No es nada nuevo que, desde la llegada de Art el payaso, el torture porn ha alcanzado nuevas y dudosas licencias para la norma autoimpuesta del todo vale. Las tendencias impulsadas por su franquicia se ven reflejadas en una finísima línea que separa la violencia como entretenimiento, escape o incluso confrontación del trauma o catarsis, de la brutalidad como contenido algorítmico dispuesto para la comodidad del cinismo edgy. Pinocho desatado, la nueva chiquillada del horror de dominio público, tampoco parece desmarcarse de la emulación atropellada de los vicios más fatigosos y manidos del nuevo humor negro sellado con sangre a borbotones. Estreno el 20 de noviembre de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Pinocho desatado'
Ficha Técnica
Título: Pinocho desatado
Título original: Pinocchio Unstrung
Reparto:
Richard Brake (Geppetto)
Robert Englund (Grillo / Voz)
Cameron Bell (James)
Peter DeSouza-Feighoney (Michael Darling)
Kelly Rian Sanson (Señorita Daniels)
Jessica Balmer (Mia)
Charlotte Coleman (Enfermero)
Amanda Jane York (La esposa del conductor ebrio)
Andrew Rolfe (Doctor)
Elliott Spilling (Zach)
Jay Robertson (Conductor ebrio)
Año: 2026
Duración: 82 min.
País: Reino Unido
Director: Rhys Frake-Waterfield, Scott Chambers
Guion: Rhys Frake-Waterfield
Fotografía: VinAndrew Scott Bellce Knight
Música: Andrew Scott Bell
Género: Terror
Distribuidor: Flins y Pinículas
Tráiler de 'Pinocho desatado'
Sinopsis
Geppetto presenta a su nieto James a Pinocho, una marioneta mágica cuya visión inocente del mundo le impide comprender la complejidad de la naturaleza humana. Cuando James le muestra el mundo exterior, Pinocho interpreta la realidad de forma literal y extrema, convencido de que debe acabar con todo aquello que considera malo.
Dónde se puede ver la película en streaming
No toquemos madera
Podríamos citar a Lucio Fulci, por ejemplo, como uno de los grandes estudiosos y experimentadores del gore. En su obra maestra El más allá, Fulci cortó lazos con la lógica terrenal para regalarnos una sucesión de imágenes escabrosas, oscuras como un abismo, sacrificando coherencia narrativa a cambio de dar paso a la innovación artística de los miedos de aquella época. Esta decisión, lejos de ser descuidada, es una muestra de la inteligencia y maestría que se requiere para saber qué se necesita y qué no para contar no tanto una historia como un universo de terror puro de posibilidades casi infinitas.
Tampoco hace falta irse tan lejos. Terrifier 2, con Damien Leone al mando, es un neo-espectáculo muy disfrutable de lo gratuito y lo obsceno que, si bien no innova demasiado y es incapaz de aguantar el tipo durante sus excesivas dos horas y casi veinte minutos, muestra un encanto genuino por el lado más práctico del género y va sobrada de carisma.
Pinocho desatado, sin embargo, ni es entretenida, ni es memorable, ni hace gracia, ni nada de nada. Es un batiburrillo bochornoso entre Padre no hay más que uno y Terrifier. Una parodia lerda del personaje de Disney con diálogos y chascarrillos de pena, contaminada por una fotografía horripilante que podría colar en una de estas comedias españolas para cuñados que clonan cada mes. Además, con una naturaleza profundamente perezosa, lo suficientemente desganada como para confundir la falta total de vergüenza con la falta total de compromiso. Porque desinhibirse es un acto de fe, un esfuerzo mayúsculo por ser, no un descanso eterno.
¿Y qué más?
La visión de Rhys Frake-Waterfield (Winnie the Pooh II: El bosque sangriento), lejos de ser otro triunfo desenfadado de la serie B, se permite incluso varias arritmias que hacen más insufrible si cabe su obsesión con los clichés del exploitation y, en este caso, la relectura adulta y negrísima de los ídolos de la niñez, convertidos en asesinos despiadados con el mismo oportunismo del que hace gala Asylum cada vez que huele a dinero fácil. La fórmula por lo menos es clara, no escatima en muertes y los efectos prácticos cumplen de sobra, el problema es que no hay alma en ninguno de los ochenta y dos minutos que dura esta pesadilla de cuento. Cero gusto para la composición, la construcción de tensión, la búsqueda de identidad y la presentación de universos que no sean anecdóticos. Nada que a estas alturas, desensibilizados y hastiados por el mal de cada día, valga la pena mirar.
Conclusión de 'Pinocho desatado'
Si dijese que me lo he pasado bien viendo Pinocho desatado, me crecería la nariz hasta la otra punta del mundo. Es el fenómeno exploitation en su vertiente más barata, hueca y poco inspirada. Un baño de sangre con arritmias imperdonables, personajes insoportables, violencia algorítmica, humor que oscila entre niños de la ESO y cuñados que se toman demasiado en serio a David Suárez, y una falta alarmante de compromiso por ofrecer ya no algo digno, sino algo, en general.
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