La Sala Cuarta Pared estrena su temporada 2022-2023 con el regreso de Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra, de María Velasco. Se alzó en la XXV edición de los Premios Max, en 2022, con el premio a la mejor autoría teatral. Asimismo, estuvo presente en el Festival de Otoño de 2020, causando una gran recepción de público y crítica. Además, cuenta con la interpretación de Laia Manzanares, como principal protagonista. Se representará hasta el 17 de septiembre en la Sala Cuarta Pared, una obra que hace dialogar la violencia emocional y sexual con el medioambiente.



Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra

Crítica de 'Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra'

Ficha Técnica

Título: Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra
Título original: Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra

Reparto:
Laia Manzanares
Joaquín Abella
Miguel Ángel Altet
Fran Arráez (La Toñi)
Beatrice Bergamín

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: María Velasco
Dramaturgia: María Velasco
Asesoría artística: Judith Pujol
Coreografía:
Joaquín Abella
Escenografía:
Marcos Carazo
Vestuario:
María Velasco e intérpretes
Diseño de luces:
Diego Domínguez
Diseño de sonido:
Peter Memmer
Artes Visuales:
Elena Juárez
Fotografía:
Mara Alonso
Coordinación técnica:
Carmen Menager
Ayudante de producción:
Julio Rojas
Producción ejecutiva:
Ana Carrera
Producción: María Velasco (Pecado de Hybris) y Openfield Business

Tráiler de 'Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra' 

Sinopsis de 'Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra'

Una preadolescente se aleja de su familia en una barbacoa para leer bajo un árbol. Con este acto, da comienzo un rito de paso, y el viacrucis de una mujer de la generación Y, como hija menor, doctoranda y trabajadora sexual. Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra pone en relación la violencia emocional y sexual con la violencia sobre el medio ambiente, comparando el “extractivismo de los recursos del inconsciente y de la subjetividad, el lenguaje, el deseo, la imaginación, el afecto” (Suely Rolnik) con el extractivismo de recursos naturales. (SALA CUARTA PARED). 



Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra
Foto de Mara Alonso

Feminismo y ecologismo

María Velasco se sumerge en varias temáticas en Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra, donde realiza un análisis exhaustivo sobre la naturaleza humana y de su modo de actuar. Por ello, su dramaturgia obtiene matices de un cariz tremendamente profundo, dejando reflexiones cargadas de auténtica inteligencia y sensibilidad. Por tanto, se para a extraer la compleja relación entre su protagonista y el trauma, la herencia educacional, la prostitución y, lógicamente, el ecologismo natural. Este baremo de problemáticas se combinan de una manera sinérgica, en la que cada una obtiene un retrato singular y catártico de lo que se ve sobre las tablas. Dentro de esa vorágine emocional, se descarnan varias sensaciones y emociones de una manera directa. Por ello, habrá varios espectadores que caigan sumidos ante este puzzle narrativo.

Sin embargo, todo aquello que engrandece a la obra también acaba por pasarle factura al hacer especial hincapié en todo ello y tornarse en excesivamente reiterativa. En consecuencia, la elegancia y la sabiduría que se hallan en su relato, se ve algo ensombrecida por la repetición y por la fácil composición populista en torno a algunas tesis que se lanzan ante la escena. Por ende, la frescura y la majestuosidad que desprende en su raíz, termina por no mantenerse en la vigorosidad que confecciona en su primera parte. Ese conglomerado experimental acaba perdiendo ese efecto cautivador. Se valora absolutamente la valentía y, sobre todo, la capacidad de creación de una pieza con personalidad propia, pero se echa en falta una mejor gestión de los elementos utilizados y una exposición más visceral y menos efectista.

Sala Cuarta Pared
Foto de Mara Alonso

Fuerza femenina

Laia Manzanares es la encargada de liderar el reparto de Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra. El trabajo de Manzares es impoluto, explora todos los rincones de su expresividad, desde la manera de masticar las palabras hasta la ejecución del movimiento en su cuerpo. Así, se entrega en su totalidad a la pieza teatral, revolviéndose y regalando un éxtasis escénico de gran nivel. Gracias a ello, logra la contundencia y la calidad que se busca en una intérprete para un espectáculo de este calibre. Después, Miguel Ángel Altet converge su trabajo artístico junto al de Manzanares, siendo una labor dramática bien medida, en el punto exacto, lo que hace que su evolución llegue a a buen puerto. Por lo cual, se deja patente el control que tiene sobre la escena.

Joaquín Abella expone una interpretación basada en el cuerpo y en la transmisión visual como lenguaje. Por ende, defiende su labor bajo una elegancia y una estupenda ejecución, que embellece el trabajo en conjunto. Además, no se mantiene estático, sino que ejerce una transformación muy interesante y atrayente. Además, se ve una escucha perfecta con sus compañeros. Luego, Fran Arráez, La Toñi, utiliza un retrato exagerado en sus personajes, dotándolos de una comedia que permita oxigenar la parte dramática. Al ser el punto discordante, le permite destacar en la función, dando una mirada especial a distintos personajes que transfieren sensaciones muy diferentes en los espectadores. Verosímil y natural. Por último, Beatrice Bergamín se mueve en una artesanía interpretativa más suave, donde tiene momentos para brillar, pero normalmente se queda en un plano más de sostén. Cumple con su función y le da su propio toque.

Sala Cuarta Pared
Foto de Mara Alonso

Varios peones en el tablero

La puesta en escena de Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra se compone de un lienzo en el que se comparten varias estrategias artísticas. Por ello, obtiene una riqueza que impresionará a una gran parte de los asistentes. En primer lugar, la fabricación de la escenografía goza de una construcción muy atrayente, lo que indica un trabajo muy bien realizado. No obstante, teniendo esas posibilidades, no se siente que se aproveche el espacio todo lo que pudiera. A pesar de ello, a nivel visual, goza de un componente elevado. La iluminación es otro aspecto que destaca en este montaje, junto a un uso de del audiovisual que permite que el montaje no se quede estático. Gracias a ello, hay un cuidado por estos dos elementos que suelen pasar más desapercibidos. Como detalle, destacar la proyección del incendio, impactante.

El montaje va realizando una metamorfosis artística, al son del avance del guion y de la evolución de su protagonista. En este sentido, se revela una excelente labor en la forma, dado que desde el primer minuto el espectador cae rendido ante dicho apartado artístico. Por ello, hay parte del público que quedará obnubilado por esta estrategia, pero otra se fijará en que el esquema se torna algo reiterativo y el ritmo, que peca en su intención de dar espacio a la reflexión, se dispersa. Por lo cual, no juega a su favor. Asimismo, técnicamente, hay momentos en los que la música y el espacio sonoro se come la voz de los actores, lo que dificulta la comprensión de algunos diálogos. En resumen, el conglomerado es una brillantez a nivel estético, pero no logra la crudeza que necesita y se queda en un esquemas menos eficaz.

Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra
Foto de Mara Alonso

Conclusión

Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra construye una obra interesante, en la que se lanzan diversos temas, siendo un puzzle complejo y profundo. Por lo cual, reflexiona y aporta un misticismo atractivo. Sin embargo, se vuelve reiterativa y en algunas partes se pierde ante tanta abstracción de lo acontecido. Por ende, no logra la contundencia que podría encumbrarla. Después, el elenco realiza una labor más que notable, destacando una magnífica Laia Manzanares. Por su parte, la puesta en escena, llega a un nivel excelente estéticamente, pero no consigue levantar el ritmo y obtiene una estructura singular, pero no totalmente eficaz en su narración. A pesar de ello, se cuidan todos los aspectos visuales, logrando una confección artística de gran nivel. Una oda al pensamiento en distintas vertientes que expone la sensibilidad de su creadora, pero se ensimisma en ese éxtasis impreciso.

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