Pedro Flores Maldonado debutó en la televisión con la miniserie «Relatos para no morir» en 2015. Cinco años después, este 2020, estrena su primera película bajo el título de Sí mi amor, con un guion escrito por sí mismo y Yiddá Eslava, actriz a la que hemos visto en películas como «No me digas solterona» o «Quiero saber». Además, la cinta está basada en los espectáculos de Stand-Up Comedy protagonizados por Eslava y su pareja, también protagonista de la cinta, Julián Zucchi. El film peruano llegó a Netflix el pasado 6 de mayo, estrenándose así alrededor del mundo y obteniendo un éxito notable para la industria del país hispanoamericano.



Sí mi amor

Crítica de ‘Sí mi amor’

Ficha Técnica

Título: Sí mi amor
Título original: Sí mi amor

Reparto:
Yiddá Eslava (Bea)
Julián Zucchi (Guille)
Andrés Salas (Max)
Mayra Olivera (Allison)
Ximena Palomino (Britany)

Año: 2020
Duración: 100 min
País: Perú
Dirección: Pedro Flores Maldonado
Guion: Pedro Flores Maldonado y Yiddá Eslava
Fotografía: Luis Eduardo Hidalgo Casallas
Música: HDPro Argentina, Trackstudio Perú y Sound Facktory
Género: Comedia
Distribuidora: Netflix

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Sí mi amor’

Sinopsis de ‘Sí mi amor’

Sí mi amor muestra cómo de la noche a la mañana, una mujer rompe con su novio al sospechar que la engaña. Ahora él debe demostrar su fidelidad. (NETFLIX).



Sí mi amor
Foto de Netflix

El enredo del amor

Pedro Flores Maldonado llega a 2020 con su ópera prima cinematográfica, tanto como director como guionista. El realizador estrena Sí mi amor, una comedia romántica que ha escrito junto a Yiddá Eslava, también protagonista de la cinta. Para comenzar, la estructura de la historia sigue un sistema estándar en el que proliferan todo tipo de situaciones disparatadas y rocambolescas. Sin embargo, pese a que no tienen una justificación expresiva suficiente, funcionan muy bien como sucesión de sketches y de hilo de conexión de carcajadas para el espectador. Por lo tanto, no es una película que busque una profundidad más allá de hacer pasar un buen rato al espectador. Y, por qué no, funciona como relato de bromas, aunque, objetivamente, no lo convierte en un buen guion, pero tiene ese carácter universal que se valora.

No obstante, aunque en la comedia sabe manejarse, aunque no sea de forma tan trascendente y llena de simbología superficial, no ocurre lo mismo con la forma de abordar el romanticismo. Tanto la historia principal como las secundarias caen en el cliché romanticón y facilón, que provoca que se pueda enlazar con el término de fresa. Además, se puede intuir que, en búsqueda de la ligereza cómica, no han querido arriesgar a salirse del molde. Por lo cual, en ciertos momentos se convierte en una película algo predecible y con momentos que no salen del estereotipo. Aun así, ambos protagonistas se han dibujado de una manera fresca y no son simples monigotes, por lo que tienen algo de atractivo narrativo. Pese a ello, el resultado es un pasatiempo gracioso, pero que no tiene una calidad palpable en el libreto.

Foto de Netflix

La comedia en el cuerpo

Una de las partes positivas de Sí mi amor es descubrir a un elenco que juega muy bien en la comedia. En primer lugar, Yiddá Eslava está excelente, tiene un punto de picante que demuestra saber llevar la voz cantante. Además, su manera de interpretar está llena de naturalidad y sencillez, que junto al humor que envuelve a su forma de expresarse, obtiene un resultado espléndido. Por otro lado, Julián Zucchi se muestra cómodo en su papel y no tiene tanta garra como Eslava, pero ambos forman un combo con mucha química y que derrocha comedia. No obstante, Zucchi a nivel de expresión corporal también ofrece un buen nivel y no se ve opacado por su partenaire femenina. Gracias a ello, ambos saben hacer fluctuar la energía entre los dos, de una forma muy orgánica.

Por otro lado, Andrés Salas se debate entre dos vertientes diversas, enseñando un trabajo algo irregular y no siempre convenciendo a la audiencia. Mientras que hay cierta naturalidad en su desastre escenificado, luego hay momentos que se ve forzado y no se encuentra. Después, Magdyel Ugaz, Saskia Bernaola y Mayra Olivera dan acompañamiento coral, el problema es que no tienen tanto tiempo para lucir sus capacidades actorales. Por ello, se prevé que son un buen enganche cómico y dinamizan las escenas con el resto de los actores. Luego, Mayra Couto es una sorpresa, porque a diferencia de las anteriores actrices, pese a que aparece poco, tiene un magnetismo en pantalla muy atractivo. Por último, Ximena Palomino termina por comerse a su personaje y ofrece una interpretación caricaturesca y nada real, acabando por provocar irritación en el espectador.

Foto de Netflix

El espejo humorístico

La comedia romántica es uno de los géneros más explotados en la industria cinematográfica, aunque lejos quedan los años en los que eran un auténtico éxito de risas y de calidad. En Sí mi amor no hay una experimentación con los elementos técnicos, por lo que ofrece una estructura estándar. Por lo tanto, puede hacer recordar a otros filmes del mismo género, dado que no hay intención de innovar. Aun así, hay momentos en los que se subraya la coreografía física de la comicidad. Por lo menos, da el dinamismo y el movimiento que necesita el film. Luego, los colores se mantienen en una línea luminosa, aunque a veces hay ciertas mezclas algo confusas. Lo mismo sucede con la iluminación, aunque en este parámetro se puede ver una linealidad mejor trabajada.

Por otra parte, el montaje ofrece un ritmo ágil y que ha sabido combinar y conservar el nivel de humor en todo momento, pero a veces se deshace en secuencias que ralentizan peligrosamente la acción. Por lo cual, rompe en algún momento la sinergia que se crea y eso lleva a que pueda dar la sensación de que hay cierto metraje que es prescindible. Y, por ende, la construcción entre el material audiovisual y el guion no ha mantenido una confluencia certera. Asimismo, las secuencias musicales ganan más en aquellas que no hay intervenciones especiales, ya que el encorsetado sonoro se sobrelleva mejor. Aun así, el despliegue técnico cumple con su función, aunque no haya una meta artística, expresiva o narrativa detrás, únicamente mostrar una historia graciosa.

Sí mi amor
Foto de Netflix

Conclusión

Sí mi amor es una comedia más que sabe cuál es su lugar en el cine. Por lo cual, fomenta el humor de lo absurdo, lo grotesco y las situaciones disparatadas. Gracias a ello, se convierte en un film que no puede fardar de calidad, pero sí de sacar carcajadas al espectador. Aun así, hay ciertas secuencias que podrían haberse omitido. Después, el reparto es bastante notable, aunque se debe sobre todo al gran trabajo de Yiddá Eslava y Julián Zucchi. Por otra parte, a nivel técnico hay un desarrollo estándar en pos de la acción y de poner el foco en las bromas y no la expresión artística en sí. Un chiste romántico que tiene su gracia, pero no perdura en el tiempo.

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