Crítica de Canción de Nueva York dirigida por Marc Webb

Canción de Nueva York, la nueva película de Marc Webb (500 Días Juntos, Un Don Excepcional), nos acerca los escarceos amorosos de la clase acomodada del Upper East Side acompañada de una banda sonora de lujo con temas de Simon & Garfunkel, Lou Reed, Charles Mingus, Bill Evans y Bob Dylan, entre otros. Estreno 13 de octubre.



Canción de Nueva York

Crítica de Canción de Nueva York

Ficha Técnica

Título: Canción de Nueva York
Título original: The Only Living Boy in New York

Reparto:
Kate Beckinsale (Johanna)
Pierce Brosnan (Ethan Webb)
Jeff Bridges (W.F. Gerald)
Kiersey Clemons (Mimi Pastori)
Debi Mazar (Anna)
Callum Turner (Thomas)
Faith Logan (Patrón)
Doris McCarthy (Invitado)
James Saito (James)
Alexander Sokovikov (Taxista)
Asra Arif (Invitada)
John Brodeur (Groomsman)
Jeremy Francis Bell (Invitado)
Cynthia Nixon (Judith Webb)
Tate Donovan (George)
Wallace Shawn (David)
Anh Duong (Barbara)

Año: 2017
Duración: 88 min.
País: Estados Unidos
Director: Marc Webb
Guion: Allan Loeb
Fotografía: Stuart Dryburgh
Música: Rob Simonsen
Género: Drama. Romance
Distribuidor:  Avalon Distribución Audiovisual

Tráiler

Donde comprar la película

Canción de Nueva York [DVD]
  • Cameo (03/07/2018)
  • DVD, No recomendada para menores de 12 años
  • Tiempo de ejecución: 88 minutos
  • Callum Turner, Kate Beckinsale, Pierce Brosnan, Cynthia Nixon, Kiersey Clemons
  • Español, Inglés

Sinopsis

Thomas es un desilusionado joven que acaba de graduarse. Lleva una temporada a la deriva por la ciudad de Nueva York, pero su vida da un vuelco cuando empieza una relación con la amante de su padre.



Canción de Nueva York

Canción de Nueva York podría quedarse precisamente en eso, en el enésimo homenaje a la ciudad más cinematográfica del mundo (con permiso de París), pero va un punto más allá. El Nueva York que nos muestra Marc Webb es una ciudad que se echa de menos a sí misma. Que evoca la era en la que fue la capital de la contracultura. Eso se nota en su banda sonora repleta de canciones de los 70 que van de Lou Reed a Bob Dylan pasando por Simon & Garfunkel.

La ciudad que fue está evocada desde unos pijos del Upper Est que se dedican a la industria cultural y que viven plácidos hasta que un lío sentimental inesperado rompe su mundo. El editor Ethan Webb (Pierse Brosnan) y su esposa (Cinthia Nixon) tienen una visión cínica del Nueva York actual y su punto de vista está en la película.

Sin embargo, el hilo conductor es el de su hijo Thomas (Callum Turner) que evoca el Nueva York que no conoció. Es un joven que tras acabar sus estudios no sabe qué camino tomar y acaba viviendo en un apartamento lejos de la casa paterna. El Nueva York de Thomas es la añoranza de lo que no se ha vivido ni conocido, pero se intuye mejor que un presente mortecino. No se siente identificado en su generación y se rodea de adultos que en el fondo están tan perdidos como él.

El armazón de Canción de Nueva York es el de un drama sentimental. No juega sucio Marc Webb. Sus cartas son claras y no utiliza las escenas más sentimentales con intención de provocar. Los sentimientos, son en el filme, la excusa para mostrarnos a unos personajes más complejos de los que el cine con pretensiones románticas suele tener. La historia no nos ahorra sorpresas bien estructuras sin caer en recursos manidos en este tipo de relatos. Premio para el giro final.

Hay muchas referencias cinéfilas sucintas en la película. El Graduado o El Rey pescador flotan en el ambiente de la historia. También la inevitable Manhantan de Woody Allen. Incluso el joven Callum Turner tiene un punto woodyallenesco. En el supuesto de que el cronista oficial de Nueva York hubiera estado bueno alguna vez y hubiese tenido más dosis de ternura que de ironía, claro.

Canción de Nueva York

Los actores están todos atinados en sus personajes. Jeff Bridges, como el escritor W.F. Gerald que tendrá una sorprendente importancia en la recta final de la película, se lleva el filme de calle. Callum Turner lleva el peso de la mayor parte del metraje y sale del lance bien parado. De todos, tal vez, el menos afortunado sea Pierce Brosnan que hace el papel que mejor conoce. El de señor maduro que está de muy buen ver y lo sabe. A penas hay matices con otros de sus personajes similares. A pesar de todo, tiene una última escena muy bien resuelta.

“Quería hacer una carta de amor a Nueva York, un retrato de la ciudad que había amado, mientras la visitaba en los setenta y ochenta; bañada en arte, música y literatura” ha dicho Webb sobre su película. Con todo lo que tiene de homenaje a la ciudad, en el fondo lo es a las relaciones humanas tratadas sin histrionismos y desde una distancia narrativa que no impide un acercamiento cálido a unos personajes bien estructurados.

Conclusión

Es una buena película para aquellos a los que no le gustan las historias sentimentales y para los que sienten saudade de lo que no se conoce, pero se añora.

CALIFICACIÓN: 8,5/10

Reportaje de Canción de Nueva York en Días de Cine TVE

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Nací en León el mismo año que Sarah Ferguson se convirtió en duquesa de York y me gradué en Historia cuando Juan Carlos I abdicaba. Mis profesores me profetizaron un nefasto futuro lo que me convenció de que el periodismo era la salida perfecta. He trabajado en la Cadena COPE y Punto Radio y publicado artículos en revistas underground con seudónimos no reproducibles. Publiqué en 2010 el libro “Esa bella mentira” donde descubrí que la disección puede ser un género literaria perfecto. Escribo con la tele encendida, descubrí el intimismo el mismo día que aprendí a manejar una olla exprés y para mi futuro solo espero no acabar como un Kennedy.

David González

Nací en León el mismo año que Sarah Ferguson se convirtió en duquesa de York y me gradué en Historia cuando Juan Carlos I abdicaba. Mis profesores me profetizaron un nefasto futuro lo que me convenció de que el periodismo era la salida perfecta. He trabajado en la Cadena COPE y Punto Radio y publicado artículos en revistas underground con seudónimos no reproducibles. Publiqué en 2010 el libro "Esa bella mentira" donde descubrí que la disección puede ser un género literaria perfecto. Escribo con la tele encendida, descubrí el intimismo el mismo día que aprendí a manejar una olla exprés y para mi futuro solo espero no acabar como un Kennedy.

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