Plan Diabólico (Seconds) es un thriller psicológico, con algunos elementos de ciencia ficción, dirigido por John Frankenheimer (El Mensajero del Miedo, Siete Días de Mayo) y estrenado en 1966. El reparto cuenta con Rock Hudson (Gigante, Escrito Sobre el Viento), Salome Jens (Linterna Verde, Como Perros y Gatos) y John Randolph (Serpico, Tienes un E-mail). Plan Diabólico es una película dirigida por John Frankenheimer que combina ciencia ficción, thriller psicológico, cine de terror y una profunda reflexión sobre la identidad. Estrenada en 1966, está basada en la novela homónima de David Ely, publicada en 1963, y cuenta con un guion de Lewis John Carlino. Con el paso de los años, se ha convertido en una de las obras más inquietantes y arriesgadas de la filmografía de Frankenheimer.



Plan Diabólico (Seconds)

Crítica de 'Plan Diabólico (Seconds)'

Ficha Técnica

Título: Plan Diabólico
Título Original: Seconds

Reparto
Rock Hudson (Antiochus Wilson)
John Randolph (Arthur Hamilton)
Salome Jens (Nora Marcus)
Frances Reid (Emily Hamilton)
Barbara Werle (Secretaria)
Murray Hamilton (Charlie)
Jeff Corey (Mr Ruby)
Wesley Addy (John)
Will Geer (Hombre mayor)

Año: 1966
Duración: 105 minutos
País: Estados Unidos
Director: John Frankenheimer
Guion: Lewis John Carlino (Novela: David Ely)
Fotografía: James Wong Howe
Música: Jerry Goldsmith
Género: Thriller psicológico
Distribuidor:  Paramount Pictures

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Tráiler de 'Plan diabólico (Seconds)'

Sinopsis

El banquero Arthur Hamilton (John Randolph) lleva una vida monótona y sin sentido junto a su esposa. Un día recibe una llamada de un amigo a quien creía muerto, que le anima a que visite La Compañía. Allí le ofrecerán algo aparentemente imposible: empezar su vida de cero.

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Podemos cambiarte la vida

Hay películas que empiezan a definirse desde su más temprano inicio, ya con ocasión de los títulos de crédito iniciales. Tal es el caso de Plan Diabólico (Seconds), cuyos créditos se benefician del excepcional talento de Saul Bass, toda una leyenda del diseño gráfico, que también creó algunos carteles de justa fama y reconocimiento. Son unos créditos iniciales distorsionados, extraños, perturbadores. Como si de un body horror se tratase, pero hecho a parte de imágenes. El caso es que junto con la inquietante banda sonora de Jerry Goldsmith, todo parece indicar que no vamos a ver una película ni amable, ni del común.

Porque de lo que nos habla Plan Diabólico es sobre la posibilidad de ser otra persona, pero de una manera literal. Sin figuraciones. Al banquero Arthur Hamilton (John Randolph) le llama telefónicamente un amigo al que hace mucho tiempo que no ve y le convence para que vaya a una dirección sin indicarle para qué. A su llegada a este misterioso lugar conoce a una corporación que se dedica al inusual servicio de convertir a alguien en otra persona. Lo que conlleva fingir la muerte del, digamos, "cliente", y mediante una serie de complicadas cirugías cambiarle el rostro y otras características físicas. Por su puesto, se ofrece una nueva identidad, en otro lugar, con otra vida. Arthur se somete a este proceso, que tras sus primeras y superficiales ventajas esconde un fondo lúgubre y paranoico.

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Una imagen reflejo de la psique

Una de las aportaciones de John Frankenheimer a Plan Diabólico es la peculiaridad de su puesta en escena. Dado que los personajes se mueven en un entorno psicológicamente inestable, del mismo modo las imágenes trasmiten bien esa sensación de desequilibrio. Muchos contrapicados, expresivos primeros planos, deformaciones o alargamientos de lugares y personas etc. El montaje también contribuye a uno de los sentimientos más evidentes de la película: el de la paranoia. El montaje en los momentos más nerviosos, es rápido, febril, con una tendencia a incluir rápidos insertos que actúan como si fueran pensamientos intrusivos.

La manera de filmar los espacios, la arquitectura, los pasillos habitaciones, etc. también es relevante. Los personajes se mueven por entornos kafkianos, lo que se nota principalmente en los momentos que tienen lugar en la corporación. Entornos laberínticos, asépticos, monótonos, en los que resulta difícil imaginarse una escapatoria. En general, todo lo que tiene que ver con lo visual va destinado a no dar tregua en la sensación de paranoia constante, donde ni espectadores, ni personajes pueden hacer pie fácilmente.

Jerry Goldsmith complementa lo visual con una partitura entre lo misterioso y lo abiertamente inquietante. El tema con órgano de los títulos de crédito es digno de una zozobra mental acorde con lo veremos después. También hay momentos para la sutileza, con suaves melodías de piano, melancólicas y evocadoras. Todo un registro de las vicisitudes de ese doble personaje interpretado por John Randolph ante de la transformación, y por Rock Hudson tras ella.

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El vacío existencial

La paranoia de Plan Diabólico viene dada, entre otros factores, por la complejidad de los actos cometidos por la corporación y la aparente impunidad con que los hace, por mucho que se recubra de secretismo. Cuando Arthur Hamilton (John Randolph) se transforma en Antiochus Wilson (Rock Hudson), la sensación de libertad que se supone debe tener es ficticia, pues siempre acaba topándose con algún elemento de la corporación. que tiene sus propios reglas y tretas para protegerse.

Cuestiones más o menos relacionadas con conspiraciones aparte, el negocio  que promueve esta empresa en la sombra tiene su base de clientes en los descontentos con su existencia. La propia vida de Arthur Hamilton se presenta como monótona, rutinaria y triste. Tiene el trato imprescindible con su mujer y su hija, y funciona en su trabajo con el escaso entusiasmo de un autómata. Es una persona que ha dejado sueños atrás y ha suplido sus propias querencias por objetivos vitales impuesto desde fuera. Hay algo de crítica a la clase media americana de la época, a la que se ve como muerta por dentro, viviendo en un espejismo de comodidad que maquilla una profunda insatisfacción.

A Arthur no le tienen que convencer demasiado para que se preste a todo este proceso. Una vez dentro del conglomerado que se encarga de estos cambios, se convierte en un personaje casi pasivo, sin capacidad de contrarréplica, en un perfecto papel de cordero al matadero. Tampoco se debe ignorar la voracidad de este conjunto de mad doctors que orquestan nuevas vidas, ya que su contraprestación es cara en dinero y en otros asuntos.

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Los actores del cambio

Plan Diabólico (Seconds) es un proyecto único en la carrera de Rock Hudson. En su currículum manejó casi todos los géneros, pero esta película es muy específica. Hasta entonces era más conocido por los melodramas dirigidos por Douglas Sirk, como Escrito Sobre el Viento (1956) o Solo el Cielo lo Sabe (1955). También por las comedias románticas junto a Doris Day, tales como Pijama para Dos (1961) o Confidencias a Medianoche (1959). Rock Hudson, además, es productor de la película.

En Plan Diabólico tarda un rato en salir, ya que es el resultado de todo el proceso de transformación que experimenta Arthur Hamilton. El registro de Rock Hudson que más se nota es el de confusión. ¿Cómo reaccionarías si al mirarte al espejo no ves el rostro que has tenido toda tu vida? ¿Cómo comenzar una vida a partir de cero, sin apenas instrucciones? Está muy bien conseguido ese aspecto de perpetuo pez fuera del agua. Cuando va encontrando el tono a su nuevo ser lo hace por la compañía de Nora Marcus (Salome Jens), una vecina de su nuevo hogar cuyo sentido expansivo y alegre de la vida parece venir bien al ahora llamado Antiochus Wilson.

Salome Jens, en comparación, es un personaje chispeante. Con una filosofía en consonancia con la contracultura de los años sesenta, o el hippismo. Aunque ni siquiera en estos momentos la narración es plácida. Uno de los momentos más experimentales en lo formal,  es una especie de orgía pagana en supuesto honor al dios Pan. Además, la empresa sin nombre lo está atando más en corto de lo que Antiochus sospecha.

También habría que hablar de John Randolph, el  acertado protagonista de la primera mitad de la película en un papel aburguesado y prosaico descontento con su vida.

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Dirigiendo la paranoia

Plan Diabólico (Seconds) compone parte de lo que ha venido en llamarse "la trilogía de la paranoia", de John Frankenheimer. El Mensajero del Miedo (1962), tenía una historia de conspiraciones y lavado de cerebro en el contexto de la Guerra Fría. Siete Días de Mayo (1964) ponía como centro de la amenaza una supuesta tentativa de golpe de estado en los EE.UU. La película de la que hablamos hoy presenta ese miedo paranoico con un matiz más personal. Si bien, la empresa en la sombra que maneja los hilos de la historia actúa con una impunidad y rigor alarmantes. Acaso la dirección, como ya hemos dicho, acentúa de forma relativamente experimental la puesta en escena para acentuar la sensación de peligro y desorientación. Estas películas tendrían una influencia decisiva en el thriller de conspiraciones de los años 70 que llevaron a cabo, entre otros, Alan J Pakula y Sidney Pollack.

También hay que verlo en el contexto de una serie de directores que habían trabajado previamente en televisión en los años cincuenta y aportaron nuevas formas de contar y filmar historias. Los ejemplos más destacados vendrían a ser el propio Frankenheimer y Sidney Lumet.

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Conclusiones de 'Plan Diabólico'

Plan Diabólico (Seconds) utiliza las armas del thriller psicológico, pespunteado de toques de ciencia ficción a lo Twilight Zone, para reflexionar sobre la identidad y la alienante forma de vida de la clase media. El relato navega entre las aguas de lo incómodo y lo fascinante. Tiene un aspecto formal osado que aun así no disuade al espectador amante de la narración clásica.

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