Martin Sulík firma Sin olvido, una de las películas con mayor atención, a nivel internacional, del cine de Eslovaquia. Para comenzar, fue seleccionada como representante del país eslovaco en los Premios Óscar a mejor película internacional. Sin embargo, finalmente, no fue nominada. No obstante, ha sido galardonada en festivales alrededor del mundo como el Festival de Cine Judío de Atlanta, el Festival Internacional de Cine de Haifa o los siete premios del cine eslovaco. Además, estuvo nominada a mejor dirección, mejor película, mejor fotografía y mejor guion en los Czech Lions. Tras su paso en distintos certámenes, llega a las salas de cine españolas este 18 de septiembre de 2020.



Sin olvido

Crítica de 'Sin olvido'

Ficha Técnica

Título: Sin olvido
Título original: Tlmocnik

Reparto:
Peter Simonischek (Georg Graubner)
Jirí Menzel (Ali Ungár)
Zuzana Mauréry (Edita)
Anita Szvrcsek (Jola)
Anna Jakab Rakovska (Truda)

Año: 2018
Duración: 113 min
País: Eslovaquia
Dirección: Martin Sulík
Guion: Martin Sulík y Marek Lescák
Música: Vladimír Godár
Fotografía: Martín Strba
Género: Drama
Distribución: Surtsey Films

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de 'Sin olvido'

Sinopsis de 'Sin olvido'

Sin olvido nos presenta a Ali Ungár, un intérprete de 80 años, que viaja a Viena en busca del ex oficial nazi que podría haber ejecutado a sus padres en Eslovaquia. Encuentra solo a su hijo Georg, un jubilado vividor que se ha distanciado del pasado de su padre. Pero la visita de Ali despierta su interés, y los dos hombres emprenden un viaje a través de Eslovaquia en busca de testigos supervivientes de la tragedia y descubrirán profundos conflictos no resueltos. (SURTSEY FILMS).

Dónde se puede ver la película



Sin olvido
Foto de Surtsey Films

La herencia de los padres

Los vestigios de la II Guerra Mundial siguen causando estragos en la sociedad actual, donde se comprueba que, horrores como el nazismo, no se pueden olvidar. De esta forma, Sin olvido parte de una premisa en la que se realiza una vuelta al pasado, con una intención reflexiva. Por lo cual, a través de un guion con tintes del road movie, centra su historia en una búsqueda de identidad. Además, se descubren los secretos que no se desean ver, mostrando unos puentes y unos debates en torno a la figura de víctimas y victimarios. Gracias a ello, dota de un análisis interesante, que permite dar una visión distinta a lo que suele verse en este tipo de cine. Por tanto, aunque establece obviamente las posiciones desde una verdad férrea, también escenifica la necesidad de crear diálogo y entendimiento entre las generaciones futuras.

No se puede negar que su premisa construye un relato sólido, que se intensifica con unos matices personales, que dejan ver la esperanza dentro del horror. Sin embargo, el guion no sabe encontrar su colofón final. En consecuencia, decide concluirlo de una forma excesivamente abrupta y en el que se esperaba mayor complejidad. Asimismo, se comprende la propuesta y esa estructura a fuego lento, pero se pierde en la contemplación. Igualmente, se une un giro de guion poético y de justicia pacífica, que puede ser insuficiente para todo el derroche de detalles que da durante la película. Aun así, en su conjunto, obtiene un libreto formidable, que pese a no ser brillante, sigue dando un mensaje importante de escuchar y recorrer junto a sus protagonistas. De modo que, establece una unión de mirar hacia atrás para seguir adelante.

Tlmocnik
Foto de Surtsey Films

Unidos, pero no revueltos

Una de las mejores decisiones que se traslada a la pantalla en Sin olvido es la elección de sus dos protagonistas: Jirí Menzel y Peter Simonischek. En primer lugar, Menzel tiene esa templanza, que sabe expandir a una amargura interna tenue. Por lo tanto, no necesita excederse y regocijarse en el sufrimiento de su personaje. Además, ejerce una templanza necesaria, que contrasta perfectamente con la interpretación de su compañero. En gran parte, a causa de su magnífico trabajo, se aprecia la sensibilidad que, en algunos momentos, no se extrae del propio contenido de la película, con lo que aporta más aristas a su personaje. Con lo cual, sabe manejar perfectamente parte del peso fundamental de la película, que equilibra con su relación con el resto de personajes y las propias situaciones descritas.

Por otra parte, Peter Simonischek es el partenaire perfecto de Menzel. Desde el principio se puede ver cómo carga en su personaje una personalidad sarcástica, jocosa, pero sin caer en la comicidad chirriante. Asimismo, utiliza su presencia y carácter para dar mayor sentido al trasfondo que hay detrás y la complejidad que hay en su interior. La contradicción del ser. Después, esas pequeñas pinceladas más dramáticas, permiten ver su versatilidad como actor. Con ello, hay secuencias realmente muy personales, en las que la expresividad se convierte en el principal eje de acción. Luego, Zuzana Mauréry realiza una participación efímera, pero firme, convirtiéndose en un alivio energético. Lo mismo sucede con el resto de actores, que convierten este viaje en un ejercicio coral con una clara declaración de intenciones. Por ende, sin contar con los protagonistas, el equipo actoral, en general, sabe poner la guinda al pastel.

Tlmocnik
Foto de Surtsey Films

El destino

El despliegue técnico en Sin olvido sigue una estética basada en una tonalidad de colores fríos y una composición donde se nota la pesadumbre. Por lo cual, se busca una estética que dé pie a una melancolía visual, pero no cálida, sino más bien distante y escenificando esas diferencias a resolver históricas. A continuación, se puede ver como la fotografía ha apostado por dividir la película en dos facciones: aquellas más pintorescas y con grandes planos generales, que muestran la preciosidad de la naturaleza eslovaca. Gracias a esos campos intensos, se encuentra la inmensidad del recuerdo. Luego, la segunda división cerca el objetivo en los planos medios, donde las reacciones y emociones de sus personajes se enmarcan. A pesar de ser concreto en la intención narrativa del plano, triunfa más con la utilización de exteriores, que con el marco de acción y coreografía de los intérpretes en escena.

Por otra parte, la dirección de arte lleva al espectador por distintas localizaciones de la geografía eslovaca, realizando un mapa de los vestigios del pasado. Lejos de apoyarse solo en el diálogo, se visualiza en esos pueblos lo que, en otro tiempo, fue, presos del pánico y el terror. De modo que, la imagen gana una fuerza increíble, aplaudiendo la forma de fabricar la puesta en escena. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la banda sonora, que escoge una composición extraña y que no empasta como debiese con la imagen. Al contrario, da una sensación de estar ante un thriller y, en ocasiones, puede llegar a desconectar al público del influjo de la imagen. A raíz de esta mezcla artística, el montaje lleva un buen ritmo, donde no se estanca, pero que no siempre obtiene el impacto artístico que se busca.

Sin olvido
Foto de Surtsey Films

Conclusión

Sin olvido es una película que busca reflexionar sobre el pasado y construir unos puentes de diálogo entre los descendientes de víctimas y victimarios. Sin embargo, lo que se convierte en una brillantez con un desarrollo sutil y elegante, se pierde en una conclusión abrupta y lejana de la complejidad humana que se necesita. A pesar de ello, cuenta con dos magníficos protagonistas Jirí Menzel y Peter Simonischek, que están soberbios. Después, el despliegue técnico gana una gran influencia en el espectador en sus planos generales con la fuerza de la naturaleza eslovaca. Una alegoría de la necesidad de conocer el pasado, para comprender el presente y preservar el futuro.

Reportaje de Sin olvido en Días de Cine TVE

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CINEMAGAVIA
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Diego Da Costa
Subdirector de Cinemagavia. Comunicólogo audiovisual por la UCM y Máster en Comunicación en la Red por la UNED. Miembro de EGEDA (Premios Forqué) e Ingeniero Audiovisual en Ricoh España. Co-creador de la compañía artística La Joie de la Colina. Como diría Elizabeth Taylor: "Las ideas mueven el mundo sólo si antes se han transformado en sentimientos".
sin-olvido-critica-peliculaBusca reflexionar sobre el pasado y construir unos puentes de diálogo entre los descendientes de víctimas y victimarios. Lo que se convierte en una brillantez con un desarrollo sutil y elegante, se pierde en una conclusión abrupta. A pesar de ello, cuenta con dos magníficos protagonistas Jirí Menzel y Peter Simonischek, que están soberbios. El despliegue técnico gana una gran influencia en el espectador en sus planos generales con la fuerza de la naturaleza eslovaca. Una alegoría de la necesidad de conocer el pasado, para comprender el presente y preservar el futuro.

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