Matthew McConaughey capitanea Serenity, film dramático con fuertes aires de thriller. En el idílico y sencillo paraje tropical de Plymouth Island, Baker Kill (McConaughey) trabaja como capitán de barco paseando a los turistas. La presentación del lugar, un personaje más, nos coloca en una extraña incomodidad que nos acompañará durante toda la trama. Porque no es ninguna sorpresa que en Plymouth Island nada es lo que parece, como en todo escenario paradisíaco. Estreno el 12 de Julio.



Serenity

Crítica de ‘Serenity’

Ficha Técnica

Título: Serenity
Título original: Serenity

Reparto:
Matthew McConaughey (Baker Dill)
Anne Hathaway (Karen Zariakas)
Diane Lane (Constance)
Jason Clarke (Frank Zariakas)
Djimon Hounsou (Duke)
Jeremy Strong (Reid Miller)
Rafael Sayegh (Patrick)
Robert Hobbs (Ape)
Kenneth Fok (Lionel)

Año: 2019
Duración: 106 min.
País: Estados Unidos
Director: Steven Knight
Guion: Steven Knight
Fotografía: Jess Hall
Música: Benjamin Wallfisch
Género: Thriller. Drama
Distribuidor: VerCine

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Tráiler de ‘Serenity’

Sinopsis de ‘Serenity’

El misterioso pasado de Baker Dill (Matthew McConaughey), un capitán de un barco pesquero que vive en una pequeña isla del Caribe, vuelve para atormentarlo, atrapándolo en una nueva realidad que podría no ser lo que parece. Su tranquila vida da un vuelco cuando aparece su ex mujer Karen (Anne Hathaway) pidiéndole ayuda para ella y su hijo en común.



Como siempre, nada es lo que parece 

Anne Hathaway es el detonante de esta historia. Menos Hathaway que nunca (sin que esto suponga un problema, al contrario) Anne interpreta a Karen, la ex mujer de Baker, a quien hace un peculiar encargo: deshacerse de su violento marido. ¡Un sencillo capitán de barco turístico convertido en asesino a sueldo! Pero no; de nuevo, nada es lo que parece. Ese es el mensaje que carga constantemente (y con luces de neón) esta película. Esta es su presentación, evidente en todo momento. Habría sido más divertido caminar un poco a ciegas, un ratito al menos.

Serenity
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Los frágiles hilos descolgados, que nos confunden al principio, formarán una madeja algo caótica pero, al menos, comprensible para el espectador. Sin demasiados aires retorcidos, sin abusar de giros de guión y sin resquebrajar la frágil escaleta. Confusa pese a todo en algunos momentos, al menos, el espectador no se siente estúpido. No maximiza sus aires de grandeza como tantas otras. Porque Serenity debe tratarse con cuidado para poder disfrutarla. Hay que pasar por ella con sutileza pero paso firme. Con seguridad. 

¿Qué esperar?

La intención del guión es clara; quieren atraparnos en la butaca, que no veamos más que la pantalla, que no percibamos al resto del público en la sala, para poder detectar cada detalle. El problema es que cuando el propósito de conquista es tan evidente, el objeto de deseo suele resistirse más. Y si le confundes, retrocederá por puro instinto. Al intentar atraparnos descaradamente presentamos más resistencia, por lo que se puede convertir en un divertido aunque caótico ejercicio de caza de piezas de puzzle mal encajadas.

Anne Hathaway
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Es por esto que no he podido evitar evocar experiencias similares, agradables pero confusas. Serenity puede convertirse en uno de esos largometrajes que sabemos que no es tan bueno como pretende hacernos creer, pero que gozamos destripando. Puede que, tras varios visionados, la disfrutemos más precisamente por eso. Como puede suceder, por ejemplo, con Basic de John McTiernan protagonizada por John Travolta. Parece que a Serenity le espera un futuro similar; unos cuantos la recordarán un tiempo y, quizá, la rescaten periódicamente sin saber por qué, casi desde la vergüenza. Saben jugar con el carácter fisgón de todo buen espectador que se precie.

El comodín del reparto

Serenity está respaldada por un reparto más que sólido y ese es su punto fuerte. Que Hathaway y McConaughey son pesos pesados que, como añadido, repiten tras Interstellar una química espontánea y eficaz, es indiscutible. La afición de Matthew por papeles intensos, controvertidos y de valores confusos es más que evidente. Y, ¡qué diablos!, se le dan condenadamente bien desde aquel abogado yuppie en Tiempo de matar, junto a Samuel L. Jackson (una cinta injustamente olvidada).

Respecto a Anne, debo decir que sigue manteniendo el nivel; disfrutamos de ella y seguimos teniendo ganas de más. Aunque su pequeño, pero notorio cambio de imagen pueda provocar que algunos la vean como pez fuera del agua, es inevitable dejarse arrastrar por su interpretación, repleta de matices grisáceos. Siempre descubrimos algún talento añadido y, en esta ocasión, nos regodeamos en una oscuridad propia del instinto de supervivencia más primario sin caer en tópicos. Con Anne Hathaway siempre queda ese deseo residual de ver su próximo trabajo, sabiendo que nos deleitará con un poquito más de su talento, ofrecido en pequeñas dosis o, al menos, esa impresión da la extraña naturalidad con la que nos deleita. Ojalá se arriesgara más a menudo.

Serenity
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Pero no son Matthew y Anne todo lo que reluce. Como pequeño placer personal he disfrutado de Diane Lane, siempre la guinda de toda obra en la que participa. Diane tiene química con todo el reparto, con el escenario (muy habitual en ella, recordemos Bajo el sol de la Toscana) y con el guión. Lane es sencillamente deliciosa. En realidad, la solidez que desprende esta película se debe a su reparto ya consagrado, lo que, por otro lado, puede dar sensación de apuesta segura. ¡Con lo que al espectador le gustan los riesgos!

Conclusión

Serenity no ha disfrutado de una buena acogida en su país natal y llega a España con retraso. Partiendo de un argumento aparentemente sencillo (su sinopsis es de manual de película de sobremesa) Serenity juega la baza de complicarse por el camino. Con alguna que otra sorpresa sincera, esta cinta es algo brusca a veces y demasiado sutil en otras ocasiones, por lo que el ritmo sufre algún que otro tropiezo, provocando el despiste del espectador que, si se deja llevar por él, está perdido.

Es una película idónea para relamerse, siempre y cuando no se espere más de lo que  ofrece; disfrutar del más que empleado juego de la elipsis argumental. Eso sí, bocado a bocado, que siempre es de agradecer que no se abuse de ello y nos permitan regodearnos un poco tras cada pequeño descubrimiento… si estamos atentos.

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