creas que voy a gritar
Título original: Ne croyez surtout pas que je hurle

Año: 2019
Duración: 75 min
País: Francia
Dirección: Frank Bauvais
Guion: Frank Beauvais
Género: Documental
Distribución: Capricci Cine Distribución

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘No creas que voy a gritar’

Sinopsis de ‘No creas que voy a gritar’

“Enero 2016. Hace seis meses que mi relación amorosa ha terminado. A los 45 años, vivo completamente solo en un pequeño pueblo rural: sin coche, sin trabajo ni perspectivas de futuro rodeado de una naturaleza exuberante que no consigue apaciguar mi desesperación. Los atentados de noviembre han sumido Francia en estado de emergencia y me siento impotente, perdido. Mi último refugio es el cine: decido filmar este estancamiento personal editando los planos del torrente de películas que veo incesantemente.” Frank Beauvais (CAPRICCI CINE DISTRIBUCIÓN)



Espejo de temas universales

En No creas que voy a gritar, se ponen de manifiesto de una manera muy oportuna e inteligente y a través de una serie de imágenes de películas existentes, una serie de temas, que ayudado por una locución en off del personaje protagonista, nos hacen reflexionar a los espectadores.

Algunos de estos temas son el abuso de poder de los políticos, el problema del terrorismo del que todo el mundo se lamenta pero nadie hace nada, o incluso la armonía que produce la naturaleza en el espíritu de quien la disfruta, frente al caos y ritmo frenético de una ciudad tan grande como París.

La incomunicación, el aislamiento y el autismo social, son los tres pilares que sustentan la situación bajo la que se encuentra el protagonista de este documental ficcionado y la manera que tiene de gestionarlos. También muestra cuestiones como la superficialidad de los seres humanos cuando habla de que los vecinos del pueblo donde vive le espían a través de sus cortinas o cuando defiende que son personas que tratan siempre de mostrar que sus vidas son perfectas, cuando todos saben que es todo lo contrario.

El protagonista de esta película tratas otros temas algo más delicados como padecer el “Síndrome de Estocolmo” o la depresión de su padre y años más tarde la suya. Con esto nos hace pensar en la fragilidad del alma humana y en el daño que puede hacernos vivir en una sociedad tan competitiva, donde ahora con el uso de las redes sociales la privacidad no existe y parece que eres débil cuando no estás bien.

No creas que voy a gritar
Copyright Studio Orlando

Fluidez, ritmo y reflexión narrativa

A lo largo de No creas que voy a gritar la locución que nos acompaña durante toda la película se desnuda por completo y nos deja frases tan potentes como “si el aburrimiento penetrase en mi soledad sería demasiado real para seguir apreciándola” o “el aislamiento y la autosuficiencia son cosas de sabios”. Ambas nos recuerdan que la soledad no siempre es algo malo, sino que puede ser una buena manera de conocerse más a uno mismo o incluso de respirar y aparcar todo el estrés del día a día.

Sin embargo, por momentos nos recuerda que la soledad muy prolongada en el tiempo puede causar problemas de autoestima o confianza y malestar con frases como “el nido se convierte en nicho y el refugio en prisión”, todas ellas darán que pensar a los espectadores. A pesar del estatismo en el que se encuentra sumido el protagonista, este documental tiene un ritmo bastante ágil no solo en la sucesión de imágenes, sino también en como narra su historia: en tiempo presente. El director utiliza el presente para dar mayor sensación de acompañamiento al protagonista aunque nunca lleguemos a poder verlo, y nos transmite cercanía e inmediatez.

No creas que voy a gritar
Copyright Studio Orlando

Homenaje al séptimo arte y la autoterapia

Sin duda alguna, esta pieza audiovisual es en su totalidad una especie de homenaje cinematográfico, un cine compuesto de más cine, ya que compone su narrativa con un sinfín de fragmentos de películas ya existentes. Las imágenes que apoyan a la locución del personaje están inteligentemente elegidas y relacionadas en base a lo que cuenta en ese momento su emisor. Son tantas las imágenes que se pueden ver en el film, que el propio personaje reconoce que sufre una especie de “Bulimia Fílmica” que le impide levantarse del sofá y dejar de ver una película tras otra.

Son muchas las películas que se muestran a lo largo de la hora y quince que dura el film. Entre ellas hay cine norteamericano, cine francés e incluso cine soviético. Además, en relación con los orígenes del cine, el protagonista hace una interesante apreciación sobre sus propios gustos cinematográficos y compara la sociedad soviética con la americana en base a su cine y dice que prefiere los personajes soviéticos que los otros porque “ellos sueñan y producen mientras que los otros solo consumen sin parar”.

Ne croyez surtout pas que je hurle
Copyright Studio Orlando

Conclusión de la película

No creas que voy a gritar es, en definitiva, el grito sordo de desesperación de un hombre por escapar de una vida aparentemente ausente de emociones y satisfacciones en la que, bajo una voz repleta de inquietudes y reflexiones, hace que irremediablemente el espectador se identifique con él en algún momento de su vida.

Tal vez la única pega sea la monotonía en la repetición de las imágenes durante todo el film, así como la incómoda catarsis que provocan algunos de los temas que trata. De igual modo es un documental de interesante visionado para todo aquel que le guste filosofar en alto y por supuesto refugiarse en el cine.

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