Un tiempo precioso es el debut de Miguel Molina, más conocido como Micky Molina, como director. Tras una larga carrera cinematográfica delante de la cámara, esta vez se lanza en uno de sus proyectos más personales. En Un tiempo precioso, el sexto de los ocho hijos del actor y cantante Antonio Molina, adopta las labores propias del director, guionista y protagonista de esta historia. Una película sobre lo que nos da y nos quita el Alzheimer que cuenta con las interpretaciones de Sandra Blakstad, Carlos Pulido, Saturnino García y del propio Micky Molina. Está producida por Forest Films y Platea Films y se estrena el 17 de julio en cines.



Un tiempo precioso

Crítica de ‘Un tiempo precioso’

Ficha Técnica

Título: Un tiempo precioso
Título original: Un tiempo precioso

Reparto:
Micky Molina
Sandra Blakstad
Carlos Pulido
Saturnino García

Año: 2019
Duración: 93 min.
País: España
Director: Miguel Molina
Guion: Miguel Molina, José Luis de Damas
Fotografía: Pototo Díez
Música: Luis de Arquer, Antonio Molina Moya
Género: Drama
Productora: Forest Films, Platea Films

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Tráiler de Un tiempo precioso

Sinopsis

Miguel, un actor en declive de su carrera, tiene ante sí el último viaje de su vida. Le han diagnosticado Alzheimer y un tumor cerebral. Su hijo Carlos, después de que su padre le abandonara, se encuentra en la encrucijada de acudir en su ayuda. La pareja de Miguel y tía de Carlos, Sandra, intenta rehacer las relaciones entre padre e hijo y a la vez recuperar un amor casi perdido. Aparece un amigo invisible, de nombre Agapito, que acompañará a Miguel en este viaje, provocando situaciones que van desde la ternura y la risa hasta el drama.



El debut de Miguel Molina como director

Rodada entre Madrid e Ibiza durante dos años, se aprecia en Un tiempo precioso una notoria falta de presupuesto. La fuerza de su guion no recae en los diálogos, sino en la estética de la película. Esos planos del inicio rodados a cámara en mano simulando los momentos de locura álgida y perdición del protagonista y esos fundidos entrelazados de planos que avanzan como una enfermedad que no se detiene, ni si quiera se toma su tiempo. Cuesta entender esas marcas que Miguel Molina nos quiere hacer ver en un primer visionado de su ópera prima.

Son recursos de los que abusa y que, llegando a la mitad de la película, resultan demasiado reiterativos cuando ya se ha captado el mensaje. Una hilera de planos sin intervención alguna nos conduce a despistes momentáneos en el drama que nos intenta atrapar, pero que se queda a medio gas.

Técnicamente, Un tiempo precioso no es una obra visual que vayamos a recordar. Con una estética cercana y familiar, esta obra de cine de autor intenta conmover a un público cercano a la enfermedad. Y lo consigue con algunas recreaciones visuales que están muy logradas en comparación con el resto de la fotografía de la película. Esos juegos de luz y oscuridad que paradójicamente simulan los momentos de lucidez y pérdida de la propia persona conforman los planos más artísticos y elegantes.

Pero, si cabe destacar algo, es su banda sonora. Con un recurrente estilo musical en el que evoca a su padre Antonio Molina, el director cuenta también con la participación de Luis de Arquer. Entre las dotes de uno y el legado que nos dejó el primero se consigue crear una atmósfera de sentimentalismos y de narración que nos conduce por los estados de ánimo y nos acerca al protagonista.

Micky Molina

El uso fallido de la comedia

Si el objetivo de Un tiempo precioso era diluir un mensaje conmovedor sobre una enfermedad tan demoledora buscando un tono desenfadado con dosis de humor, la ópera prima no lo consigue. La fuerza de guion es nula y eso hace que las interpretaciones de Sandra Blakstad, Carlos Pulido, Saturnino García y del propio Micky Molina pasen desapercibidas.

La intención de convertirse en algo distinto termina alejando la atención de los espectadores de un tema que seguramente afecte a más de uno. La composición de imágenes sin narración aparente, los recursos utilizados más en forma de relleno que como aclaración al desarrollo de la trama y algunos elementos mal construidos son algunos ejemplos del resultado incompleto de la obra.

Para que la comedia sea efectiva con una temática de este talante necesita un guion que se sostenga y un reparto que sepa explotar esas fortalezas. Pero, lamentablemente, no es algo que ocurra en esta película. Es Micky Molina quien mejor sabe aportar ese tono desenfadado a una cuestión tan seria. Miguel y su Agapito, un Saturnino García que está sembrado, nos regalan la parte más cómica del guion, aunque representar esa locura que se dispara en las personas que sufren demencia senil con la aparición de un personaje imaginario resulte un poco manido. Por desgracia, esos toques de humor se van diluyendo cuando el peso principal recae en una enfermedad tan devastadora.

Un tiempo precioso

Los claroscuros del Alzheimer

Un tiempo precioso es una oda a la reconciliación con la vida y los seres queridos, a esos momentos de lucidez que se pierden con la pérdida de la memoria. Es un reclamo hacia esos claroscuros que tiene el Alzheimer. Miguel Molina interpreta a su tocayo Miguel, un actor al que se le diagnostica esa enfermedad. Desde el comienzo de la película, se puede apreciar el declive tanto físico como psicológico que abarca esta enfermedad.

Se hace hincapié en el amparo familiar. Una persona que pierde su identidad necesita sentirse arropada y no caer más aún en esa soledad infinita. La necesaria reconciliación cuando una persona deja de ser lo que era. Miguel Molina sabe plasmar de manera conmovedora esta evolución.

Y eso es lo más bonito y enternecedor: la relación padre-hijo. Una relación que va cambiando sus roles conforme avanza la enfermedad, una relación de perdón y compasión. Un tiempo precioso también es eso. Es saber entender a estas personas, darles cobijo y luz dentro de esa oscuridad mental.

Esa escena que comparten Miguel Molina junto a su hijo en la ficción, Carlos Pulido, donde comienza a ser consciente de la enfermedad. Esa frase que Miguel escupe “cómo se va a curar de algo que no se acuerda uno” es el miedo. Y, con una línea muy fina, separa ficción de realidad.

Las referencias musicales, la calle de Antonio Molina, los créditos finales acompañados de imágenes del recuentro de Miguel con su madre, la participación de su hermana en la película… Detalles que convierten el ambiente ibicenco en más natural y conmovedor aún. Miguel se muestra capaz de interpretar a su personaje ficticio, pero reclamando su propia identidad.

Un tiempo precioso

Conclusión de ‘Un tiempo precioso’

Un tiempo precioso se convierte en el debut como director de Miguel Molina. Una película de autor que pasará bastante desapercibida por la forma en la que narra la situación. De manera más intimista y sin grandes florituras, se habla de ese tiempo tan preciado que la enfermedad del Alzheimer nos arrebata cuando nos toca de cerca.

Con esa pretensión de abarcar un drama de manera desenfadada y con tonos cómicos, Un tiempo precioso resulta fallida en su objetivo y acaba pareciéndose a los dramas sobre el tema, que ya son unos cuantos. El reparto, pese a soportar todo el peso de la película, no está bien encaminado hacia un guion bastante flojo. Una ópera prima a la que le sobra metraje y que, quizás, hubiera funcionado mejor como cortometraje. La dirección de un largometraje así se le ha quedado grande.

La vida es un tiempo precioso y eso trata de recordarnos su director con imágenes rodadas en Ibiza. Una poesía que retendremos poco tiempo en nuestras retinas. Una historia que pretendía más de lo que consigue, pero que puede suponer el salto de Miguel Molina tras las cámaras.

Reportaje de Un tiempo precioso en Días de Cine TVE

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